Andacollo, lo que no se conoce de la Región IV de Chile

Conocer realmente un país no es solo poner los pies en las grandes ciudades. A mí me gusta ir a los pequeños pueblos, intentar hablar con personas del lugar y probablemente hacer muchas preguntas. Ese fin de semana largo de agosto, estaba en la Región IV de Chile. Por supuesto había visitado La Serena y Coquimbo. Busqué en internet otros lugares interesantes y que no significase que mi cartera quedaría vacía. La dueña del albergue me comentó cosas de Andacollo. Un sitio que pasa inadvertido por los turistas y que según ella, guardaba un cierto atractivo y tradición.

Salimos a las tres y media del medio día de Coquimbo dirección Andacollo, nos costó 5.000 pesos ida y vuelta. El trayecto tardaba una hora y media, la distancia es de unos 50 kilómetros y había bastantes paradas. Me recordó a las películas del oeste, casi no se veían poblaciones y había poca vegetación. Nos mareamos un poco en el autobús y daba algo de miedo las carreteras por las que íbamos y la altura a la que estábamos. Fue toda una aventura y no nos defraudó este pueblo, todo lo contrario.

En camino…

Había una pequeña iglesia y una catedral, es un destino de peregrinación. Lo que me había dicho la dueña del hostel, tradición. Las iglesias eran muy diferentes a las españolas, la más grande estaba hecha solamente de madera. Después fuimos a uno de los museos que estaba dentro de la iglesia pequeña, había otro de arqueología pero estaba cerrado. En uno de esos museos se podían ver las ofrendas que las familias le hacían a sus seres queridos ya fallecidos. Las fotos me inquietaban, incluso había niños o jóvenes. También había un mostrador con cartas de agradecimiento a la virgen; desde pedir que lo ayudasen a vencer una enfardad a mostrar la emoción que supone comenzar la universidad. A unos pocos kilómetros del centro del pueblo está uno de los observatorios astronómicos, pero es necesario tener coche.

Andacollo

En las fotos ya se puede ver cómo es Andacollo, un pequeño pueblo perdido en medio de las montañas. Un viaje, en cierto modo, a otra época y teñido de tonos sepia. La gente del lugar nos miraba sorprendidos, al hablar con ellos les parecía curioso que siendo españoles fuésemos a ese lugar. Hablé incluso con el cura quien me contó algunos de los proyectos de la Iglesia, por ejemplo conseguir material escolar para los niños o la entrega de pañales para las madres del pueblo. Me gustó pasar la tarde ahí, lejos del maquillaje de lo turístico.

Iglesia de Andacollo

Andacollo

Catedral de Andacollo

Para terminar recibimos un buen regalo, una bonita puesta de sol en un paisaje privilegiado…
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