Día 4: San Luis y Villa Mercedes

#Día 4 del viaje: Continuando con mi aventura, partí hacia San Luis para posteriormente recorrer Córdoba. En los siguientes párrafos cuento la impresión que me dieron estas provincias, algunas anécdotas y fotografías porque como se suele decir: ”Una imagen vale más que mil palabras”.

El 23 de diciembre tomé un colectivo con destino San Luis. Existen muchos tipos de viajes, según el presupuesto o los gustos de cada persona. En mi caso me gusta conocer realmente los países que visito, no ceñirme únicamente a lo catalogado como ‘’turístico’’. Siempre habrá discrepancias con ese término, es subjetivo y los criterios de evaluación difieren. En la guía turística de Argentina que compré en Chile tan sólo dedicaban media hoja a esta provincia, por suerte jamás confío en esas cosas y busqué información complementaria en internet.

San Luis está al lado de San Rafael (6 horas) y en cuanto escribí el nombre en google vi las fotografías de varias sierras, la ciudad está rodeada de verde y había miles de lugares dignos de ser visitados. Además por casualidades de la vida, unas semanas atrás había conocido a un chico de Villa Mercedes (comenté algo en un grupo de Facebook: Mochileros – Argentina, y él contestó). Parece mentira lo pequeño que es el mundo a veces, una de mis mejores amigas de Galicia también nació allí. Como otros muchos argentinos, a principios de los años dos mil vendieron sus propiedades y se compraron un billete de avión para probar suerte en España e intentar conseguir las oportunidades que su patria les negaba. Nada novedoso, los gallegos hicimos lo mismo hace unas décadas. Dejamos nuestras tierras, familia, amigos y cruzamos el Atlántico. Por desgracia esta realidad en España no ha cambiado, la lista de conocidos -universitarios la mayoría- que están trabajando a miles de kilómetros es muy larga.

Estaba ilusionada por poder conocer el sitio donde se crió mi amiga Mara y visitar ciudades que sólo había visto por internet. La verdad es que todavía estoy impresionada, Argentina es gigante y fruto del azar encontré a otra persona que es de la misma diminuta ciudad que mi buena amiga. Por un momento pensé que tal vez se hubiesen conocido, pero no, y si coincidieron en alguna ocasión dudo que lo recuerden diez años después.

Recuerdo cómo conocí a mi amiga mercedina en Galicia, la causante de que fuese a San Luis, en concreto fue en Santiago de Compostela. Era el primer día de segundo de bachillerato –El preuniversitario- y yo estaba nerviosa porque me había cambiado de instituto. No conocía a nadie y temía no hacer amigos, una auténtica estupidez. Nos llevaron a una sala que hacían llamar ‘’salón de actos’’, un aula un poco más grande con un cutre escenario, y empezaron a decir el mismo discurso de siempre: ‘’Bienvenidos a este año académico, el último antes de comenzar una nueva vida en la universidad donde cada uno seguirá su camino blablablá…’’. Me aburría, comencé a mirar qué personas tenía a mi alrededor con el fin de saber si teníamos algo en común y entablar una amistad. De pronto un grupo me llamó la atención, su forma de hablar era diferente. Me concentré para poder determinar la procedencia de su acento, sencillo, claramente eran argentinos. Desde que tengo memoria me ha gustado relacionarme con personas de otros países, al haber nacido en un pequeño pueblo eso no siempre ha sido fácil pero en cuanto tenía la oportunidad hablaba con extranjeros que me contaban mil cosas de su tierra natal. Ya tenía vocación de socióloga.

Tenía claro que quería conocer a ese grupo que hablaba con acento argentino, ni idea de qué provincia. Una de esas chicas estaba en mi clase, la que hoy es una gran amiga. Antes conocí a mi compañera de pupitre que con el tiempo también se ha vuelto alguien muy importante para mí, pero después de unas semanas al fin hice una amiga argentina. Lo chistoso es cómo ocurren las cosas a veces, había una excursión a Albacete –sí, existe- con los gastos pagados porque participaríamos en no sé qué proyecto. Me apunté, llevaba unos días de clases y era la oportunidad para relacionarme con mis compañeros y hacer amigos. El día anterior estaba arrepintiéndome y pensando que tal vez no era buena idea ir, estupideces. ¡Cómo cambié con el paso de los años!. Gracias a ese viaje me hice amiga de la famosa argentina y otros compañeros/as, hablé con el primer chileno que había visto en mi vida y lo pasé genial porque además en el mismo albergue se hospedaba otro instituto de Mallorca. Albacete me regaló una bonita amistad, a partir de ese momento sí te he tenido en cuenta en el mapa.

Con mi famosa amiga argentina. (Albacete, Castilla La Mancha en el año 2011).

Comencé a saber muchas cosas sobre Argentina en esas charlas que manteníamos en clase en lugar de atender o los jueves que salíamos de fiesta, lo increíble es que el viernes éramos capaces de ir al instituto y aprovechábamos para dormir en la asignatura más inútil de todas: Alternativa a religión. Sin duda alguna en nuestra amistad se puede ver un antes y un después a raíz de un comentario sobre Margaret Thatcher que acompañé con calificativos poco cariñosos. Haciendo honor a su nacionalidad argentina mi amiga me dio un abrazo y afirmó que las Malvinas eran de su país. Al igual que en Casablanca: ‘’Este es el comienzo de una gran amistad’’.

Después de casi cuatro años aquí estaba yo, a miles de kilómetros de mi Galicia natal y recorriendo un continente desconocido para mí. Durante esas tardes en los bares (Típico en España), las aburridas clases o las noches de fiesta por la zona vieja de Santiago de Compostela afirmaba que algún día viajaría por Argentina. He cumplido y además estaba en lo cierto cuando le dije a mi amiga: ‘’ No sé cuándo, pero algún día te mandaré un vídeo haciendo el idiota en Villa Mercedes’’.

Debido a todo lo anterior estaba contenta con mi próximo destino. Me quedé dormida en el colectivo así que las seis horas de trayecto desde San Rafael me pasaron muy rápido. En cuanto llegué a la terminal busqué la taquilla de la compañía que pasaba por Villa Mercedes, había visto los horarios en internet y eran un asco si no iba en ese momento tendría que pasar la noche en la estación o gastar mucho dinero. No estaba por la labor.

Gasté 50 pesos argentinos más o menos y esperé 20 minutos a que llegase mi colectivo, el siguiente saldría a las seis de la mañana del día siguiente así que tuve mucha suerte. El trayecto fue corto en términos de distancias de este país, en una hora y cuarto había llegado. Me fueron a buscar y durante ese día me fui acostumbrando a la forma de hablar de San Luis que nada tiene que ver con Mendoza o la tonada de Buenos Aires. De hecho mi amigo detestaba que en Europa se generalice y se piense que todos son como los porteños. Me quedó claro que los argentinos de interior se llevan mal con los chilenos –apoyaron a Gran Bretaña en la Guerra de las Malvinas-, los de Buenos Aires (‘’Gente de campo’’ vs ’’Urbanitas’’), Bolivia o Perú debido a la inmigración, EEUU por sus políticas… Obviamente estas cuestiones hay que tomarlas a modo de anécdota, están basadas en prejuicios y mi intención era hacer una especie de chiste sin ofender a nadie.

Estas Navidades iban a ser muy diferentes, para empezar hacía calor, de hecho hasta me había olvidado de la época del año en la que nos encontrábamos. La primera vez en mi vida que pasaba estas fechas lejos de mi familia y amigos. Pero no importaba, estaba viajando por América Latina, todo un sueño hecho realidad. El 23 fuimos a comprar todo lo necesario para Nochebuena, por supuesto el menú fue asado y con carne de verdad. Para que no me diese morriña mi amigo en un gesto muy bonito me compró jamón serrano, casi ocho euros por 100 gramos. Casi lloro de la emoción ya que llevaba seis meses sin probarlo. No tardé mucho en darme cuenta de la inflación que tiene el país, algunos precios eran para echarse las manos a la cabeza, tienen muchos problemas para importar productos debido a las políticas proteccionistas que el gobierno aplica. Sigo sin saber cómo harán algunas familias para llegar a final de mes.

En vísperas de Nochebuena caminamos por la ciudad, caracterizada por su industria y los edificios bajos. No tenía nada en especial, pero me hacía ilusión caminar por las calles por las que diez años atrás andaba mi amiga. A las seis de la tarde comenzamos a preparar la cena, yo más bien miraba cómo trabajaba el resto porque mis dotes culinarias son nulas. Me sorprendieron los conocimientos cárnicos de los argentinos, saben en qué momento deben sacar la carne, cuándo echarle la sal para que no quede seca, diferencian las partes del animal con un simple vistazo… La conclusión a la que llegué es que tengo menos idea de cocina de lo que creía.

La Iglesia donde se casaron los padres de mi amiga Mara. Villa Mercedes, San Luis.

 

La familia de mi amigo era encantadora, no paraba de reírme y  aprender cosas nuevas de Argentina. Los definiría como sinceros, humildes, generosos y un ejemplo de superación y lucha en un país marcado por la inestabilidad económica y política. En resumen, el tipo de personas que todos queremos tener a nuestro lado y un orgullo pertenecer a una familia así. Agradecí mucho el trato que me dieron, se hace extraño pasar las primeras Navidades fuera, con el Atlántico por medio y conformarse con hablar media hora por Skype mientras te mueres de envidia porque te muestran platos repletos de marisco. Sin embargo no me puse triste, me sentía como en casa, los primeros cinco minutos me dio vergüenza y no sabía cómo actuar, al fin y al cabo era la extraña española que compartía mesa con ellos ese día… Pero así son en esta parte del planeta: Hospitalarios, cercanos y con una sonrisa permanente en el rostro. Me llevo unos bonitos recuerdos de esa Nochebuena atípica.

Comí mucho asado y de broma me decían que no pasaba nada, sabían el número de urgencias así que no moriría de empacho. Mi amigo afirmó mil veces que lo había cocinado mal porque la carne no era buena, que su gato llamado Turbo seguro que tenía mejores mollejas (Una larga historia) o que hacían falta más brasas. Tal vez sea por mis años en los que fui vegetariana –Cinco en total-, que los gallegos no entendemos de ternera aunque todos en España se pelean por la nuestra o que me moría de hambre, pero en mi opinión ese asado estaba delicioso.

El día de Navidad, a más de 30 grados, conocí el barrio de la amiga (Feliciano Sarmiento) que tantas veces he nombrado. Era imprescindible irme de Villa Mercedes con un vídeo haciendo el idiota andando por esas calles, para mayor profesionalidad lo filmé desde una moto. Por supuesto me reservo los derechos de autor y dejo esos minutos de vergüenza ajena, en realidad propia, para el ámbito privado y hay que admitir que fue un regalo navideño original.

El viaje continuaba, mi nuevo amigo de Mercedes y yo nos fuimos el 26 de diciembre hacia Córdoba donde vivía su hermana mayor. Se le ocurrió la idea de atravesar el Merlo, algo sencillo para él porque era deportista. Me dijo que sería sencillo, tan sólo seguir un sendero y que las vistas merecían la pena. Creí todas sus palabras, no fue tan fácil como lo pintó pero sí fue divertido.

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