Día 10: Buenos Aires y mi mochila

Llegué a las siete de la mañana a la terminal de autobuses, caminé por las calles hasta que conseguí conectarme a una red wifi abierta y localicé el hostel (Don King Hostel) donde pasaría esa noche. A medida que el viaje avanzaba, mis nervios se iban calmando, empecé a pillarle la gracia a eso de estar deambulando sin rumbo y no tener claro qué dirección tomar.

Dejé mis cosas en una habitación para seis personas, me duché para volver a ser persona y me cambié de ropa. Unas horas más tarde quedé con un antiguo compañero de la facultad, unos años mayor que yo, para recorrer la ciudad. Así de pequeño es el mundo, unas semanas atrás había aterrizado en Buenos Aires con expectativas de quedarse y trabajar ahí porque en España ahora mismo es inviable, ni que fuese un lujo. Después de mucho tiempo se reencontraron dos gallegos que estudiaban en Madrid, uno ya licenciado en sociología y la otra a punto de terminar la carrera.

A pesar de que Buenos Aires es una ciudad llena de cemento, grandes edificios y calles repletas por la muchedumbre, cuenta con zonas verdes y la red de transportes no me pareció demasiado mala. Desde hace años el metro o las líneas de autobuses de Madrid son pésimas, se retrasan y están llenas de gente, está claro que el problema es de quien lo gestiona y los recortes que han aplicado. Pero Buenos Aires tiene algo especial, por supuesto no puedo ser imparcial debido a su vinculación con Galicia, pero a mí desde luego que me gustó; tiene su encanto.

Allí pasé el Fin de Año y volví a comer asado, con mi amigo gallego y un montón de argentinos que acababa de conocer. Cenamos en otra parte de la ciudad, llegamos en tren, pagando un precio tan ridículo como menos de 2 pesos. Mi primer fin de año lejos de casa, con un océano de por medio.

Dos gallegos en Buenos Aires haciendo el idiota en Fin de Año. Sí, ignoremos mi cara que muestra los efectos del Fernet

El día uno de enero lo dediqué a descansar (efectos del fernet), dormir y ver una parte del centro que no había visitado. Unas horas más tarde estaba subiéndome a un barco que me llevaría al otro lado del Río de la Plata, Colonia (Uruguay) que ya contaré en la siguiente entrada. Espero ponerme pronto frente la pantalla del ordenador y escribir el siguiente capítulo de mi aventura por Latinoamérica.

Desde el barco, adiós Buenos Aires

Enlaces sobre mi viaje:

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