Día 13: Colonia y Montevideo

Pasé el fin de año en Buenos Aires, con un viejo amigo gallego que estudió conmigo en Madrid y unos argentinos conocidos suyos. El dos de enero compré mi boleto para el ferry que me llevaría al otro lado del Mar de la Plata: Colonia en Uruguay y de ahí iría a la capital. Demoró dos horas en vez de una porque el barco estaba estropeado, a diferencia de España aquí sí que pusieron reclamaciones y la gente estaba indignada.

No tuve tiempo de ver Colonia, una lástima según lo que leí en internet pero tenía el tiempo justo. Tardé otras dos horas en llegar a Montevideo en autobús, en esos días los periódicos publicaron (Noticia) que Mujica había recogido a un viajero en la carretera. Lástima no haber hecho dedo y que me parase el expresidente junto a su compañera que también es senadora. A partir de ese momento me prometí que jamás volvería a tener miedo de hacer autostop, miedo y sentido común, no son lo mismo.

Eran ya las nueve de la noche y busqué un lugar donde dormir, pillé una wifi por ahí e intenté no perder la paciencia. Enfadarme no me serviría para nada. Mi elección fue pésima, una pensión cerca de la Plaza de la Independencia, donde no iba internet, me atendieron de forma antipática, el desayuno no estaba incluido, sólo podíamos usar un baño y todo era muy viejo. Gracias al cansancio me dormí en la cama en menos de cinco minutos y al día siguiente me alojé en otro lugar.

Abandoné la mañana siguiente esa cochambrosa habitación en la que me había quedado. Cara y horrible. Me alojé en un hostel cerca de la playa, la atención fue más o menos, era caro y los cuartos eran para nueve personas. Fue lo más barato que encontré, el país que es conocido por el fútbol y expresidente Mujica, pero los precios triplican a los de España. Una barra de pan vale un euro y medio. No tengo ni idea de cómo llega la gente a final de mes.

Viajar en esa época del año no había sido acertado. Todos estaban de vacaciones y las calles se encontraban desiertas y los locales cerrados. Paseé por la ciudad, en poco tiempo vi todo lo relevante y los sitios eran fáciles de localizar. Además siempre hay la opción de preguntar ante la duda, la gente aquí es amable y no le importa dar indicaciones.

El cinco de enero me fui de Montevideo, había contactado con una familia uruguaya a través de couchsurfing. Algo gracioso que me ha pasado con dicha familia es que el pasado mes de abril, yo estaba viviendo en Italia, una pareja de Temuco (Chile) que los había alojado en su ciudad a través de la misma web. Casualidades de la vida. Pues Mariana, la uruguaya, me fue a buscar a un centro comercial de Montevideo y después subieron al coche su marido y su hijo de cuatro años: Santino.

Si quieres seguir mi viaje:

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