Día 33: Río de Janeiro

Río de Janeiro, a veces tenemos altas expectativas en una ciudad o un país entonces construimos una idea. No siempre acertamos. Lo cierto es que mi visita a Río no fue lo que esperaba, creo que no fui en el momento adecuado porque hacía mal tiempo y no acerté con el hostel donde dormí. Quizás hubiese sido mejor haber hablado con algún couchsurfing, a lo mejor en el futuro puedo volver. Ojalá.

Bueno, pues me quedé en el hostel más barato que encontré en hostelworld. Un auténtico asco, el peor sitio en el que he dormido. No pido lujos, jamás lo he hecho, pero nunca había estado en un lugar que me diese arcadas. La cocina producía ganas de vomitar, había bichos y olía mal. Dormí con una ´´loca´´americana cuya risa me inquietaba, un australiano quemado por el sol y que estuvo en un montón de países, unas argentinas jóvenes que estudiaban Medicina en Buenos Aires… en total ocho personas durmiendo en dos metros cuadrados. Sí, las camas tenían cuatro pisos y no había aire acondicionado. Por las noche no podía dormir, era como si estuviese en la ducha, jamás había sudado tanto. Llegué a marearme por el olor y el calor, muy desagradable.

Creo recordar que en total estuve tres días en Río de Janeiro, de los cuales uno llovió y los otros dos había niebla. No fui al Cristo, no se veía nada y no quería gastar mi dinero inútilmente. No fue la mejor época del año para ir. De todas formas me gustó mucho y haber evitado los sitios más turísticos. Por ejemplo, en Copacabana comí en un pequeño bar que estaba lleno de gente local, no turistas con las visas preparadas, charlé con un brasileño de unos 60 años que me contó cosas de su juventud. Terminó pagándome el menú, que incluía arroz y fango, no aceptó mi dinero.

No quiero decir que no me haya gustado Río de Janeiro, sería una barbaridad afirmarlo. Simplemente no acerté con la época del año y creo que no utilicé bien la información que tenía, dormí en un hostel horrible por el mero hecho de que era barato. También recuerdo detalles muy bonitos, por ejemplo un día quise comprar fruta. No me di cuenta y le estaba dando al señor un billete azul, creo que 200 reales en lugar de 2. Fue honrado, le dio la risa y me dijo que tuviese cuidado con el dinero y me fijase. Desgraciadamente no todo el mundo lo haría. Muchos se han sorprendido de mis palabras sobre esta ciudad, yo digo la verdad, no le encuentro sentido a maquillar las cosas y decir que fue maravilloso. No me gustan las idealizaciones. En España hay un dicho: ´´al pan, pan y al vino, vino´´.

Para quitarme ese sabor insípido, tampoco amargo, de Río de Janeiro compré un billete de autobús para Foz do Iguaçu. Serían 23 horas de autobús, jamás había estado tanto tiempo en la carretera. El aire acondicionado lo tenían a tope, pensé que sería un auténtico infierno estar allí sin nada de abrigo y muriendo de frío. La chica que estaba sentada a mi lado, brasileña, me echó una mano y sin mediar palabra… me sonrió y me ofreció un fular. Los lugares los hace su gente.

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