Día 38: Llegada a Paraguay. Asunción.

Mapa de Paraguay

¡Ya estoy aquí! Vuelvo para seguir narrando mi viaje de mochilera por Latinoamérica que partió por Chile, concretamente desde Viña del Mar (Región V). En anteriores ocasiones conté mi experiencia en Argentina, Uruguay y Brasil.

Hoy toca hablar sobre mi llegada al desconocido Paraguay, que movida por los prejuicios y la falta de información infravaloré y resultó ser uno de los lugares más divertidos donde he estado. Llevaba 38 días de viaje, no me quedaba ropa limpia y estaba cansada después de visitar las Cataratas de Iguazú. El couchsurfing brasileño que me alojó en Foz do Iguaçu me invitó a cenar con un amigo suyo y allí nos despedimos, fue muy amable conmigo y se notaba que estaba acostumbrado a tratar con extranjeros.

Creo recordar que mi autobús salía a las diez de la noche, me llevaron en coche justo a esa hora. Gasté aproximadamente 20 euros por un viaje de seis horas, me dieron una manta y comida. La empresa era paraguaya y me pareció una de las mejores, por el precio y la comodidad. Decidí únicamente visitar la capital, en todos los foros de internet hablaban de que no había mucho para ver aquí. Lo más interesante estaba en el Norte, la parte más remota y natural pero no tenía acceso a ella. Resultaba todo muy complicado, por lo que elegí la opción fácil. De Río de Janeiro tenía unas expectativas muy altas, resultó no ser lo que creía, sin embargo de Paraguay no me hice ideas preconcebidas. Me sorprendió y aprendí a no hacer caso de todo lo que aparece en google e ignorar las opiniones de terceros, a veces es muy positivo seguir tu instinto.

Pasamos la aduana rápido y sin ningún problema. A los cinco minutos quedé dormida en el autobús, desperté en Asunción, la capital de Paraguay. Estaba desorientada y pregunté dónde estaba, el conductor llevaba un rato intentando despertarme de forma amable. Abrí los ojos y vi que me hablaba un paraguayo, moreno de pelo negro, que me sonreía.

– ´´Señorita despierte, llegamos´´

– ¿Dónde estoy?- Pregunté confundida.

– Está en Asunción…

En ese momento quedé como estaba, no podía relacionar que Asunción era la capital del país. El señor se dio cuenta y me especificó, aunque se trataba de cansancio no falta de conocimientos geográficos. Mi idea al principio era visitar la ONG española (Más información) en la que soy voluntaria. Hace un año apadriné una niña de cinco años llamada Tatiana. Vive en una zona rural, con pocos medios y marginada del país en donde viven muchas personas guaraníes: Caaguazú. Al final recibí la respuesta demasiado tarde y ya no estaba en Paraguay, espero conocer la labor de esta ONG y la niña que he apadrinado en un futuro, la tramitación burocrática me pareció nefasta.

Entonces decidí visitar directamente Asunción y ahí estaba yo, sentada en la estación de autobuses esperando al couchsurfing con el que había contactado, solo unas horas antes porque todo lo improvisé. No estaba segura de reconocerlo, le dije que estaba en uno de los bares del terminal y tomé un café por 80 céntimos. Llegó pronto para recogerme, sin importar que fuesen las siete de la mañana. Me había comentado por internet que también alojaría una chica japonesa, de Kyoto, que se había tomado un año sabático para viajar por el mundo. Increíble, me encantaría poder hacer eso.

No entendía mitad de las cosas que decía Luis, me resultaba demasiado difícil su pronunciación y hablaba rápido; más tarde sus amigos me dijeron que de por sí él hablaba raro. Vivía a las afueras de Asunción, tardamos veinte minutos en coche (un Mercedes antiguo restaurado). Desayunamos en su casa, vivía en un departamento solo y era ingeniero civil. Por la tarde nos llevó a San Bernardino, donde hay un lago.

San Bernardino

San Bernardino

Con mi couchsurfing de Asunción

Amistades japonesas

Pasamos allí toda la tarde y por la noche compramos cosas para cenar en casa y cervezas. Fue genial poder compartir con gente de otros países, cuyas historias eran muy diferentes y las personalidades nada tenían que ver. Me hizo gracia que al principio Luis y yo no nos caímos bien, no entendía ni lo que decía al hablar pero después nos hicimos amigos. Las primeras apariencias engañan, o eso dicen. Al día siguiente visitamos Asunción, no había mucho que hacer pero me lo pasé bien por la gente con la que estaba. Por la noche salimos de fiesta, acabamos en un Casino donde gané sesenta dólares jugando al poker; estudiar estadística sirve para muchas cosas. Sabía jugar, pero nunca había estado en un Casino y mis contrincantes no me veían una amenaza por ser una mujer joven. El premio lo cobró Luis, porque en Paraguay la mayoría de edad es a los 21 y yo tenía 20. Podéis comprobar que realmente no piden la documentación en ningún lado.

Parlamento Paraguayo

Para celebrar mis habilidades jugando al poker me invitaron a tomar unas cervezas y entre unas cosas y otras terminamos a las nueve de la mañana en casa. Me lo pasé bien. Mi intención era pasar allí solo tres días e irme a Bolivia por el Norte de Argentina, pero pasó algo con lo que no esperaba. Por diez euros compré mi billete para Corrientes (Argentina) y la chica japonesa se iba a Encarnación que se celebraban los carnavales. Seis horas más tarde y después de pasar la aduana, ya estaba en Argentina. De pronto recibo un whatsapp de Luis… había dejado los cargadores de mis cámaras. No podía continuar viajando sin eso y el envío tardaría meses. No tuve otra opción que volver, doce horas de autobús en total para nada. Lección aprendida: comprobar siempre que se lleva todo para que no sucedan cosas como estas. 

Entre risas y siendo un poco surrealista la situación, volví a Asunción. En la aduana por supuesto les pareció muy raro que volviese a entrar en el país en menos de 24 horas, me hicieron algunas preguntas protocolarias y me dejaron tranquila porque no ocultaba nada. Al final, pasé en Paraguay una semana. En un destino en el que no tenía ningún tipo de expectativas, conocí gente simpática y me alojaron todos esos días gracias a couchsurfing. Para rematar hice cosas que jamás había hecho, por ejemplo ir al Casino o conducir un Mercedes.

Asunción

Conduciendo un Mercedes

Volví a comprar un billete para Corrientes (Argentina) y me iría a Salta desde ahí. En la próxima entrada hablaré del Norte Argentino y mi llegada a Bolivia. Espero que pronto me ponga frente al ordenador y compartir mi experiencia.

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