Mochileando en Bolivia

Un país de contrastes: tradición y modernidad. Se puede caminar por las calles de La Paz y tropezar con mujeres de largas trenzas, aguayo y sombrero Bombín; al igual que encontrarse con gente vestida con ropa occidental. Para un sociólogo es un destino muy interesante. Me sentía como una niña en una tienda de juguetes, miraba para todos los lados y dos ojos no eran suficientes.

También fue el país donde me puse a pensar sobre mi viaje y hacer balance, dándome cuanta de que sin duda había tomado la decisión correcta. No quería ni imaginarme lo que habría sido pasar un verano entero en Valparaíso, haciendo cuentas para llegar a final de mes y viendo a mis amigos de vez en cuando porque ellos se iban a su ciudad natal. Me lo había montado bien, ahora me reía de mí misma por haber dudado y dejarme llevar por los prejuicios que tan solo me lanzaban mensajes del tipo: ´´eres mujer, una mujer mochilera es una locura´´. Más locura me parece estar en casa mirando para las paredes.

Era una persona mucho más segura, lo aseguro. Capaz de hablar con extraños, regatear o vender cosas en la calle para poder comer algo más que arroz con pollo. Había digievolucionado (guiño a los dibujos animados de Digimon, en momentos me sale la vena friki).

¿Quieres conocer más de mi experiencia mochileando Bolivia? Prepárate para episodios como: el día que soborné a los guardias en la frontera o la clase magistral sobre cómo regatear en un mercado según unos argentinos de Corrientes.

Manos a la obra:

 

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