Día 56: Copacabana: Lago Titicaca.

Estaba en La Paz con Nela y Lorena: Día 54: La Paz. Muy cansadas por la mañana recogimos nuestras cosas y fuimos al terminal de autobuses para ir a Copacabana. Negociamos el precio, bueno en realidad hablaron Lorena y Nela por el acento chileno, y nos fuimos a Copacabana por dos duros. Llegamos, estaba lloviendo y nos pusimos a buscar otro hostel con precios estudiantiles. Las personas de ese lugar eran bastante desagradables, se ofendían por pedirles ver la habitación antes. Fue desagradable esa situación. Pero volví a reírme cuando de pronto en medio de una calle escuché mi nombre… jamás pensé que pudiese encontrar a una antigua compañera del colegio en medio de Bolivia. Sí, es posible. En medio de la noche, la lluvia y comiendo un helado… apareció Sara, una chica de mi pueblo que llevaba años sin ver. En este momento estaba estudiando en Buenos Aires y aprovechó para salir de viaje tal y como había hecho yo.

Nos quedamos en un hostel que regentaba una mujer con una simpática hija pequeña. Contratamos un tour, por diez euros o un precio parecido, para ir a la Isla del Sol. Estábamos en la orilla del Lago Titicaca y debíamos aprovechar. Nos lo pasaríamos genial, pero antes tocaba cenar en la habitación para reducir el presupuesto y de fondo sonaba Los Prisioneros. Adoré pasar todos estos momentos con estas dos adorables chilenas.

Yo soy Malala. 1,5 euros en Bolivia.
Nela comiendo…
´´Dieta Mediterránea´´

Negociamos en un local para dejar nuestras mochilas. Llovía, pero no importaba porque teníamos muchas ganas de conocer. Fue un buen día, comimos lo que buenamente pudimos y caminamos a pesar del cansancio. Cuando terminamos de ver la isla compramos los pasajes de autobús, yo iba a Puno (Perú) y ellas volvían a Chile. Nos separábamos, después de una semana juntas y pasados muchos momentos. Las iba a echar mucho de menos, pero mi viaje continuaba. En unas horas podría mis pies en Perú.

Autor: Laura O. Sánchez

(Comarca do Deza, 1994) Socióloga, feminista e inmigrante en Rumanía que aporrea el teclado de Sen Enderezo desde junio del 2014. Nací una tarde de julio soñando con viajar sola por el mundo. La escritura vino más tarde, en 2º de la ESO, cuando Pilar me dejó mi primer libro feminista y creé mi cuarto propio. Ahí empecé a darle a las teclas. Soy una mujer simple: me gusta el café negro sin azúcar, hablar con retranca gallega a 3.600 km y viajar con una perra.

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