Día 60: Cuzco. Machu Picchu.

Fueron muchas horas pero en cuanto llegué a Cuzco (Día 60) tomé un taxi y fui a un hostal muy barato que había buscado en internet. El taxista se sorprendió de que viajase sola, le dije que no necesitaba la compañía de ningún hombre y ya me cansaba escuchar siempre la misma cantinela. Y así pasé el 14 de febrero, el Día de San Valentín u otro invento del Capitalismo. Compré cerveza y galletas de chocolate para celebrar mi soltería y la aventura en que me había embarcado. Todo era genial.

Contraté un tour, me compensaba más que ir por mi cuenta y pagar la entrada de Machu Picchu, al ser estudiante me hicieron una rebaja. El viaje en coche eran cuatro horas más o menos hasta Aguascalientes. A mi lado iba sentado un chileno que casi no me dejaba sitio, pero después por suerte se cambió de lugar y vino un peruano que se había criado en Madrid. Al llegar a Hidroeléctrica fuimos caminando por las vías del tren, el pasaje eran 20 dólares y me negaba a pagarlos. Más o menos fue una hora andando y era plano.

Ruta Cuzco – Machu Picchu
Caminando hacia Aguascalientes


En Aguascalientes nos llevaron a nuestro albergue, dormí en una habitación con 10 personas y todas hombres. Hablé con un chileno, un francés, una alemán… las nacionalidades eran diversas. Por la mañana temprano, a las seis nos despertamos y subimos a Machupicchu, a las nueve empezaba nuestra visita guiada. Hay que subir un montón de escaleras, paciencia. Pero al final llegué, cansada, sudando y más sucia de lo que ya estaba.

A los pies de Machupicchu

Machu Picchu (Día 62) es simplemente mágico, una experiencia única y un sueño hecho realidad. Me parece fascinante que continúe así de cuidado, conservado y que en cada rincón haya una parte de la historia. Una civilización magnífica y muy avanzada. Creo que las fotos hablan por sí solas.

Que estuviese sudada, asquerosa y con el pelo hecho una birria era lo de menos… estaba en Machupicchu

Un sueño hecho realidad

A las doce comencé a caminar, a las cuatro debía estar en Hidroeléctrica para regresar en autobús. En ese trayecto conocí a Diana, una chilena de Valdivia que me pareció muy simpática. Para mi mala suerte no pude dormir durante cuatro horas del trayecto porque unas argentinas de Tucumán se apoderaron de la radio, no hacían más que hacer ruido y no hacían caso de las quejas de la gente. Unas auténticas pelotudas como dirían en Argentina.

Las pintas era lo de menos… Por cierto llevar ´´harta´´agua como dirían en Chile

Dormí otro día en Cuzco y por la mañana me fui para Arequipa (Día 64). Continuemos con el viaje por Perú y mi regreso a Chile…

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