Mi llegada a Londres

El paso más difícil es aquel que te sitúa al otro lado de la puerta de tu casa

Una vez más mi localización ha cambiado, llevo unos días disfrutando de una ciudad multicultural como es Londres. Y vamos si cambia la cultura… Reino Unido es otro mundo. A pesar de que dicen que los inicios son difíciles, lo cual confirmo. A veces no está de nuestra parte la suerte, pero de nosotros depende cambiar el rumbo y afrontar los problemas. De la noche a la mañana necesito comunicarme todo el tiempo en inglés, he conocido a gente nueva y debo adaptarme a otra rutina. Pero podré con ello y esta será una gran experiencia. Me siento feliz siendo otro número en esa gran lista de españoles que viven en Inglaterra.

Países en los que he puesto mis pies

El 30 de septiembre fue el día que partí. Las maletas ya estaban cerradas y no había marcha atrás. No sabía lo que me iba a deparar Londres, pero estaba segura de que aprendería muchísimo. Todo un reto que pretendía afrontar con toda mi energía y empeño. Mi familia me llevó a la estación de trenes de Santiago de Compostela y de ahí me iría para Coruña. Tan solo eran 40 minutos de tren. Creo que mis padres están acostumbrados a que me vaya, pero saben que es positivo y que cada uno debe seguir su camino. La última cosa que hizo mi abuela fue darme un bocadillo de pechuga de pollo, como buena gallega temía que pasase hambre.
Una de mis amigas llegó unos minutos antes de que partiese el tren, salió corriendo de clase tan solo para darme un abrazo. Tengo buenos amigos, a pesar de los kilómetros sé que puedo contar con ellos. Mantuve la compostura, intentaba disimular que en el fundo estaba aterrada. Busqué mi asiento y a mi lado se sentó una chica con una camiseta que me gustó, de nada más y nada menos de Rosalía de Castro. Empujé mis maletas por la estación y tomé un autobús para el aeropuerto.

Me subí en un avión de Vueling, con muchos nervios, euforia y emoción. Elegí volar desde el aeropuerto de A Coruña, a pesar de lo que pensaba era la opción más barata. Jamás había estado en ese lugar, pero el servicio fue pésimo. Nunca máis. Para rematar confirmo que Vueling es una bazofia al igual que Iberia, pertenecen a los mismos dueños.

Llegué con tiempo de sobra al aeropuerto, pensé que la suerte estaba de mi lado cuando justo había acertado con el peso de la maleta. Exactamente 23 kilos. Punto para mí. Pasé el control, busqué mi puerta lo cual fue fácil porque solo había seis y me senté a esperar. Por fin había llegado el día y fui consciente de que me había tirado a la piscina. Me iba a un país en el que no comparten mi idioma y directamente otro mundo. Creo que todavía no soy consciente de la aventura en la que me he embarcado. Algunos lo llaman la tierra de las oportunidades, destino de la peregrinación de muchos gallegos que van en busca del aclamado trabajo digno.

Mi idea era venir a Londres para terminar la universidad y costeármelo trabajando como au pair. Mi primer trabajo, siendo novata además en vivir en países de habla inglesa. Me temblaban las piernas, para qué engañarnos, pero sé que recordaré esta etapa que comienza hasta el final de mis días. La década de los veinte es para los valientes, no hay tiempo que perder. Sé que es una gran oportunidad y más viendo la situación económica en la que se encuentra España.

Definitivamente ya no podía echarme a correr, estábamos embarcando. Miles de cosas pasaron por mi cabeza, entre ellas el miedo y el desconcierto. Pero sucedió algo extraño que jamás había visto, los empleados mandaron regresar a las personas que habían embarcado. La explicación que dieron es que había ´´un fallo técnico´´ y debíamos esperar un ´´ratito´´. ¿Qué significaba eso? Ni idea, pero nos retrasamos dos horas. Avisé a mi familia de acogida y en ese tiempo conocí a un gallego llamado Alberto, quien iba a probar suerte a la Meca de los jóvenes recién licenciados: Londres, la ciudad donde la gente puede encontrar un trabajo acorde a su formación.

Esperando ´´un ratito´´

 

El sandwich más caro de la historia: 4,65 Euros. Saboréalos, y tanto.

Tras algunas turbulencias y los rezos de una abuela decidida a volar por primera vez para visitar a su nieta, que llevaba tres años trabajando en Londres, llegamos. Pasamos un control muy extraño, nunca había visto algo así, tenías que escanear tu pasaporte, te sacaban una foto y en la pantalla te agradecían la colaboración según el país de tu documentación.

Recogí mi maleta y volví a hablar con la familia, había Wifi. Estaba nerviosa por ese primer encuentro, qué aspecto tendrían en persona y si yo era la indicada para formar parte de esa familia. Me despedí de Alberto y comencé a caminar sola, en un nuevo país. Me dirigí a la estación de autobuses y pregunté por el X26, cuando supe dónde estaba primero regresé al metro para sacar dinero.


Esperé hasta que llegó, bajó una chica y se le cayó el pase. A diferencia de otra gente se lo dije y me lo agradeció. Después me fijé en que nadie pagaba con efectivo, le pregunté a un hombre si podría pasar mi tarjeta de crédito y dijo que sí. Para mi mala suerte no servía la mía porque era española.

Volví al metro y la suerte continuaba sin estar de mi lado, se rompió la maleta. La había comprado en Chile, en un bazar chino con el dinero que gané vendiendo la ropa que no podría traer de vuelta. La arrastré como pude, hizo una larga cola y conseguí mi pase previo pago de 10 libras. Tardé una hora y media en llegar a la estación de tren en la que me recogería mi padre de acogida, East Croydon. No había internet así que mandé un SMS a la madre y crucé los dedos para que lo leyese, tampoco podía llamar porque no funcionaba.

Efectivamente me fueron a buscar, no entendía mucho de lo que decía porque él nació en Nigeria y su inglés nada tiene que ver con el británico. Supongo que con esfuerzo iré mejorando y no pondré una cara de total incomprensión. Continuaba nerviosa pero me mostré tal y como soy.

Llegamos a la casa, saludé a uno de los niños y la madre. Eran las diez de la noche, muy tarde en Reino Unido. Charlé un poco con ellos, cené y me fui directamente a dormir. A pesar de todos los incidentes, al fin estaba en Londres y preparada para esta nueva etapa. Os seguiré contando cositas de Inglaterra, nos vemos pronto.

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