Au pair en Londres

Estas últimas semanas han sido agotadoras, muchísimo trabajo y sobre todo cambios. He tenido que adaptarme a nuevos horarios y encajado en una familia que desconozco totalmente. Siempre es complicado arrancar, hay muchos baches y obstáculos que superar, pero no me voy a rendir tan fácilmente. Y como bien sabéis, este blog es un espacio en el que cuento mis experiencias por el mundo adelante, sin ningún tipo de filtro o maquillaje. Todavía no sé muy bien cuál fue el verdadero motivo por el que lo abrí, supongo que tengo la esperanza de que mis hazañas, aciertos, errores y aventuras le sirvan de inspiración a terceras personas. Quizás me agrada la idea de poder leer estos relatos dentro de unos años y ver mi evolución, mi progreso y darme cuenta de que realmente intenté hacer de todo en esta vida. O simplemente soy una egocéntrica a la que le gusta escribir sobre sí misma y cree que a alguien le pueden interesar mis pamplinas. Bueno después de esta media reflexión, voy a centrarme. En esta ocasión hablaré de la pequeña temporada que he pasado en Londres, por desgracia marcada por la mala suerte. Sin embargo, de todo se aprende y como se dice por ahí: que me quiten lo bailado.

El 30 de septiembre llegué a Londres y tras tener una pésima suerte: aviones que se retrasan, una maleta rota, no poder comunicarme… llegué a un pueblo a las afueras de Londres: Oxted. Me iban a hospedar una familia británica de origen nigeriano. Estaba muy ilusionada, ganaría 100 libras a la semana, tenían experiencia previa con otras au pairs, me habían caído bien por Skype y jamás pensé que tendría tantos problemas. No todo lo que reluce es oro, el padre me fue a buscar a una estación al sur de Londres. La verdad es que ir al aeropuerto no costaba tanto trabajo y me hubiese hecho un favor, pero es lo que había.

Host family

Cuando subimos en el coche, previa equivocación mía porque en este país conducen al revés, el padre empezó a hablarme un poco de todo. Su pronunciación me resultaba muy complicada y le pedí que me repitiese una pregunta que me había hecho. Puso un mal gesto y me dijo que creía que sabía inglés, entonces me preguntó si sabía francés (Ni papa) y se resignó diciendo que daba igual. Solo le había pedido que hablase más despacio. Empezábamos bien (ironía).

Llegamos a la casa y desde luego no era como me habían dicho por Skype: no tenía piscina, una gran sala para ver películas, un baño privado para mí o una gran habitación. La madre estaba en la puerta y me saludó con un abrazo, uno de los niños andaba descalzo de un lado para otro sin hacer caso a ningún adulto. Era muy tarde, las 10 de la noche en Inglaterra es hora de estar más que dormido. Temí que ese niño, Michael, fuese demasiado rebelde para mí a sus 3 años. Me llevaron a mi habitación, dos metros cuadrados, no tenía sitio ni para colocar mi maleta. Había tres grandes fotografías del matrimonio y un par de estantes para colocar mi ropa. No pedía lujos, pero llevé un disgusto al enterarme de la realidad que me esperaba. Pero las sorpresas no cesaron, los otros dos hijos: Angelica de 5 años y Manny de 1 estaban durmiendo en la cama de sus padres. Stella, la madre, los echó de malas maneras y los llevó a su cuarto al igual que a Michael. Yo no sabía donde estaban las otras habitación, no se me ocurrió pensar que Angelica y Michael iban a dormir en la misma cama y el bebé en medio de los padres. Me parecía el colmo, la gente para qué tiene hijos si no tiene los medios necesarios para criarlos. No tiene ningún sentido y para qué buscan una au pair si van a tener apelotonados a los niños. No tenía a donde ir y pensé que en el fondo a mí eso no me afectaba, no era mi problema. Pero todo era muy raro, no se puede negar.

Estaba hambrienta, nadie me ofreció la cena así que pregunté. Me dijeron que fuese a la cocina, Stella me sirvió la comida: Arroz con un sabor picante, pollo y unas verduras. Era un plato típico de Nigeria, no sé qué comí pero estaba rico. El marido, Enmanuel, también cenó conmigo. La mesa cojeaba y estaba sucia, no  me sirvieron ni agua. Yo ya estaba comiendo tranquilamente cuando mi padre de acogida protestó de malas maneras, decía que su comida estaba fría y Stella servicialmente volvió a meterla en el microondas. No me gustó nada de lo que estaba viendo. Dije que quería dormir, estaba agotada y debía despertar a las siete de la mañana.

Comenzó otro día, a las seis y media de la mañana porque Manny me despertó con sus llantos. Pregunté si podría ducharme y Stella me miró mal y me preguntó para qué si ella me veía limpia… le dije que había sudado en el viaje y no me sentía cómoda, hizo un gesto y me señaló el baño. El agua estaba media fría, pregunté al respecto y murmuró algo que no comprendí. Achanté, no podía irme sin haber conseguido otra familia. Aquello era mejor que la calle. Le eché ovarios y me metí en la ducha, tiritando pero aguantando para poder estar presentable. Salí rápidamente y me vestí, eran las siete de la mañana y despertamos a los niños. Stella usó una forma para nada sutil, les gritó y dio palmadas. Pensé: ´´Maldigo mi suerte, cientos de familias y encontré a los más raros´´.

Manny

La rutina era la siguiente: Bañar a los tres niños, peinarlos, vestirlos, darles el desayuno, llevarlos al colegio, quedar con el bebé e ir a buscar a Michael a las 12:15 y a Angelica a las 15:00. Ahí finalizaba mi jornada según lo que habíamos establecido por Skype, no acabaría hasta las 18:30 (O cuando volviese la madre, ya me explicaréis qué significa eso). Doce horas al día, eso no es ser au pair eso se llama explotación. Definitivamente iba a aguantar por el dinero y cuando tuviese algo mejor me largaría de ahí. Aquella casa era un desastre, pretendía que ordenase todo y limpiase cuando no sabía ni por dónde empezar. El bebé ni siquiera tenía armario, su ropa estaba guardada de mala manera en una vieja maleta. Soy socióloga y aseguro que esa familia era un caso para Servicios Sociales. A las 9 los niños tenían que estar en el colegio, terminaron el desayuno y nos fuimos. La madre no me dejó comer en ese momento, el menú eran simples cereales con leche y la misma porción para el de uno que la de cinco. No tenía sentido.

La escuela estaba cerca, a solo diez minutos caminando. Michael iba a su bola, no hacía caso a los gritos de la madre. Lo agarré y le expliqué que no podía caminar solo, que había muchos coches y que por favor me diese la mano. No me soltó en todo el camino, los niños no son estúpidos sólo hay que hablarles en un lenguaje que te comprendan. Me presentó a las profesoras, Angelica iba a clase Robin Hood y en la puerta había fotos de todos sus compañeros. Creo recordar que eran 15 niños, de diferentes nacionalidades y todos sonreían al entrar, recuerdo que yo en España jamás ponía esa cara cuando iba a pasar 6 horas en lo que yo le llamaba cárcel. Michael no quería quedar allí, todos lo saludaron y lo conocían. Se puso un poco pesado, la madre le dio un pequeño golpe en la cabeza y empezó a reñirle. Yo estaba nerviosa, me agaché a su altura y le dije de broma que era el jefe de aquel lugar, porque todos lo saludaban y necesitaban que él les dijese qué debían hacer. Funcionó, su actitud cambió totalmente y me dio un abrazo. Me sentí muy orgullosa de mí misma.

Volvimos a la casa, solo quedaba Manny. Estaba muerta de hambre, así que pregunté por el desayuno y asintió con la cabeza Stella. Ella estaba conmigo ese día para mostrarme la rutina y asegurarse de que lo hacía bien. De pronto me dejó sola con el bebé, disculpándose diciendo que debía rezar y descansar. Manny se portaba bien, se entretenía con cualquier cosa y no se despegaba de mí. Estuvo una hora conmigo viendo la televisión. De pronto llegó Stella de mal humor diciendo que no podía ver tanto tiempo la tele. El niño empezó a llorar, lo agarró y dijo que tenía que dormir. Tuve media hora para deshacer mi maleta antes de ir a buscar a Michael, esta vez fui sola al colegio. El niño se puso muy contento cuando me vio en la escuela, recogió su botella de agua y me entregó unos dibujos que había hecho. La profesora me dio un resumen de la semana y las actividades que harían en los próximos días, allí no había libros o largas jornadas. Tampoco pupitres feos o salas de color blanco, era un aula amplia llena de colores y cosas que los niños habían hecho. Me gustó ese modelo educativo que no se basa en el adoctrinamiento o el repetir como papagayos. Inglaterra era otro mundo y dos horas de avión suponían un abismo. España tiene mucho que aprender todavía en materia educativa.

Para comer Stella me dijo que hiciese un sándwich para Manny y otro para Michael, de nuevo la misma cantidad. Dentro llevaba mermelada, mantequilla y una loncha de jamón york (Especificó que solo una). No sé qué clase de alimentación es esa. Criticó mi forma de untar la mantequilla, cómo lavaba los platos y me exigió que lavase todo lo de la cena. Estaba confundiendo el término au pair con el de empleada doméstica. Pregunté por mi contrato y dijo que ya me escribiría en un papel lo que debía hacer, cero legal. Pregunté qué día de la semana cobraría y me dijo que todo junto el 28 de octubre, en Inglaterra el salario es por semanas. Todo era muy raro y casi seguro que no me iban a pagar, mi suerte estaba resultando ser asquerosa. Hablé con ella de forma educada, exponiendo mis preocupaciones y todas las discrepancias. Se lo tomó a mal.

Obvio decidí cambiarme, después de muchas horas de trabajo y sin recibir nada a cambio como ya me temía. Pero me merecía otra familia, no me servía de nada enfadarme, debía aceptar la situación y buscarme la vida. No podía demostrar legalmente todo lo que había hecho, me mintieron y encontré a unas malas personas. Buscar a una familia para trabajar como au pair es una lotería, puedes tener una gran experiencia o un fracaso. De todo se aprende y al menos me quedo tranquila sabiendo que me hice valer y sin perder las formas, no como ellos.

Hice algunas entrevistas por Skype, me dejaron plantada varias veces, algunos se mostraban muy contentos y después decían que no les interesaba, algunos buscan a una criada… fue difícil pero encontré dos familias adecuadas: una en Boston un pueblo al norte de Inglaterra y otra en Greenhite a 40 minutos en tren de Londres. Me gustaba la primera pero no se aclaraban, así que me quedé con la segunda. Otro error. Esta familia era de origen nigeriano, también, pero llevaban 18 años en Reino Unido. La nacionalidad no define el carácter o la personalidad, solo tuve mala suerte.

Host Family
Tony

De nuevo se me rompió la maleta, una que compré a unos árabes previa espera porque justo llegué a la hora de la oración. No podía ser posible, no podía cargar con 23 kilos. No sé quién me estaba haciendo vudú pero debía de estar muy contento con los resultados. Pero al menos la gente en Londres te ayuda con la maleta, cuando veían que les faltaba una rueda acudían en mi rescate. Estaba muy cansada y llegué a London Bridge donde me cambiaría a la línea de metro de Waterloo, el domingo la muy asquerosa estaba cerrada. No podía dar crédito a lo que veían mis ojos, no era posible tener tanta mala suerte. Aguanté las ganas de maldecir todo, respiré fondo y cargué con mi maleta para tomar otro metro y cambiarme de línea en otra estación. Llegué a Waterloo con mucho esfuerzo, las manos llenas de llagas y casi sin respiración. Me puse a pensar en todos los problemas que me estaba causando aquella maldita cosa: una maleta. Contenía ropa para pasar un año, varios pares de zapatos y algunas cazadoras. En todos este tiempo en Reino Unido solo he utilizado las botas de Decathon y ropa deportiva. No me hacía feliz poseer los otros 15 kilos restantes, eran un lastre.

Mi maleta sin una rueda

En Waterloo compré mi billete y fui al andén. No encontré mi tren y le pregunté a un trabajador, me explicó que salían de London Bridge no desde ahí… la madre de mi nueva familia, Dammy, me había dicho mal la estación. Estaba agotada pero arrastré como pude mi maleta hasta el metro. No quería volver a pagar el pasaje así que utilicé la técnica universal para salir de estos apuros: hacerse la tonta como si fueses Bambi indefensa en un bosque repleto de maldades. El guardia me abrió la puerta sin pagar nada después de escuchar mi relato. Me equivoqué de andén por culpa del cansancio, retrocedí y llegué de nuevo a London Bridge. Conseguí sentarme en mi tren. Durante el trayecto observé a una familia de cuatro miembros, felices por haber pasado una tarde de domingo en Londres. Vi la apuesta de sol, el cielo se tiñó de tonos rosas y naranjas. Estaba pendiente de las paradas, estaba confusa porque llegamos a una que era Hite Green. Tal vez se había vuelto a equivocar Dammy y debía parar ahí. Me bajé, a nadie se le ocurriría pensar que habría un: Greenhite y Hite Green. Imbécil, perdí el tren y volví a llamar a Dammy y avisar de mi retraso. Llegaba una hora y media tarde, la había avisado ya a las seis pero prefería mantenerla al tanto. Dijo que avisase cuando estuviese en la estación. Esperé 45 minutos al siguiente tren, muerta de frío y comiendo las últimas galletas que poseía. Llegué, llamé y me vino a buscar.

Cambio de casa

Cené el mismo arroz que en la otra casa, conocía mi nuevo host brother: Tony. Ola, el padre, también estaba. Me duché y me metí en mi cama, en una habitación llena de trastos y la que prometieron ponerme un armario el próximo fin de semana. Otra vez veía cosas raras pero estaba muy cansada como para pensar. Tardé cinco minutos en dormirme, me desperté a la una de la mañana porque el matrimonio discutía en su cuarto y los gritos llegaban hasta el mío. No podía creer que otra vez me tocase una familia extraña, me sentí mal porque no entendía toda la conversación pero hablaban sobre dinero, los cambios que suponía tenerme en su casa y la gran preocupación que tenía la madre por dejar a su pequeño de un año conmigo. Logré volver a dormirme, pero muy preocupada y decepcionada.

Pasé el día con los abuelos, una larga jornada de 8 a 19:30. Pensé que el pequeño dormiría unas cuantas hora y que al ser pequeño podría tener más libertad que con uno de dos años. A esa edad se entretiene con cualquier cosa, él era un cielo y se portaba genial, lo que no pude soportar eran las inseguridades de la madre. Cuando nació pidió la baja por maternidad, jamás se había despegado de él y tenía ciertos dramas familiares que la hacían una mujer insegura. Básicamente faltó toda la semana al trabajo, su jefe la amenazó con despedirla y ella dijo que no podría dejar sola a su hijo conmigo. Tony no paraba de abrazarme y portase bien, tenía que prepararle la comida, bañarlo, vestirlo y jugar un rato con él. Pero la madre no confiaba en mis capacidades, en definitiva quería a una chica que le limpiase toda la casa, planchase, jugase con el niño, lo cambiase a la velocidad de la luz… una segunda madre o una duplicación de sí misma. Aguanté una semana por el dinero, trabajar 14 horas diarias aseguro que no es plato de gusto para nadie y menos si tienes que soportar la mirada fija de una madre insegura y que tiene una total dependencia de su hijo. No salí a la calle en todo este tiempo, lo pasé fatal y me hizo sentir como una completa inútil. No me parece lógico buscar una au pair si realmente buscas esas características. No la considero una mala persona, solo alguien que desconoce el significado de este empleo y que no mostró ningún interés por enseñarme el idioma, hablarme de su país o charlar conmigo sobre algo que no fuesen órdenes. Vuelvo a decir que esto es la lotería, a veces sale bien y otras mal. Me tocaron dos malos boletos, pero hay miles de soluciones y caminos por tomar.

Este año he decidido estudiar a distancia y compaginarlo con vivir en el extranjero, mejorando mi nivel de inglés u otro idioma. En junio me licenciaré, por lo que necesito tiempo para estudiar y ganar algo de dinero. Ser au pair es una gran experiencia, conocer otro país, un nuevo idioma, hacer amigos internacionales, una jornada laboral de máximo 30 horas a la semana… si una familia no busca eso, recházala. A mí me mintieron y me maquillaron las cosas, mi falta de experiencia previa jugó en mi contra y desde luego la suerte me abandonó por completo en Londres. Pero de todas las experiencias se aprende y las 80 libras que sudor y sangre me costaron conseguir han sido el boleto de avión. No me voy a rendir tan fácilmente y encontraré una buena familia y tendré esa experiencia en el extranjero que tanto anhelo.

Por el momento he decido regresar a España unas semanas, para buscar con calma otra familia y descartar volver a pasar dos semanas como las anteriores. Ya sé que la teoría de Marx sobre la explotación es verdadera, no necesito volver a vivirla en carnes propias. Tal vez otra chica aguantase y se callase la boca, yo no fregué los platos de la segunda madre y no toleré que me faltase al respeto, le dije que si no reunía las cualidades que buscaba sería mejor que cada uno encontrase su camino. Desde luego no viene a Reino Unido para pasarlo mal o tener ganas de dormir al final de mi jornada laboral.

He pensado mucho y a mí me educaron para ser fuerte y sobreponerme a los problemas que se me presenten. Fracaso es todo aquello que no se intenta, ver la vida pasar mientras estás en el sofá de tu casa o envidiar lo que hacen otros porque tú no tienes el valor suficiente para hacerlo. No he fracasado, solo he aprendido y he tenido mala suerte. Pero lograré mi meta, claro que sí.

Por otra parte hay fechas muy significativas, momentos en los que deseas estar con tu familia y dejar todo lo demás en un segundo plano. Eso hice: llegar por sorpresa a mi casa para celebrar todos juntos el cumpleaños de mi abuela. Copio y pego lo que escribí en mi Facebook:

Hay momentos que no se pueden comparar con el dinero. El año pasado estuve viviendo en Chile y me perdí muchas cosas, propias de la vida cotidiana y que jamás pensé que echaría tanto de menos. Pequeños detalles: la forma de hablar (A mí solo me puede llamar Lauriña mi abuela), el olor a comida de casa, los debates políticos de sobremesa o una simple sonrisa. Hoy tuve la suerte de poder comprar un pasaje de avión y presentarme en tu puerta, poniendo fin a los 2.000 kilómetros que nos separaban. He dormido en un aeropuerto, he comido en un Burger King, he arrastrado por medio Londres mi maleta con una única rueda, casi me despelotan en el control de seguridad… Pero aquí estoy, con los míos y con mi segunda madre. ¿Qué clase de sacrificio es este en comparación con todo lo que has hecho por nosotros?
Gracias por enseñarme a ser independiente, a perseguir mis metas, a no rendirme nunca, a levantar la cabeza cuando todo se tuerce, a no arrepentirme de nada, a tomar las cosas con calma y optimismo, a confiar en la gente, a ser sincera conmigo misma y con los demás, a decir lo que pienso sin importar lo que digan, a aprender de mis errores, a rebelarme contra todo lo que me parezca injusto… Me siento muy afortunada por poder contar con tu apoyo incondicional, independientemente de lo lejos que me vaya o la incertidumbre que impliquen mis planes.
Provengo de una familia obrera y humilde a la que no le falta afán de superación y determinación. Fuiste la hija de Indalecio, electricista y labrego, y María, ama de casa que trabajaba más horas que un reloj, ambos bastante adelantados a su época y opositores anónimos del régimen. Sin embargo, ocuparse de las vacas no impidió que fueses la primera de la clase aunque finalmente tu sueño de estudiar medicina en la Universidad nunca pudo cumplirse, te tocó vivir una dictadura de casi medio siglo en la que solo se podía hablar gallego bajito y en la lareira. Siempre te he considerado un ejemplo, desde niña observo una de tus fotos de juventud. No tienes muchas, pero ésta es única. Fue una pequeña conquista, dudo que muchas mujeres de tu quinta hayan conducido una Vespa por una aldea de Galicia en 1959. Te dio igual el murmullo de la gente, las críticas y el temido ´´y qué dirán´´; tú solo pensabas que eras capaz de hacer lo mismo que un hombre. Te propusiste sacar el carné de conducir en un tiempo en el que todas decían: ´´Dios mío, cómo voy a hacer eso si ya tengo a mi marido´´.  Compraste un 850 en el que llevabas a tu familia de vacaciones, cuando Vilagarcía era todo un lujo. Estrenaste la ley del divorcio en el rural gallego y sacaste adelante a tus dos hijos. Te afiliaste a un partido político de izquierdas hace décadas cuando todos miraban hacia otro lado. Y jamás has parado de formarte devorando todos los libros que caen sobre tus manos. A ti te parece una tontería, a mí un gran paso y un orgullo.
Gracias abuela por enseñarme a luchar y por repetirme siempre que con esfuerzo todo se consigue, sin importar tu origen o los obstáculos que haya que superar por el camino. ¡¡Feliz cumpleaños y disfruta tus 74 primaveras con toda tu familia!!

Resumen de las 10 cosas que he aprendido en Reino Unido:

  1. No soy weona y me hago respetar.
  2. Sé más inglés del que pensaba.
  3. Dios bendiga los métodos anticonceptivos porque no pienso ser madre antes de los 40 años.
  4. Tengo más paciencia de lo que creía.
  5. Marx tenía razón y la explotación es una m*
  6. Todas las familias tienen sus peculiaridades y la convivencia es muy complicada
  7. Mi familia me apoya en todo lo que decida
  8. Se me dan bien los niños, tengo empatía.
  9. Soy totalmente independiente y puedo adaptarme a todo tipo de situaciones.
  10. De todo se aprende, lo comido por lo servido y que me quiten lo bailado.
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2 thoughts on “Au pair en Londres

  1. Hola, soy Andrea y he leído este post que me han traído desde el fbk una página feminista. La verdad que redactas muy bien y se entiende todo perfectamente. Y personalmente, valoro mucho el respeto con el que escribes, porque para mucha otra gente es muy fácil confundir el mal entendimiento cultural o de las costumbres con el racismo, y es algo que no tolero. GRACIAS por tomarte la molestia de haber escrito esto para futuras au pairs.
    Yo soy de Madrid y en 2º de carrera me fui un verano de au pair en Inglaterra con una familia nigeriana también, por eso te he comprendido bastante bien (yo también comía todo el rato el arroz y la carne mega picante, stew lo llamaban 😀 e incluso también se me perdió la rueda del maletón que llevaba y las distancias se hacían desafíos dignos del Gran Dakar). Es MUY duro y, por supuesto, te curte, te haces más fuerte a base de palos. Ahora valoro simplemente ser libre en casa, que es algo que damos por hecho, y estar en mi casita particular rodeada de mi familia y con un status social digno, por el que te respetan -lo que debería ser para todo el mundo mundial estés donde estés-. Ahora intento agradar más a la gente cuando está haciendo un trabajo duro (también gracias por remarcar lo de la explotación) porque se que no es fácil como personas sensibles que somos y mucha gente se siente con el poder de faltarte o tomarte como inferior.
    De todas formas, he de decir que tú tuviste bastante mala suerte y te topaste con gente algo despótica. En mi caso, yo buscaba también familias por la web cuando mi madre, que tenía contactos en Londres, encontró a una mujer con una niña autista de 8 años que pensó que podría ser beneficioso para ella que yo estuviera allí. Esta mujer era un encanto y nunca me trató mal porque entre otras cosas, ella también había estado de joven viviendo con una familia en Francia. Se mudó a Inglaterra dejando su amado trabajo y su vida, porque pensó que allí la pequeña Sammy tendría más oportunidades y servicios específicos que en Nigeria, pero realmente no me necesitaba porque era ama de casa mas que una migrante trabajadora al uso.
    Entre algunas experiencias, puedo decir que sí fue difícil comprender el acento (todo el rato como una tonta pidiendo que me repitiesen), comprender las reglas de la casa (la niña me pidió bebida y le di un vaso de zumo y me regañaron por eso), asumir el desorden y no saber cómo limpiar o la forma de ser (la increíble religiosidad también es un elemento muy impactante para una chica católica aunque atea de España y menos mal que nunca trataron de imponérmela). Moverme en general… Y tampoco yo conocí a otra gente ni salí por la noche porque no tenía una jornada definida sino unas tareas a lo largo del día. BENDITA MI PACIENCIA.
    Lo peor fue cuando al verano siguiente volví, pero esta vez, iríamos a visitar a su familia de EEUU, Canadá y amigos de New Jersey, además de una convención religiosa en Dallas 3 días. Este verano sí sufrí más, porque ya no estaba sólo con la mamá respetuosa y buena y la niña a la que ya he tomado casi como a una hermanita pequeña e inocente sino, con parte de la familia más dura de pelar y extremadamente exigente, pues a mí también me miraban con lupa y me criticaban todo lo que hacía). Alguna vez me hicieron sentir como si yo no mereciera tanto respeto o fuese una especie de esclava que tuviera que aguantar y tragar cualquier cosa. Ahí es cuando llamas a tu familia y te mueres de ganas por estar con ellos y volver a España. Por teléfono no hablaba de todo para que pensaran que estaba bien, pero se me hacían nudos en la garganta cuando escuchaba su voz.
    De todas maneras, considero Mi au pair como un momento en el que me di cuenta de mis capacidades y conocí muchísimas cosas que de otro modo, no hubiera visto. Cuando volví me sentí como un huracán imparable. No todo es malo, pero los momentos así fuera de casa se hacen cuesta arriba doblemente.

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    1. Hola Andrea;

      Lo has explicado perfectamente, asiento cada una de tus palabras. Está claro que yo tuve mala suerte, no sabía muy bien qué estaba haciendo y era la primera vez que trabajaba como aupair. En Google me pintaron todo maravilloso y yo necesitaba el dinero para seguir estudiando. Así fue cómo me fui a la aventura. Desde luego, de esta experiencia aprendí muchísimas cosas y no me arrepiento de nada. Hice lo que tenía que hacer en ese momento. Al igual que tú, después de tus experiencias como aupair, aprendiste y maduraste. También es cierto que esta entrada la escribí hace un año, con el tiempo se evalúa de otra manera.

      Para mí trabajar como aupair es una lotería. Quizás encuentres a una familia que te valore, ojalá. Pero podría darse el caso contrario y no existen mecanismos reales para protestar; no tienes derecho a nada. A no ser que pagues previamente a una agencia, bajo mi punto de vista, el objetivo es sobrevivir y no endeudarme nada más empezar. La conclusión es que en esta vida, de todo se aprende.

      Por otra parte, te agradezco que me hayas dicho el nombre el famoso arroz nigeriano. Siempre es positivo tratar con personas de otras culturas, ahí está la gracia, aunque no siempre sea fácil convivir juntos o que seamos personas ´´no compatibles´´. Gracias por tomarte tu tiempo para escribir este comentario, siempre me ilusiona que otras personas compartan sus experiencias por el mundo.

      Te mando un beso enorme;
      Laura.

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