Aveiro y Coimbra; conociendo a la mujer que me gustaría ser en un futuro

Después de visitar Porto: Porto; una visita rápidami amiga Mara y yo decidimos ir a Coimbra con una pequeña parada en Aveiro. Habíamos contactado a través de couchsurfing: ¿Qué es Couchsurfing?, con una mujer muy interesante que estaba dispuesta a hospedarnos en su casa de Coimbra. Helena estaba ya jubilada, era médico, tenía muchísimas anécdotas e historias de sus viajes alrededor del mundo. Ha estado en tantos lugares que soy incapaz de nombrarlos todos, me encantó su personalidad y la forma en la que entendía las cosas. Las pasadas navidades, trabajó como voluntaria en Grecia, ayudando a los refugiados que huyen de la guerra en Siria. De mayor me encantaría ser como ella, una mujer independiente con espíritu joven que todavía tiene muchos planes por cumplir. La conocimos de casualidad, un par de semanas después de nuestra visita, se fue a Irán. Sí, tener setenta años no es un impedimento para ir a un país tan diferente como Irán. La amé por ello.

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Rumbo a Coimbra. Las flores que llevaba Mara en la mochila, fueron un regalo del camarero del bar de Porto donde escuchamos fado en directo.

Pero en primer lugar, quiero hablar un poco sobre mi visita relámpago a Aveiro. Ya he comentado que viajar en tren por Portugal me parece algo acertado, los precios son asequibles y en general el servicio que ofrecen es satisfactorio. Llegamos a Aveiro desde Porto a la hora de comer, decidimos tomar un menú por 5 euros y una jarra de cerveza para las dos por 1 euro. Sobró comida en nuestro platos, las proporciones en Portugal es una dimensión paralela. Poco jamás será poco, mucho no se parecerá a tu concepto de mucho. Los platos son bandejas.

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Aveiro

Aveiro es conocido por sus canales, por donde estuvimos paseando y disfrutando del buen tiempo. Es posible subirse en un pequeño barco y recorrer la ciudad, pero ni teníamos tiempo ni dinero suficiente. Ya he dicho que fue una visita relámpago, dos horas más o menos, y caminar con la mochila no siempre es agradable. Regresamos a la estación de trenes y nos fuimos en el primero con dirección a Coimbra.

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Calles de Aveiro, buscando un restaurante.

Helena, nuestra host, quedó de recogernos en el centro a las ocho. Tuvimos toda la tarde para recorrer las calles de la ciudad universitaria. Ella tenía razón, hacen falta más días que uno solo. Insistió para que quedásemos más tiempo, sin embargo, no fue posible porque la Semana Santa estaba a punto de terminar y debíamos volver a los estudios. Aunque yo estaba estudiando a distancia, solo necesitaba un ordenador y acceso a internet.

Terminamos muertas, caminamos un montón y con las mochilas es un doble esfuerzo. Descansamos en un bar donde los dueños eran de Angola, es común en Portugal conocer a gente de países africanos porque fueron antiguas colonias. Me gusta la mezcla de culturas, obvio discrepo con la dominación de los pueblos y la Colonización. Lisboa también es una ciudad multicultural, por las calles caminan personas originarias de: Mozambique, Brasil o Cabo Verde. Incluso Macao, en Asia, estuvo bajo el dominio portugués.

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Paseando mi mochila por Coimbra
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Coimbra

Helena apareció, primero hicimos una parada para cenar. Llamó a un amigo y nos vimos en un restaurante, sin lujo pero con una comida espantosa (palabra que en portugués significa: asombrosa; chiste fácil). Pedimos lamprea con arroz y ossos. Creo que la lamprea es el animal más feo que hay sobre la tierra, para mi sorpresa, estaba rica. Un país se conoce por el paladar, no soy una gran aficionada a la gastronomía y no tengo buen diente como Mara, pero sé identificar lo bueno. El sabor de este plato es extraño, la textura es diferente y el arroz cocinado con la propia sangre de la lamprea le da un toque nuevo. Merece la pena, hay que darle una oportunidad. Los ossos son huesos de ternera, creo, también es una buena elección.

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Universidad de Coimbra

Nos subimos en el coche y fuimos a las afueras de Coimbra, haciendo un pequeño tour. Al llegar Helena nos dejó las llaves de una de sus casas. Estaríamos solas, ella dormía en la casa de en frente. La casa era una construcción de piedra, muy antigua, rodeada de un jardín y con vistas a la ciudad. Tuvimos mucha suerte y Helena era una mujer encantadora. Por la mañana, antes de irnos, nos preparó un desayuno espectacular: pan recién hecho, café caliente, queso, chorizo… Nos despedimos de ella con un fuerte abrazo y le agradecimos todo lo que había hecho por nosotras. Todavía mantenemos el contacto.

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Cerca de su casa había una parada de autobuses urbanos y volvimos a la estación de tren, volvimos a Porto y allí cambiamos de tren para llegar hasta Vigo. En lo personal, para este trayecto recomiendo el autobús. A nosotras no nos coincidía el horario, pero el precio es similar y más rápido. El tren hizo demasiadas paradas, estábamos cansadas y queríamos llegar rápido. Fue una buena Semana Santa, viajar con una de tus mejores amigas es siempre un gusto. Encima creo que Mara le ha cogido el gusto a hacer couchsurfing y andar por el mundo con la mochila.

Si quieres leer más cosas sobre Portugal, dale al siguiente enlace:

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