Transnistria, un viaje en el tiempo

En los últimos años he tenido la oportunidad de poner mis pies en nada más y nada menos que 16 países. Pero puedo asegurar que jamás me había planteado la posibilidad de viajar en el tiempo. Regresé a antes de la Caída del Muro de Berlín (1989), en el mes de mayo cuando pasé la frontera Moldavia-Transnistria y llegué a Tiraspol. Era como si el tiempo se hubiese detenido, los nombres de las calles honraban a líderes comunistas y los edificios del gobierno estaban presididos por bustos de Lenin. Definitivamente me encontraba en el único pedazo de la URSS que se conserva en Europa.

Transnistria es un destino obligatorio para los amantes de la historia y viajeros curiosos; rompe con los itinerarios de las rutas turísticas. No aparece como uno de los destinos a tener en cuenta cuando escribes en google: ´´qué ver en Europa´´. Era lo que me resultaba más atractivo, ser una de las pocas españolas que había tenido la idea de visitar Tiraspol.

Un poco sobre la historia de Transnistria:

  • Se sitúa entre Moldavia y Ucrania. Tiene problemas con ambos países por cuestiones ideológicas, históricas y territoriales.
  • El expresidente de Transnistria, Igor Smirnov (1991-2011), guarda una estrecha relación con el conglomerado empresarial: Sheriff. Dicha agrupación tiene  en propiedad gasolineras, grandes almacenes e incluso el equipo de fútbol nacional. Se resume en una palabra: oligopolio.
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Gasolinera Sheriff
  • El actual presidente es Yevgeny Shevchuk, quien ejerce el cargo desde diciembre del 2011.
  • En 1990, Transnistria declaró su independencia de Moldavia, quien rechazaba el proceso separatista. Ese mismo año, estalló una guerra civil entre Moldavia y Naciones Unidas contra el ´´Estado no reconocido´´ y los tímidos apoyos de Rusia y unidades cosacas. Hasta 1992 no se firmó el alto al fuego que hasta día de hoy, ha sido respetado.
  • Y finalmente, repitiendo lo que ya se ha dicho, Transnistria es un Estado no reconocido. Un territorio que ansía separarse jurídica y políticamente de Moldavia, pero dicho objetivo no se ha logrado todavía porque la ONU y Europa no reconocen dicha independencia. Sin embargo, su escisión es una realidad social y un hecho.

Volvamos a mi experiencia en Transnistria…

Tomar la decisión de visitar este país (aunque no esté reconocido, yo le llamaré así) no fue sencillo, la información que leía en internet era confusa. Transnistria es interesante estés o no estés de acuerdo con el comunismo, como he dicho, es un viaje en el tiempo.

Tal y como me lo habían pintado, ser una joven mochilera y pretender viajar a Tiraspol era un auténtico suicidio. En diversos blogs, no dudo de su legitimidad pero mi experiencia fue completamente diferente, explicaban que en la frontera habría que sobornar a los guardias y pasar un duro interrogatorio. Una vez pasado ese trámite, si es que lo has conseguido, debías estar alerta para que ningún policía te apuntase con su kalashnikov. Por supuesto, estaba asustada y cada vez veía menos posible visitar Transnistria.

No sabía qué hacer, tampoco me quería arriesgar a pagar un alto soborno o que me pasase algo peor, viajaba sola y mi familia estaba a miles de kilómetros. Para colmo, no sabía decir nada en ruso y solo podría hablar en inglés, portugués o español. Si las cosas salían mal, ¿a quién podría pedir ayuda?, ¿habría Embajada Española en un país que sobre el papel no existe?, ¿me podrían retener contra mi voluntad solo porque quería atravesar la frontera Moldavia-Transnistria?… Muchas preguntas y pocas respuestas.

Cuando conocí a mi host de Chisinau: Chisinau, la capital de Moldavia, de origen turco, le expliqué mis planes y le pedí su opinión. Lo primero que hizo fue reírse, lo cual me desconcertó. Le hizo gracia que tuviese interés por conocer un Estado que no está reconocido y se declara comunista, simplemente le parecía curioso. Yo insistí, uno de los motivos por los que estaba en Moldavia era pasar esa frontera y ver qué había al otro lado. Comencé a hablar de lo que había leído en foros y blogs de otros viajeros… su carcajada fue mayor. Me dijo que se puede pasar el control fronterizo sin ningún problema, él lo hizo para presentarse a varios campeonatos de kárate (trabajaba en Moldavia como entrenador) y nunca le dijeron nada por ir con el pasaporte turco. No tenía ni idea de las relaciones diplomáticas entre Turquía y Transnistria, pero… ¿serían mejores que con España y cuando viesen mi documentación se volverían locos?

Mi host me tranquilizó, me explicó que si me pedían dinero (cosa muy poco probable según él) jamás debía pagar y podría esperar al cambio de guardia, negociar sin poner un duro o volver en autobús a Chisinau. Me animó a ir, incluso se ofreció a acompañarme pero perdería un día de trabajo y no quise. No hice caso de todo lo que leí y confié en el criterio de mi host.

Mi llegada a Transnistria: 

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Mi host de Chisinau

Fui a la estación de autobuses de Chisinau con mi host, él me ayudó a comprar mi billete para Tiraspol. Iría sin guía, no me interesaba contratar un costoso tour e ir en un grupo como si fuésemos ovejas. Buscaba otra cosa, ir a mi aire y disfrutar de esa pequeña aventura. Me despedí de mi host y fui al andén para esperar mi autobús. No tenía claro dónde se estacionaría, pregunté en inglés a un hombre con ojos azules pero no me entendía. Con un gesto muy brusco me quitó el billete de las manos y muy alto me dijo algo en ruso, al ver mi cara se dio cuenta de que no hablaba su lengua y me indicó con sus dedos el número del andén. Le dije gracias en ruso (cuya pronunciación no recuerdo) y me dio una fuerte palmada en mi espalda a la vez que reía, imagino que sería un ´´de nada´´.

Me subí en una especie de miniautobús y le enseñé al conductor mi pasaporte para que supiese que era española y debía pasar el control. Hizo un gesto con la cabeza y me pasó el brazo por la espalda hasta llevarme al maletero y me ayudó a sacarme la mochila. Ya no había marcha atrás, en una hora y media (más o menos) estaría en la capital de Transnistria si todo salía bien.

Me sudaban las manos, nunca había estado tan nerviosa en un viaje ni siquiera cuando estuve en Marruecos sola. Esta ocasión era diferente, era un Estado no reconocido. Llegamos al temido control de fronteras, el conductor hizo un gesto y bajó conmigo y algunos viajeros moldavos. Se centró en mí, me indicó el lugar en el que debía esperar y se hizo a un lado. De repente me di cuenta de la sudadera que llevaba puesta, una que tiene unas grandes letras que pone: Cambridge. Me la quité lo más rápido que pude, intentando disimular pero un un gesto antinatural. Dos segundos después, llegó mi turno.

Crucé los dedos para que aquel joven policía, con muchas insignias comunistas, no se hubiese dado cuenta de mi vestimenta y que no me abriesen un consejo de guerra por presentarme ahí con algo de la patria de Margaret Thatcher. Empezó a hablarme en ruso, le enseñé mi pasaporte muerta de miedo. Miró mi documentación durante un par de minutos y en un inglés forzado me preguntó el motivo de mi visita, contesté que era turista. Noté que el conductor de mi autobús no me quitaba los ojos de encima, pendiente de todo lo que me preguntaba el guardia. La siguiente y última pregunta fue: ¿cuál es tu trabajo?. Automáticamente dije: socióloga. Levantó la vista y me miró fijamente, me puse todavía más nerviosa y me llamé estúpida por no haber dicho matemática o física, algo imparcial. Sonreí y dije en inglés: sí, estudié Sociología. Ya sabe: Marx, Lenin, Gramsci (una larga de autores que sabía que serían de su agrado)… tragué saliva porque no sabía cómo se iba a tomar mi comentario. En su cara se dibujó una media sonrisa, me señaló que firmase en un papel (escrito en ruso, no tengo ni idea de qué firmé) y me dio mi ´´visado´´. El conductor le dijo algo en ruso y dejaron que volviese a mi autobús. Se me quitó un gran peso de encima cuando le di la espalda al policía.

No sabía si el conductor me estaba ayudando o quería quitarme el dinero, prefería pensar que tenía buenas intenciones y no me equivoqué. Cuando estaba en mi asiento se acercó y con un pésimo inglés me dijo algo así como: no te preocupes, yo hablo ruso por ti. Me dio vergüenza haber pensado mal al principio. Veinte minutos más tarde llegamos a Tiraspol y  bajé en la última parada. En la casa de cambio solo cambié 10 moldavos para hacer la gracia y que me diesen dinero comunista, mi visado era por 24 horas y llevaba comida. Iba sin mapa, no tenía ni idea de dónde estaba y me daba miedo perderme y no conseguir subirme en un autobús de regreso a Moldavia en ese reducido plazo. Dejé la mochila, bebí agua y me tranquilicé.

Empecé a explorar la ciudad y sacar algunas fotografías con mi cámara pequeña, no quería que nadie se ofendiese, pronto llegué al Parlamento presidido por un busto de Lenin. Aquel selfie merecía la pena, intenté disimilar (poco porque llevaba la mochila a la espalda) y saqué mi móvil. Un guardia me dijo algo en ruso y yo solo puse cara seria y me disculpé con un gesto, me fui de ahí casi corriendo porque no me gusta tratar mucho con gente con uniforme. Cada esquina de la ciudad me llamaba la atención, era una sensación única estar ahí.

 

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Un selfie que merecía la pena

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Tiraspol es una ciudad pequeña y se visita rápido pero merece la pena dedicarle su tiempo. Yo me cansé de pasear por sus calles y fijarme en la gente, muchos de ellos militares y muy jóvenes. Por la tarde decidí volver, caminé hasta la estación de trenes donde me había dejado el autobús. Supuse que desde ahí debían volver a Moldavia, menos mal que no estaba equivocada. Me acerqué a un autobús que ponía Chisinau en ruso, en mi visado aparecían las misma palabra y di por hecho que era la capital moldava. Un señor me señaló la estación y me enseñó un billete, entendí que debía pagar dentro. En la taquilla me atendió una señora mayor, las tarifas estaban escritas en un papel y pagué el triple que aquella mañana. No me estaban timando por ser turista, sino que en Transnistria todo tiene un impuesto especial y lo destinan al gobierno o lo que es ´´lo mismo´´: el oligopolio Sheriff.

Volvieron mis nervios, debía pasar de nuevo el control fronterizo y no tranquilizaba que el conductor fuese comiendo un bocadillo, fumando y echándole unos tragos a algo que seguro que no era agua. La situación era surrealista, aquel hombre conducía mejor que yo e incluso esquivaba los baches de la carretera. En esta ocasión no bajamos del autobús, subió un policía y nos pidió la documentación y los visados. Era la única europea, todos los pasajeros eran de Moldavia o Transnistria. De nuevo crucé los dedos para que no me dijesen nada y a los cinco minutos más tarde me devolvieron mi pasaporte y el autobús arrancó. Mi pequeña aventura en la antigua URSS se había acabado.

Mi siguiente parada era Constanza, en Rumanía, dormiría en el autobús porque eran 12 horas de trayecto. Mi autobús salía a las 22:00 y tenía cuatro horas libres, salí de la estación y quedé pensando a dónde ir o qué hacer. De repente se hizo la magia, me empezó a hablar en inglés una chica preguntándome si necesitaba ayuda. Tatiana, que así se llamaba, estaba sorprendida de que fuese turista. Una cosa llevó a la otra y terminé comiendo con ella una cena tradicional moldava y un vino que estaba buenísimo, Tatiana se empeñó en invitarme y le prometí que cuando visite España yo pagaré. De pura casualidad conocí a alguien increíble, cuyo último viaje fue por China. La magia de viajar.

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3 thoughts on “Transnistria, un viaje en el tiempo

  1. Yo también llegué un poco nervioso a la frontera de Transnistria porque me esperaba sobornos e interrogatorios como los que leía en diversos blogs, pero el tipo de fronteras me hizo tres preguntas, me dio el visado y adelante. Solo pude estar 10 horas, el tiempo del visado, y conocí Tiraspol y Bender, al otro lado del río, y a la vuelta sí me puse nervioso. No sabía dónde tomar el bus de vuelta a Tiraspol, me empezó a llover, me puse a caminar bajo la lluvia por el puente, pasó un bus, le hice autostop, el tipo redujo la marcha y sin detenerse me agarré a la barandilla y de un salto me subí. Me quedaba una hora y media para abandonar el país, pensé que el bus me llevaría a la estación de tren y marshrutkas, pero se desvió y me dejó en mitad de la nada. Tuve que empezar a correr, me quedaba una hora. Fui a taquillas, compré billete para marshrutka (la última del día), intenté cambiar el dinero de vuelta a euros (no quisieron), el tipo de la marshrutka me intentó estafar dándome la misma cantidad en lei moldavo (no acepté) y al final abandoné el país tres minutos antes de que me venciera la visa. Toda una odisea. Volveré algún día próximo.

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    1. Muchas gracias por tu testimonio. Sincero y sin filtros. Toda una aventura, no hay duda. En la web muchas veces encontramos relatos paranoicos o surrealistas, cuando deberíamos ceñirnos a la realidad.

      Todos pasamos nerviosos la frontera de Moldavia con Transnistria. Es lo que nos han vendido. Especialmente, si eres una mujer joven que va a meterse en ese mundo. Nunca debemos perder la calma. Siempre hay soluciones. En el peor de los casos, tendría que haber pagado un soborno. No fue mi caso, el policía me hizo unas cuantas preguntas: cuál era mi trabajo, cuánto tiempo pensaba quedarme en el país, cuál era la razón por la que me interesaba visitar ese lugar…

      Como relato en este artículo, fue un viaje en el tiempo. Un lugar peculiar y con mucha historia que contar. También una gran forma de perder los miedos y no hacer tanto caso a lo que dice la web. En google encontramos de todo.

      Un saludo y gracias de nuevo,
      Laura

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  2. Bueno, hay blogs que te narran el cruzar la frontera de Moldavia a Transnistria como si cruzaran de Irak a Siria. No digo que Transnistria no fuera así en 2006 y que los de fronteras pidieran sobornos, pero las cosas ya no son así. El tipo me hizo tres simples preguntas y me dio el visado por 10 horas y me monté en la marshrutka otra vez.

    No me quedé más tiempo porque no tenía días. Me quedé con cosas por ver en Moldavia como Soroca y Gagauzia. Wizzair ofrece ahora vuelos a Chisinau a 50 euros (desde Barcelona, por lo menos, de donde yo soy) y no descarto volver para quedarme en Transnistria una semana entera, registrarme en la policía (creo que tienes hasta un mes por una pequeña suma de dinero) y conocer más a fondo el territorio. También aprovecharía para conocer Gagauzia, que es otro territorio autónomo de Moldavia, aunque no con los problemas que tiene con Transnistria.

    En Semana Santa me iré a Armenia y también haré un viaje a otro de estos pseudopaíses: Nagorno-Karabaj.

    ¡Mucha suerte en tus viajes!

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