Mi primera experiencia como anfitriona en couchsurfing

Creo recordar que la primera vez que alojé a alguien en mi casa a través de la web de couchsurfing fue en noviembre del 2014, aunque mi perfil lo hice ya en el año 2013. Estaba contenta, alojaría a un chico de Inglaterra por unos días en mi casa de Viña del Mar (Chile). Además había convencido a mis compañeros de piso, mexicanos, y aceptaron rápidamente. Pero no todos los comienzos son maravillosos.

Fui a buscarlo a la estación de autobuses, cercana a nuestra casa. Dejó las mochila y le enseñé el sofá-cama en el que dormiría. Le enseñé toda la ciudad, había organizado todo para poder pasar tiempo juntos. No me gustaba la idea de alojar a alguien en mi casa y no disponer de nada de tiempo, ni para mantener una simple conversación. Era un poco extraño, intentaba hablar y él nunca no respondía o bien decía monosílabos. No había dificultades con el idioma, había vivido varios años en España porque fue profesor de inglés en Salamanca y otras ciudades.

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Zac, el primer couchsurfing que alojé en casa. Noviembre del 2014, Viña del Mar (Chile)

Tampoco hablaba con mis compañeros de departamento, definitivamente era tímido y no teníamos casi nada en común. Después de tres días en casa me pidió si podía quedarse otro más, y al final me lo volvió a pedir y fueron cinco días en total. Yo le expliqué que no podía dedicarle más tiempo, tenía muchas responsabilidades de la universidad y debía ir a clase. Me contestó que podría visitar por su cuenta, que se adaptaría. No salió de casa en dos días, solo veía series en su ordenador. Su siguiente destino fue La Serena, en la Región IV de Chile. No escribió ninguna referencia en mi perfil, casi no hablamos y al final parecía que solo quería un lugar donde dormir y comer gratis.

De todos modos me convencí de que no todas las experiencias tendrían que ser así, no me iba a rendir tan fácilmente. La siguiente persona que alojé en casa fue una chica brasileña, de Florianópolis, encantadora. Me regaló una botella de caipirinha, me enseñó a hacerlos, y un día cocinó brigadeiros porque sabía que me encantaba el chocolate. Estuvo cinco días en casa, mi compañero de piso mexicano también la adoró.

Ya en España en casa se ha quedado un francés, quien estudiaba en Barcelona como estudiante de Erasmus. Fue el primer chico de couchsurfing que durmió en la casa de mis padres en Galicia, cenamos empanada de zamburiña. Y en una semana vendrán dos belgas, es simpático su viaje porque vendrán a España en moto y aprovecharán para conocer también Portugal. Seguro que me cuentan muchas anécdotas graciosas e intentaré mostrarle Galicia.

Hagamos que couchsurfing mantenga su cometido, esa esencia que hacen que los viajes sean más enriquecedores.

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