Pisa. Mi llegada a Italia.

No era la primera vez que estaba en Italia, en abril estuve trabajando como aupair en el norte. En realidad, muy cerca de Francia y en medio de un ambiente que no se parecía en nada a lo que había imaginado que sería Italia, el Piamonte es peculiar y es diferente a las típicas películas en las que una pareja conduce una Vespa por Roma. Después de mi experiencia ´´no perfecta´´ como aupair: Mi experiencia como aupair en Italia, decidí invertir mi modesto sueldo en lo que me hace verdaderamente feliz: viajar. Abrí la página web de Ryanair y compré los billetes más baratos:

No tenía pensado volver a Italia, o al menos tan pronto, pero en el mes de junio conocí a un par de belgas: Tim y Maarten, a través de couchsurfing. Quedaron en mi casa de Galicia, en un pueblo a pocos kilómetros de Santiago de Compostela. Nos hicimos buenos amigos, en muy poco tiempo y Maarten y yo decidimos irnos de viaje en agosto. Trabajamos, juntamos algo de dinero, me apliqué con el inglés, armamos las mochilas y nos fuimos. Al principio pensamos en viajar a Croacia, pero las conexiones aéreas entre Bélgica, España y este país son pésimas. Descartamos la idea y al final Ryanair hizo posible que nos fuésemos a Italia.

Yo volé el once de agosto, cuatro días antes de que lo hiciese Maarten ya que él estaba en Grecia y tenía que pasar por casa para mínimo para echar la ropa a lavar y meterla de nuevo en la mochila. Así tal cual. Me salía más barato salir desde Madrid ese día, previo viaje de 10 horas en autobús desde Pontevedra (23 euros). Por casualidades de la vida contacté con una argentina que andaba por Europa con la mochila, muy típico de este gente. Andrea estaba haciendo couchsurfing muy cerca de Pisa y quedamos en vernos ahí. Muy surrealista la situación y para mí fue perfecto porque estaría acompañada.

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Torre de Pisa

Las historias de Andrea no tienen ningún desperdicio, yo soy una mochilera nivel cachorro en comparación con ella. A parte de patearse media Latinoamérica, recientemente Chile, ahorró para venir a Europa y estuvo mochileando por: Portugal, España, Francia e Italia. El método de esta mujer es hacer autostop, montar la ruta día a día y quedar a dormir donde toque. Tiene muchas anécdotas con camioneros que la llevaron sin darle nada a cambio, solo una conversación y una bonita sonrisa. Desde luego, creo que esta argentina debería abrir un blog y contar sus peripecias al mundo. Viajar es más sencillo de lo que parece y con sentido común, se puede ir a cualquier parte. A mí me inspiró, sinceramente; lo que en mi cabeza parecían locuras a ella le pareció una linda forma de vivir. Estoy esperando nuestro segundo viaje juntas, yo voto por India.

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Mi tienda de campaña. 23 euros en Decathlon, 2,2 kg, cabe en una mochila de 50L y es para dos personas. Muy fácil de montar.

El caso es que llegué a Madrid después de diez horas de autobús para atravesar media España, cené con un buen amigo de la universidad y dormí en el aeropuerto. Esta vez llevaba saco de dormir y una tienda de campaña del Decathlon para dos personas. Si quieres saber qué llevaba en la mochila, puedes ver el siguiente vídeo: . A las siete de la mañana salió mi avión y me fui directa para Pisa.

Al llegar, no tenía internet y no podía avisar a Andrea. Salí del aeropuerto y conseguí una wifi y le di señales de vida. Quedamos de vernos en la estación de tren que conectaba con el aeropuerto. Subí en un autobús, para mi sorpresa fueron 1,30 euros y fui al centro. Volvía a estar sin internet, di mil vueltas pero no vi a Andrea, decidí visitar la ciudad y cuando estuviese conectada a una wifi hablaría con ella. Mi móvil no funcionaba, no podía llamarla directamente. No era la primera vez que estaba sola en otro país, pero la tecnología me cabrea y me asaba con la mochila a la espalda. 

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Pisa
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Marina de Pisa. Andrea, psicóloga argentina de formación y viajera de corazón.

Atravesé muchas calles, no recuerdo los nombres, sin mapa porque la oficina turística estaba cerrada. Seguí a las masas y dejé que Pisa me sorprendiese, sería patético e imposible no encontrar la famosa Torre de Pisa. Quizás tenía unas expectativas altas, creadas a base de ver en la televisión la belleza de Italia y sus monumentos. Sin embargo, la ciudad no fue lo que esperaba. Era agosto, los turistas acaparaban todo el espacio y no escuché italiano en ninguna parte. Cuando llegué a la torre, todo el mundo estaba ingeniándoselas para salir en una foto con un gesto estúpido, intentando demostrar que tenían tanta fuerza como para enderezarla. Un montón de personas gritando en diversas lenguas: más a la derecha que no sale bien, no, un poco más a la izquierda. No es mi estilo.

Tiré mi mochila en el césped y me senté; intenté conectarme de nuevo a una wifi y no fui capaz. Empecé a pensar alternativas y alguna forma para hablar con Andrea, la realidad puede superar a la imaginación. De repente escuché a unos argentinos, me giré y les hablé porque estaban mirando un móvil. En primer lugar me presenté, después le expliqué mi situación y les pedí por favor que llamasen a esta chica. Tenían un número italiano y otro argentino, me salvaron. Si alguna vez quieres quedar con un argentino en uno de los lugares más turísticos de Europa, tú solo busca a otro argentino y ya el universo te ayuda. Fue como buscar a Wally pero al final nos vimos.

Por fin estábamos juntas, después de nuestros percances. Ambas teníamos las mochilas a las espaldas, los supermercados no tenían taquillas y estábamos cansadas. Decidimos buscar un lugar en el que dormir, al estilo más gañán y económico: echar la tienda (Andrea le llamaría carpa) de campaña por ahí. En Latinoamérica lo hace mucha gente, me arrepiento de no haber viajado con ella cuando estuve por ese continente. Cuando haga mi viaje Buenos Aires-Usahaia a dedo, llevaré mi tienda de solo 2,2 kg. Para ser sinceros, tenía mi pequeña experiencia con Mara por Portugal pero me daba confianza volver a acampar con otra persona, no tengo claro si soy capaz de hacerlo sola. En Latinoamérica, sí, en Europa no lo sé.

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Nuestra tienda de campaña y la bolsa del supermercado con la comida

Evidentemente nuestro plan era salir de la ciudad, no pagar un camping y echar la tienda por ahi siendo cívicas. No íbamos a dejar todo lleno de basura o hacer un fuego, tenemos dos dedos de frente. Al principio fuimos caminando, cuando vimos nuestro nivel de estupidez, nos subimos en un autobús urbano a Marina de Pisa. La playa era el mejor lugar para acampar, en la misma arena o en el monte que había cerca. Estuvimos dando vueltas y un hombre se puso a hablar con nosotras, no recuerdo su nombre pero era de Senegal, aunque hablaba español e italiano. Llevaba cinco años fuera de su país, sin ver a su familia y realizando trabajos mal pagados. Primero probó suerte en España, después en Francia y ahora estaba en Italia. Se encargaba de limpiar la playa, a cambio de un sueldo miserable. Le preguntamos si podíamos acampar y nos dijo que sí, que no nos preocupásemos de nada y que él nos ayudaría. Nos dio una lona, nos dijo el mejor lugar y dijo que las personas que no tienen casa tenían que ayudarse. Estaba claro que él sabía lo que era dormir en la calle, y no precisamente por viajar sino para ganarse el pan.

Me hizo gracia dormir allí, con el sonido del mar de fondo y no pagar era algo muy positivo. El inconveniente fue que no teníamos más duchas que las de la playa y el agua era fría. Por la mañana recogimos la tienda cuando llegaron algunos trabajadores para limpiar, nadie nos dijo nada e imagino que sería porque nos habíamos comportado. Volvimos a la ciudad, con las mochilas a la espalda. Pasamos dos días en Pisa, durmiendo siempre en la playa y hablando con nuestro amigo senegalés. Detesto no recordar su nombre.

Nuestra siguiente parada era Roma, compramos a través de la app: EuroGo, por solo 9 euros y fueron cuatro horas y media de viaje en autobús. Casi lo perdemos, no estaba clara la parada pero al final nos ayudó una italiana que decía ´´capito?´´ cada dos segundos. Nos vio completamente perdidas por la calle, nos preguntó a dónde queríamos a ir y nos llevó en coche a la otra punta de la ciudad. Adorable. Me encanta cuando los extraños te ayudan; porque nos enseñan a no hablar con nadie y a tener miedo, pero yo creo que lo mejor de viajar son las experiencias que te aportan los demás.

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