Tivoli y Carsoli; empezaba la verdadera aventura por Italia

Como he adelantado en entradas anteriores, nos quedamos solos Maarten y yo en Roma. Andrea continuó su viaje, llegando a Barcelona a dedo para subirse al avión que la llevaría de vuelta para Argentina. Nosotros pensamos más o menos nuestro ruta, buscamos en google maps las posibilidades y en cinco minutos decidimos el camino a seguir. Dejamos el camping de Roma, montamos las mochilas (yo tardé más tiempo porque soy mucho más desordenada) y nos fuimos en metro a las afueras de la ciudad.

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En proceso de dejar el camping de Roma. Sí, siempre llevo golpes en las piernas.
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Centro de Tivoli

Al salir del metro, entramos en un supermercado para pedir un cartón. Con mi italiano básico, ya que no hablaban inglés, les pedí una caja que les sobrase. Escribimos: Tivoli/Carsoli y nos pusimos a hacer autostop. Un camarero, que trabajaba en un restaurante cercano, nos indicó la parada del autobús y se puso a hablar con el conductor. No entendí nada, usaban expresiones que jamás he oído. Nos hizo unas señas, no pagamos nada y una hora después llegamos a Tivoli.

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Maarten con nuestro querido cartón

Era un pueblo de montaña, que nada tenía que ver con el jaleo de Roma. Definitivamente, nadie hablaba bien inglés y el pobre Maarten se estaba desesperando; tuve que esforzarme por hablar italiano y traducir todo al inglés. Después de dar unas vueltas por ahí, comer unos bocadillos que llevábamos en una bolsa y descansar en un banco para no cargar más tiempo con las mochilas. Hicimos autostop e intentamos ir a la zona de L´Aquila, donde una semana después fue el gran terremoto que por suerte, no presenciamos. Era complicado llegar a los pueblos porque estaban perdidos en medio de la montaña y repito: nadie hablaba nuestro idioma.

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Mirador de Tivoli
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Tivoli, un pueblo cualquiera

Tras muchas peripecias, hablar con mucha gente y subirnos en autobuses donde los conductores, entre sonrisas, nunca aceptaron nuestro dinero: llegamos a Carsoli. Se trataba de otro pueblo similar, donde algunas señoras nos indicaron un buen lugar para comer pizza y tomar una cerveza artesana. Los precios no eran los de Roma, podíamos permitirnos comer decentemente y saborear una buena cerveza en una terraza.

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En alguna parte de Italia: camino a Carsoli
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¡¡ La cerveza era mejor que mi cara !!

El día se estaba terminando, teníamos que pensar en un lugar para dormir, es decir: ¿dónde puñetas íbamos a echar la tienda de campaña, sin pagar ni un duro?. Carsoli era pequeño y no tenía mucho más que ver, fuimos a la estación de tren y por seis euros nos fuimos a Sulmona. Hay que recordarlo siempre, en Italia, es obligatorio validar los billetes y librarse de una multa. Parece una tontería, pero son muy quisquillosos con esas cosas.

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