Trabajar como aupair: sinónimo de precariedad. Mi opinión después de mi experiencia en Reino Unido e Italia.

Hace un año me embarqué en una gran aventura, quise conocer Europa a la vez que finalizaba mis estudios universitarios. Después de meditarlo, mucho, decidí trabajar como aupair en Londres y unos meses más tarde probé suerte en Italia. Puedes leer mis experiencias en: Au pair en Londres y Mi experiencia como aupair en Italia. Google me proporcionó toda la información que necesitaba, o eso creía. Leí diferentes blogs y todos hablaban de la gran oportunidad que suponía el mundo aupair. Me encandilaron con sus buenas palabras y me encantó la idea de practicar un idioma, de la forma más natural posible: metiéndome en otra cultura y tener que comunicarme en esa lengua las 24 horas del día. Lo admito, idealicé el concepto de aupair.

A los 21 años, se quieren hacer muchas cosas y nuestra falta de experiencia puede hacer que nos llevemos un buen batacazo. Sin embargo, creo que el único fracaso es no intentar algo que anhelas. En mi blog intento ser fiel a lo que pienso, contar mis experiencias tal cual fueron vividas. Desde luego, tal vez hable mi opinión sesgada fruto de una pésima suerte, pero jamás volvería a trabajar como aupair. No dudo del testimonio de otras personas, en su mayoría mujeres; pero a raíz de mi experiencia como aupair, sólo puedo concluir que viví en primera persona la precariedad que otras compatriotas sufren a diario en Europa.

Por todos es sabida la situación política, económica y social de España. Muchos se empeñan en negar los hechos, sin embargo, la realidad no desaparece. Todos los días, desde cualquier aeropuerto español, se suben jóvenes en un avión en busca de un futuro mejor. Pueden intentar hacer las Américas, como muchos gallegos hicieron, o bien probar suerte en Europa. De hecho, hoy después de mi clase de portugués, estuve hablando con una compañía acerca de todo esto. Ambas tenemos la misma edad y estudios universitarios. La cantinela es la misma: estudia un master. Mi pregunta es: ¿para qué?. Lo que me planteo es: ¿voy a aprender algo nuevo?. No quiero coleccionar títulos como si de cromos se tratase, no tiene el más mínimo sentido. Lo que busco es seguridad laboral, un empleo acorde a mis conocimientos y que ser emprendedor en mi país no sea una misión suicida.

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Londres, cuando trabajé de aupair

Hace un año necesitaba dinero y estaba en una pequeña crisis existencial después de volver de Chile. Echaba de menos Latinoamérica, quería terminar mi carrera y viajar. Hice todo en uno. Trabajar como aupair puede resultar atractivo, es algo rápido y fácil de conseguir. Sospechoso, ¿no?. Pero como ya he dicho, quise ver lo que quería. Mi familia, como siempre, me apoyó en mi decisión y si algo me han enseñado es que la vida no es otra cosa que la acumulación de experiencias. De los mayores tortazos, también se aprende.

A continuación intentaré ser más clara y enumerar las razones por las que jamás volvería a trabajar como aupair:

  • Londres:
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Tony, el niño de la segunda familia para la que trabajé en Londres
  1. El año pasado, a finales de septiembre, hice las maletas y me fui a Londres. Un clásico para los españoles: ir a Reino Unido para aprender inglés. No hay una idea más absurda, Londres es una ciudad multicultural en la que no hay ni un solo inglés verdadero. Por las calles puedes comunicarte en cualquier lengua y no nos engañemos, está llena de españoles. En los últimos años, muchos jóvenes licenciados se han ido, entre ellos mi hermano mayor, y unos han conseguido trabajo y otros no. En definitiva, si quieres aprender inglés, vete a otra parte del país.
  2. Reino Unido me gustó porque ganaría más dinero, a pesar de los gastos. El sueldo mínimo son 100 libras a la semana, la familia te da comida y alojamiento. Mi jornada laboral era tan larga, hasta doce horas, que cuando terminaba no tenía ganas de hacer nada y tampoco estaba cerca del centro. Nadie vive en el epicentro de Londres; yo vivía a 45 minutos, dos transbordos y un barrio residencial. Un completo aburrimiento.
  3. Siempre es difícil familiarizarse con otra rutina, más si tienes que vivir en una casa donde las normas no las poner tú. Las familias con las que viví en Londres, dos porque tuve mala suerte y me di a la fuga de la primera (más detalles en: Au pair en Londres),  eran de origen nigeriano. Su estilo de vida, era muy diferente al mío. Ambos son igualmente válidos, no pretendo hacer una jerarquía, pero no supe adaptarme a ellos y viceversa. Eran cristianos: iban a la Iglesia todos los días, bendecían la mesa, escuchaban música religiosa… Tenían buenos sentimientos, la segunda familia, los problemas surgieron cuando pretendieron que yo me comportase como ellos. Tengo mis propias ideas y principios, era imposible adaptarse y entenderse, así que mejor cada uno por su lado. Yo fui sincera, dejé claras mis ideas y mi personalidad. Con la primera familia, fue un caso más extremo. El hijo mediano tenía marcas por todo el cuerpo, evidentemente le habían pegado y eso sí que no lo consiento. La madre defendía un modelo de educación que no me cabe en la cabeza: gritos, golpes, discriminación o un trato desigual para su hija mayor por el mero hecho e ser mujer. En esa casa solo estuve un día, quedé asustada y no sé dónde está Servicios Sociales.
  4. Completa inestabilidad. En ambas familias sentí la misma inseguridad, el temor de que en cualquier momento pusiesen mi maleta en la calle y me dijesen adiós. En teoría, toda aupair trabaja con contrato y en él constan sus derechos y deberes. En la práctica, te dirán que estás a prueba y que de eso se hablará más tarde. No sé dónde quedaron mis derechos, todo el día recibía órdenes y debía ser la doble de la madre. Aseguro que cuidar a los niños no era lo más duro, lo peor era tener a alguien pegado a ti que te decía constantemente que eres una inútil.
  5. Aupair como intercambio cultural, un cuento de hadas. Un día le pregunté a la madre de la segunda familia qué consideraba que era una aupair, resumiendo: una asistenta que cobra menos y que es de otro país por lo que le da otro status a la casa. He sido clara, ¿verdad?. Recuerdo que dos veces por la semana venía a casa una chica moldava, se encargaba de limpiar la casa y otras tareas. Cobraba 10 libras la hora, le pregunté un día cuando nadie me miraba. Tampoco tenía contrato y la madre prescindió de sus servicios cuando llegué yo: ¿casualidad?. La aupair es la encargada de cuidar a los niños, enseñar otro idioma, compartir culturas… Puede que haya familias que sí lo entienden, pero la mayoría (según mi experiencia y la de otras chicas) te verán con ojos de: eres la española muerta de hambre que hará todo lo que te pida porque no tienes otro lugar al que ir. Efectivamente, estaba contra la espalda y la pared. No lo aguanté, no tenía sentido prolongar esa situación, me armé de paciencia y aguanté hasta que mi salario cubrió mi inversión. Traté de buscar otra familia. Lo reflexioné con la almohada y me compré un billete de avión para Galicia, me presenté por sorpresa en la fiesta de cumpleaños de mi abuela y le hice el mejor de los regalos: un abrazo de su nieta pequeña.

Creo que esos cinco puntos son las razones más relevantes por las que jamás volvería a trabajar como aupair en Londres. En realidad, no visité la ciudad y pasé casi todo el tiempo metida en cuatro paredes: levantarse a las 6:30, hacer las tareas del hogar (mías y las del resto de la familia), cuidar a un niño o varios, aguantar a la madre y sus manías… agotador. Mi madre ha luchado para darme estudios y las oportunidades que ella no pudo tener, no pienso estar en Europa trabajando de forma precaria. No desprecio ningún empleo ni me asusta el trabajo, lo que intento plasmar, es que no tengo cargas y no quiero perder mi tiempo en experiencias que me aportan entre poco y nada. Aprendí cosas muy importantes, claro que sí, por ejemplo que el apoyo de mis seres queridos es incondicional y que no creo en las historias idealizadas de los emigrantes. Con respecto a lo último, yo hablo de exiliados porque es gente que se va con una mano y otra detrás, sin libertad de elección ya que no cuentan con opciones. Soy gallega, sé qué significa irte de tu tierra y lo duro que es labrarse un porvenir a miles de kilómetros.

  • Italia:
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Courmayeur, Norte de Italia
  1. No me di por vencida y en abril del 2016, volví a pillar la mochila y me fui a Italia. De nuevo decidí trabajar como aupair, en el Piamonte muy cerca del Mont Blanc. Esta vez con mayores seguridades, el testimonio de una conocida y más rigor la hora de realizar las entrevistas. Elegí una pareja de doble nacionalidad: bosnia-italiana, que tenían una hija de cuatro años. Pensé que aprendería cosas de otra cultura, eran de países diferentes y di por hecho que estaban acostumbrados a tratar con extranjeros. Me equivoqué, al principio me parecieron muy simpáticos y después me di cuenta de su bajo nivel académico y pocas ganas de compartir. Estaba ahí para trabajar y recibir órdenes siguiendo sus directrices.
  2. No sabía italiano, lo dejé claro, y ellos me aceptaron igualmente. Una vez allí, a miles de kilómetros de mi casa, empezaron a verlo como un problema. Pensaron que en dos días controlaría su idioma, por supuesto que no. Y lo más odioso fue que me comparasen con la antigua aupair, una chica que para empezar era italiana, no tiene sentido que una aupair trabaje en su propio país. Otra vez me pasó lo mismo, no aprendí otro idioma y quedé con unos conocimientos similares. Con los padres hablaba inglés, él se expresaba correctamente y ella tenía un acento muy marcado y poco vocabulario. Evidentemente, sé inglés y en italiano me sé defender un mínimo gracias al portugués y al gallego, era capaz de entenderme con la niña; pero los padres querían a alguien con un perfecto italiano y de paso que trabajase gratis.
  3. La jornada laboral nunca es la que se pacta, tal y como he comentado cuando hablaba de Londres, aquí tampoco tuve contrato. Estaba tan cansada y harta, que una parte de mí quería que me echasen para poder irme. Tengo aguante, de eso no me cabe la menor duda, pero esa experiencia no era lo que buscaba ni para lo que me había preparado. Fue frustrante, pero intenté quedarme con las cosas buenas y la calleja de realidad que me dio mi paso por Italia. El Valle de Aosta me enseñó que la vida no es idílica y que si algo no te gusta, no seas masoquista, ten el valor de cambiar y perseguir lo que quieres realmente.
  4. El tema del sueldo. El padre, bosnio, tenía la casa llena de fotos de Tito pero al final me pagaron menos de lo que me correspondía. Muy irónico: defiendo la igualdad de clases y el trabajo digno cuando no toca mi bolsillo. Lo vuelvo a repetir, de los batacazos se aprenden muchas cosas e incluso más que de los éxitos. No me amargué, me fui con una sonrisa y buenas palabras, dejando claro que me parecía injusto (dicho en inglés para que quedase claro). Ser joven, no es sinónimo de imbécil o no debería ser así. Mi modesto sueldo, de 200 euros, lo invertí en un viaje de un mes (couchsurfing, casas de amigos, Ryanair y mucha imaginación):

He intentado ser fiel a los hechos, sin pecar de idealismo o pesimismo. Sé que hay chicas a las que le ha ido bien, pero también muchas a las que le han tomado el pelo. No me arrepiento de nada, fue mejor plan que quedarme en el sofá de mi casa. Pude estudiar, viajar y ganar algo de dinero. Europa me dio muchas lecciones, algunas amargas y otras dulces, siendo las dos necesarias para mejorar y saber qué busco.

Para más información:

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4 thoughts on “Trabajar como aupair: sinónimo de precariedad. Mi opinión después de mi experiencia en Reino Unido e Italia.

  1. Muy bien Laura, esa es la vida . Aventuras, llenarse de experiencias y aprender.
    Tengo una amiga de Europa del Este que vino a Madrid alrededor del 2003 a trabajar en casa de una familia muy adinerada , dueños de una muy famosa marca de colchones española.
    El trato fue catástrofico, la paga deprimente y aparte de todo la esposa la amenazaban con denunciarla por estar en la ilegalidad.
    Así que aunque a mucha gente le vaya bien, creo quue la balanza estadístiica va mas hacia las malas experiencias que hacia las buenas. Como dices tú, menos mal que ser jóven, no es sinónimo de ser imbécil.

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    1. Muchísimas gracias por tu comentario y haberme regalado tu tiempo. Lamento leer una experiencia similar a la mía, trabajar como aupair puede ser un gran fiasco. Está bien conocer todas las versiones, así la gente que venga detrás (probablemente mujeres) lo tendrá en cuenta antes de embarcarse en una aventura así. Por otra parte, ojalá protestando se consiga que en el futuro haya mayores garantías y que realmente se respeten nuestro derechos. En la actualidad no debería existir la explotación laboral. Dicen que soñar es gratis.

      De nuevo agradezco que compartas la experiencia de tu amiga con todos nosotros. Y efectivamente, de todo se aprende en la vida y los jóvenes de imbéciles tenemos bien poco. Te mando un beso enorme.

      Laura.

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  2. Me gusta leer tu experiencia, la verdad. Estoy algo aburrida de los blogs en los que siempre se habla de las cosas bonitas de hacer viajes con poco dinero, y que parecen azucarados en exceso. Hace poco, yo viví también una experiencia de precariedad y mal trato, en mi caso a través de Workaway. Me decidí a contarla y mucha gente mostró el apoyo; parece que tenemos que agachar la cabeza y contar únicamente lo bueno. Yo coincido en que ser joven no es sinónimo de imbécil, y que si no reclamamos nosotras, nadie lo va a hacer. Un abrazo!

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    1. Hola;

      Tienes toda la razón del mundo, cuando yo estaba pensando en trabajar como aupair, lo único que encontraba en internet eran relatos idílicos. Por supuesto, puede darse el caso de que todo te vaya estupendamente, ojalá sea así, pero no siempre lo es. A mí me gusta contar las cosas tal cual fueron, con la verdad por delante y haciendo balance de todo lo que he aprendido.

      Seguro que puedes sacar muchas cosas de tu experiencia con Workaway, de los ´´errores´´ también se aprende y mucho. Yo nunca he usado esa plataforma, a mis oídos han llegado testimonios de todos los tipos: experiencias buenas y otras horribles. Quizás me anime este verano. Gracias por hacer públicas tus vivencias, siendo sincera contigo mismo y el resto. No se trata de meter miedo o ir de víctimas, sino de aprender e intentar echar una mano al resto de gente.

      Gracias por tus palabras, de todo corazón. Son esta clase de comentarios los que me animan a seguir escribiendo. Te mando un fuerte abrazo y suerte en tus próximas aventuras, con o sin Workaway.

      Laura.

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