San Marino, imprescindible.

Otro nuevo día en el país de la bota. Después de dormir en la playa de Ancona, gracias a una joven italiana que nos llevó en coche y nos señaló el mejor lugar para acampar gratis, fuimos en tren hasta Rímini. Yo ya había visto la ciudad, en el mes de mayo, cuando fui a visitar a un amigo de la universidad que estaba de Erasmus en la Universidad de Bolonia. Pasé con él unos días antes de mi viaje a Europa del Este: dale al enlace si quieres saber más Europa del Este.

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Rímini, mayo del 2016

En Rímini no teníamos mucho más que hacer, pasamos por la oficina de turismo y nos dijeron la parada del autobús para San Marino. Una hora de trayecto, rodeada de turistas y 5 euros menos en la cartera. Creo que es la única forma de llegar al pequeño Estado, pero merece la pena. En ese viaje conocí a una pareja: un ucraniano y una eslovaca, que viajaban muchísimo. Incluso visitaron las Islas Cíes (Vigo), es una vergüenza que siendo gallega jamás haya ido. Su inglés era muy bueno y no paraban de hablar, en especial él. Me dieron envidia, con 30 años conocían cerca de cuarenta países.

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Vistas desde San Marino

San Marino es un Estado muy pequeño, en realidad parece de Italia. La ciudad está sobre grandes montañas y todas las calles son cuestas. No sé cómo se nos ocurrió llevar las mochilas. Pasamos unas cuantas horas perdidos por ese mini país, haciendo descansos para echar la mochila en alguna parte y descansar la espalda. El calor no ayudaba, parecía que estábamos en una sauna. Cada dos minutos chocaba con un turista, pero el encanto del lugar no desaparecía. Las calles eran empedradas, se veían varias fortalezas y las vistas desde la cima merecían la pena. No tenía unas grandes expectativas, me imaginaba un lugar turístico y sin ninguna belleza; estaba equivocada. Me atrevería a decir que fue uno de los sitios que más me gustó de mi viaje por Italia (ya sé que es otro Estado), junto con Verona y Roma. 

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San Marino

Volvimos a Rímini con la misma compañía de autobuses y pagamos otros cinco euros. Al llegar, buscamos un camping. Queríamos despreocuparnos de las mochilas y darnos una ducha de verdad. En la playa el agua está fría y no compensa; puedo asegurar que no olíamos bien después de subir las cuestas de San Marino. Fuimos en autobús urbano, nos dejó justo en la puerta y pagamos. Creo recordar que fueron 28 euros entre los dos, sinceramente, me parece un abuso porque es un camping aunque estaba casi en la playa. Lo mejor fue que nos dieron acceso a la zona privada y pudimos estar bajo una sombrilla.

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Siempre con la mochila, San Marino

Por la mañana recogimos la tienda, ya éramos unas expertos en montarla y desmontarla. Pasamos por la recepción para pagar y el recepcionista se fijó en una de mis rodillas. Tenía una herida infectada y feísima, me tropecé en Roma cerca del camping. Me dijo que se sentiría mal si me dejaba ir así, fue a buscar el botiquín y me desinfectó la herida. Agradecí mucho su ayuda, fue solo un poco de algodón y alcohol, pero fue un gran favor. Un par de días después, ni rastro. Lo que más me gusta de viajar, es que aunque sea con poco, siempre habrá alguien dispuesto a ayudarnos. Puede ser que te sirvan un café recién hecho que sentirás que es el mejor que has probado, que te dejen una aguja e hilo cuando tu mochila ha empezado a desintegrarse, una amena charla mientras esperas un autobús… Pequeños-grande detalles.

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Lugares maravillosos de San Marino
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San Marino, el país de piedra

Nos dicen que no hablemos con extraños y que vayamos a nuestro aire. Evidentemente, hay que tener sentido común y estar alerta a ´´cosas raras´´. Sin embargo, no imagino viajar sin hablar con la gente del lugar, sin hacer preguntas o sin intentar aprender algo nuevo. Para mí, carece de sentido. Y mi método no es mejor ni peor, quizás me arriesgo: hablo con cualquiera, viajo con ´´autóctonos´´, voy a comer con ´´cualquiera´´ que me lo proponga, quedo a dormir en sofás ajenos…

Pero quiero volver a casa diciendo: este viaje fue una gran experiencia. Conocí a gente que me aportaron mucho a pesar de no hablar su lengua (posiblemente), hice cosas de las que no me creía capaz, ese país me hizo recordar que las fronteras son relativas y que las personas no somos tan diferentes… Según mi opinión, ahí está la gracia de ponerte una mochila a la espalda y salir de casa.

Para seguir leyendo mis aventuras por Italia:

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2 thoughts on “San Marino, imprescindible.

  1. Laura! Buenas noches. Estoy muy cerca de Ancona y precisamente ando buscando información sobre el tema de acampada gratuita a la intemperie… Podrías por favor escribirme a mi mail para que me dés más pistas…? Muchas gracias!!! Saludos!

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    1. ¡Hola!

      Pues encantada de ayudarte, aunque tendré que hacer memoria porque hace un año (precisamente por estas fechas) que estuve viajando por Italia. Yo tenía mi tienda de campaña, alternando el camping con la ¨acampada libre¨. Como en otros países, en Italia tampoco está clara la legislación al respecto. En la web, se contradice la información. Daré mi simple opinión y te contaré un poco sobre mi experiencia.

      Cuando decidía no pagar un camping, que por cierto en Italia me parecen un poco caros, decidía echar la tienda de campaña a las afueras de la ciudad. Jamás se me ocurriría plantarme en medio de la civilización. Los lugares donde más noches pasé fue en la playa. Por la mañana temprano, aparecen los trabajadores que se encargan de la limpieza. Jamás me dijeron una mala palabra, estaba claro que era una mochilera y que solo quería dormir para seguir con la ruta. Saludaba con naturalidad, ellos me respondían, usaba los baños públicos para asearme y recogía mis cosas.

      A los locales parecía no importarle demasiado. Siempre que se respete el entorno, hay que dejar todo más limpio que como uno lo encontró. Incluso a veces pregunté dónde sería un buen lugar para acampar y la gente respondía con amabilidad y dando buenos consejos o advirtiendo de zonas a evitar. En Pisa, por ejemplo, me ayudó con inmigrante senegalés que había vivido en la calle e incluso me dejó una lona para la tienda y no pasar frío. Por regla general, la gente es buena y echa una mano.

      Otro buen lugar para acampar, siempre que esté fuera del centro de la ciudad y alejado de monumentos históricos, son los parques o terrenos sin dueños aparentes. Y otra cosa que he aprendido a hacer, que ya lo comentaba antes, es hablar con la gente. Así de fácil, quizás encuentres a alguien que te deje su jardín. Pero si no se pregunta, no se sabe. El ¨no¨ ya lo tienes. Hay que preguntar aunque sea con un forzado italiano.

      En el hipotético caso, a mí no me pasó, que te digan algo las autoridades. Imagino que la gente hablando se entiende. En primer lugar, pide disculpas y deja clara tu ignorancia sobre el tema. Quiero pensar que no tendrías más problemas, pero es mejor hablar con un italiano. Alguien autóctono es la persona que mejor conoce el país. En España, por ejemplo, se tiene que pagar una multa si se pasan más de tres noches en un lugar (lógico).

      Espero haberte ayudado. He dado mi simple opinión y mi versión de los hechos podría ser diferente a la de otra persona. El mejor consejo que puedo darte es que hables con la gente de la ciudad y no tengas miedo a preguntar.

      ¡Un saludo y suerte!
      Laura

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