Volterra, Siena y Grosseto

Eran nuestros últimos días en Italia y queríamos aprovecharlos al máximo. Después de nuestra parada de dos días en Cecina: Cecina, rincones de Italia, nos fuimos en autobús hasta Volterra. Dicho pueblo se ha hecho famoso por ser uno de los más bonitos de la Toscana y han rodado varias películas, entre ellas, Crepúsculo. Dicho dato nos traía sin cuidado, ni a Maarten ni a mí nos gustaba ese tipo de cine. Nos imaginamos que estaría lleno de gente y así fue, lo que se espera en el mes de agosto.

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Toscana

Nosotros no fuimos con ningún tour, cogimos un autobús convencional que atravesó toda la Toscana. A través de las ventanillas podíamos ver las colinas de color verde con tonos marrones y una gran extensión de tierra donde no se veía ni una sola casa. Me encantaban las vistas.

Llegamos justo a la hora de comer, nos sentamos en un banco y comimos los bocadillos que llevábamos en las mochilas. Pasamos toda la tarde perdiéndonos por las calles de Volterra, todas de piedra y con alguna que otra cuesta. Se notaba que era muy turístico, en ningún sitio nos permitieron dejar las mochilas por lo que tuvimos que cargarlas. Unas horas después caminamos hasta el camping, estaba a un par de kilómetros.

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Volterra, Italia

Posiblemente fue el mejor camping donde estuvimos. En la recepción estaba una chica de aproximadamente nuestra edad que nos recomendó un par de lugares donde cenar. Queríamos comida de verdad, yo llevaba días diciendo que quería pasta al pesto y encontramos un restaurante cero turístico y con comida deliciosa.

Por la mañana, recogimos la tienda y volvimos a ponernos la mochila a la espalda para irnos a Siena. Volvimos a ir en un autobús convencional, de los que usan todos los italianos. Atravesamos otros pueblos de la Toscana y llegamos a Siena, que tenía la misma estética que Volterra. Nos cansamos de patear el lugar y buscamos un lugar donde acampar, lejos del centro y cerca de la estación de trenes. No queríamos pagar un camping, estábamos casi sin presupuesto. Dormimos en un parque, donde montamos la tienda de campaña y la recogimos por la mañana temprano.

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Siena, Italia

Desayunamos las provisiones que teníamos por la mochila y pillamos el primer tren a Grosseto y de ahí a Roma. Volvimos a alojarnos en el camping de la vez anterior: Roma y al día siguiente nos fuimos al aeropuerto. Primero salía el vuelo de Maarten. Fue muy rara nuestra despedida, después de semanas de compartir las 24 horas del día, tenía que decirle adiós sin saber muy bien cuándo volveríamos a vernos. Esperé con él en su fila, empezamos a decir las tonterías que decíamos siempre y nos dimos un fuerte abrazo. Admito que me dio pena ver cómo subía en aquel avión hacia Bruselas, solo me alegró el hecho de que ya podía parar de hablar y pensar en inglés.

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Maarten por Italia

Unas horas después salió mi avión para Barcelona. Dormí en el aeropuerto, en un lugar sin ruido y que me recomendó una de las empleadas de la limpieza. Y a las siete de la mañana me subí en el avión que me llevó hasta Santiago de Compostela, donde me esperaba mi madre con un gran bocadillo de jamón. Desde luego, fue un gran mes de agosto y conocí casi toda Italia en tres semanas intensas.

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