Día 2: Donostia-Zarautz (20 km)

Era el segundo día y sí, tenía agujetas por todo mi cuerpo. Repito que no tenía ni idea de montar una mochila, llevé demasiada ropa y mal doblada, pero de los errores se aprende y mucho. Salimos de Donostia muy temprano, serían las nueve o algo así, caminamos por el paseo marítimo varios kilómetros y volvimos a subir el monte Igeldo. Llegamos a un faro, desde donde se veía toda la ciudad por lo que la subida mereció la pena.

Ese día tocaban 20 kilómetros y no era tan duro como el tramo anterior. Por el camino hasta Orio, pudimos escuchar a la gente hablar euskera. No está claro el origen de este idioma, pero desde luego no es latino. Me parece increíble la forma en la que se ha conservado y es uno de los pilares de la identidad vasca. Euskadi es una nación con su propia historia, una lengua con miles de años de antigüedad, una cultura diferente a otras zonas del norte… Creo que es muy interesante, supongo que me sale la académica que llevo dentro.

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Donostia desde el monte Igeldo
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Orio

Nos quitamos las zapatillas en Orio, hacía demasiado calor. Creo que hacer el Camino de Santiago en verano, no es buena idea. Me salieron ampollas y me sudaba la espalda por culpa de la mochila. Hicimos una parada técnica y comimos unos pinchos en un bar normal, no vimos ningún turista y vi cómo la camarera me hablaba en español y escribía la nota en euskera. Me puse a hablar con ella y le pregunté algunas expresiones y palabras. Le hizo gracia mi interés y estuvo bastante tiempo explicándome la pronunciación. Creo que no di ni una, espero no haber dicho ninguna barbaridad.

Nos armamos de paciencia y seguimos la caminata. Llegamos a Zarautz por el medio día, buscamos el albergue y nos deshicimos de las mochilas. También funcionaba por donativos y le dejamos algo de dinero al día siguiente cuando nos fuimos. Aprovechamos el día en la playa.

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Zarautz

Por la noche, empezó a dolerme un tobillo. De niña hice muchos deportes y tuve bastantes lesiones. Con el paso de los años, dejé todo y me pasé a la vida sedentaria y mi condición física rozaba lo patético. Una asmática debería hacer deporte, siempre, o no será capaz ni de dar dos pasos. Acortamos la siguiente etapa y llegamos a Zumaia.

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