Día 2: Portugalete – Castro Urdiales (35 km)

Dormimos en un hostel en Portugalete, pagamos 12 euros. El dueño era muy simpático y siempre estaba gastando bromas. Tuvimos todo el albergue para nosotras, a nadie se le ocurría hacer el Camino de Santiago en el mes de febrero. En el pueblo había ambiente de Carnaval, niños y adultos iban disfrazados pero Mara y yo no teníamos mucha gana de fiesta. Estábamos muy cansadas de la primera jornada del camino. Por la mañana, cuando estábamos desayunando, nos dimos cuenta de que no estábamos solas y en la otra habitación estaban unos madrileños. Ni idea de cuándo llegaron.

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Portugalete

El dueño del hostel nos recomendó una ruta alternativa, para evitar los polígonos industriales y pueblos dormitorio donde no hay nada interesante. Rodeamos toda la ría, hasta llegar a La Arena y Pobeña y de ahí a Castro Urdiales, ya en tierras de Cantabria. No tuvimos que subir grandes cuestas ni hace el esfuerzo del día anterior. Cuando salíamos de Portugalete, una señora se puso a hablar con nosotras porque vio una bandera de Chile en mi mochila. Se iba a ir a Latinoamérica y nos preguntó nuestra opinión, yo viví allí un año y Mara es argentina. Todo el mundo era amable con nosotras y tenían una sonrisa en la cara, así da gusto caminar por la calle.

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Saturtzi

Cuando llegamos a La Arena, tiramos las mochilas por ahí y disfrutamos de la playa. Había muchas familias y muchos llevaban a sus mascotas. Caminamos por el paseo marítimo hasta Pobeña, donde había varios restaurantes repletos de clientes y los pinchos tenían muy buena pinta. Nos volvieron a indicar por dónde era el camino, nos encantaba el hecho de preguntar directamente y no perder el tiempo con google maps. Viajar implica socializar, escuchar otros acentos y perder la vergüenza.

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Cantabria
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Saltacaballos
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Casi en Castro Urdiales

Pasamos por un trozo de la nacional, varios pueblos con dos casas y entramos en Cantabria. Tuvimos que decir adiós a Biskaia que tan bien nos había tratado. El primer municipio en Cantabria fue Ontón y de ahí llegamos a Castro Urdiales. En el camino conocimos a otro peregrino, tenía un año más que nosotras y empezó la ruta en Países Bajos. Viajaba con su bicicleta. Increíble la aventura que se estaba pegando. En el albergue (público y que funciona con donativos de 5 euros), el cual queda al final del pueblo, hablamos más y cenamos juntos. Nos echamos unas risas y nos contó algunas de las anécdotas de su viaje, tenía muchas.

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