Violencia obstétrica: la historia de 6 mujeres

En la sociedad patriarcal en la que vivimos, continuamente nos bombardean con mensajes a favor de la maternidad. Como si fuese algo obligatorio, inherente a la naturaleza femenina, no una opción entre otras muchas. Maternidad lleva el artículo lA, con la A. Sin embargo, prevalece un sistema sanitario, social y político que nos niega nuestro derechos a decidir.

No hablo únicamente sobre la interrupción del embarazo, derecho que todavía no es reconocido en numerosos países; sino, sobre nuestra capacidad y opinión con respecto al embarazo, la gestación, el parto y el post-parto. Me refiero a la violencia obstétrica, sistemática e institucionalizada que permite que una mujer sea agredida dentro de un sistema sanitario, cuando debería asegurar su integridad física y psicológica. Dicho en otras palabras: todos los insultos, menosprecios, infravaloraciones, lesiones… que sufre una mujer desde el momento que empieza a gestar una vida hasta el post-parto. El caso de María, no es aislado. En el siguiente enlace, podrás leer la historia que me animó a escribir este artículo:

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Viviendo mi vida, Emma Goldman

No pretendo condenar a la comunidad médica, que trabaja sin descanso cada día con el objetivo de ayudar a sus pacientes. Más, si se tienen en cuenta todas las medidas de austericidio, que se han llevado a cabo en España en los últimos años. Ni quiero criminalizar, ni generalizar. Intento dar visibilidad a un problema que afecta a muchas mujeres: de diferentes clases sociales, zonas geográficas, edades… No son casos aislados y por supuesto, no pueden caer en el olvido. Tampoco es un problema de antaño, propio de la época en la que había pocos recursos médicos y salas de espera saturadas. Obvio, ese tipo de cuestiones influyen, pero es una realidad (perdón, pesadilla) vigente y a la que nadie parece poner solución. Ni siquiera aparece en los debates públicos o lo hace tímidamente. Tendremos que ser nosotras, las mujeres, las que nos ocupemos de este tema como otros tantos que llevan el artículo lA.

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Madres arrepentidas, Orna Donath. La imagen me parece muy representativa porque la violencia obstétrica continúa siendo un tabú. No afirmo que las mujeres entrevistadas no quieran ser madres, al contrario, con sus declaraciones me han demostrado su lucha por serlo.

Lamento profundamente vivir en un mundo que me obliga, de forma sutil, a ser madre pero sin tenerme en cuenta. Evidentemente, espero que nadie considere que cuestiono la validez de ser madre o no, si me parece mejor o peor. Digo, que una mujer de 30 años que no es madre, por el motivo que sea, tendrá que escuchar mil veces: ´´¿no tienes pensado tener hijos?´´ o ´´¿no ves que ya vas teniendo edad para ser madre?´´. A lo cual yo respondo: ¿es tan raro no querer procrear?.

Las mujeres parece que tenemos que dar siempre explicaciones sobre todo lo relacionado con la maternidad: si queremos interrumpir el embarazo o no (es decir, abortar), la forma en la que queremos gestar ese nuevo ser (in vitro, de la forma tradicional, con tratamientos de fertilidad…) o adoptar, amamantar o usar el biberón, dejar el empleo fuera del hogar o luchar con la doble jornada laboral, la mercantilización de los úteros (los vientres de alquiler: fabricar niños para familias con alto poder adquisitivo), ser madre junto a nuestra pareja (heterosexual, lo otro es una anomalía) o sola, la edad a la queremos dar ese paso si es que lo damos… NuestrO aparatO reproductivO continúa sin ser nuestrO, es públicO.

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Madres arrepentidas, Orna Donath

Siendo incluso un drama querer engendrar vida, cuando tienes una pareja estable heterosexual y una edad ´´apta´´ para ser madre. Como es el caso de Izaskun: enlace, que de gesto altruista, se abrió de esta manera conmigo y me contó su historia. Nos habla sobre la lucha por ser madre a través de la Seguridad Social y la sanidad privada. Le agradezco toda la confianza que ha depositado en mí y puedo asegurar que he aprendido mucho de ella.

Si no tienes hijxs, mal, es muy raro; pero cuando decides tenerlos, todos se sienten con el derecho a decidir: tu familia, tus amigos, los vecinos y todo tipo de instituciones sociales. Incluso el personal sanitario, que da una opinión médica y además, en muchos casos, moral y coercitiva que agrede contra el derecho a decidir de la mujer. Por ejemplo: practicar una cesárea cuando hay más opciones pero se ignoran al igual que la opinión de la propia madre; escuchar comentarios aberrantes durante el parto: ´´No gritabas tanto cuando hacías al niño, ¿no?´´; una mala práxis que puede conllevar a graves lesiones: sacar al recién nacido del canal de parto antes de tiempo o tardar mucho en hacerlo…

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Madres arrepentidas. Siempre los escuchamos, pero ellos nunca a nosotras.

En los tiempos del blanco y negro, los derechos de las mujeres no eran una prioridad política. El Régimen Franquista nos quería en casa, con la cazuela y la fregona. El parto, era un trámite y un asunto de ellAs. Aunque, no nos engañemos, no hemos cambiado tanto la historia algunos capítulos están más vivos que nunca. Las salas de parto abarrotadas, aquellas madres que eran tratadas como ganado en camas de metal y 80 centímetros, la ausencia de los padres biológicos… han cambiado; ahora hay más tecnología, más derechos, más información… pero, no es suficiente.

La violencia obstétrica existía y existe, en la academia todavía no se prioriza el trato humano en lugar de la ejecución rápida y no siempre eficiente. Somos números, no personas. Dos mujeres adultas: Ana y Mari Carmen, me han narrado el día que dieron a luz a sus hijxs. Historias de hace décadas, calladas y que antes no lo clasificaban dentro de una violencia sistemática e institucionalizada. Pensaban que simplemente, habían tenido mala suerte; hoy, son conscientes que el maltrato que recibieron no es algo pasado. La historia se repite, el testimonio de Ana.

La historia de Ana, cuya entrevista duró toda una tarde, va acompañada de la de Mari Carmen e Ingrid, que viven en Vigo. Me contaron un parto de Mari Camen. La historia no discrepa en absoluto con la de Ana, pesadillas que parecen de otra época pero que no lo son, solo hay que recordar el testimonio de María.

Algunas personas pueden pensar que me he ido a los extremos, no quiero inundar este artículo con sensacionalismo. También quiero prestarle atención a los pequeños detalles, las decisiones más sencillas sobre nuestrOs cuerpOs y que son ignoradas. Y es el momento de contar la historia de Ariadna, que no quiso pasar por alto esas pequeñas cosas que marcan la diferencia. Me habló de su madre y su embarazo en los años noventa.

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Arthur Bochner

En este artículo he querido hablar de la violencia obstétrica, el maltrato que sufre una futura madre por parte del personal sanitario. Pero cabe añadir, que la mayoría de las mujeres hemos sufrido algún tipo de violencia en la consulta de ginecología. Ya sean comentarios despectivos, el rechazo a recetar la píldora anticonceptiva o la minimizar el dolor que se describe. Me parece el momento de contar la historia de Laura, quien me escribió un email donde narra cómo la trataron en urgencias.

He pedido ayuda y muchas mujeres me han contado su historia. Todas, en mayor o menos medida, me causan rabia. Estas madres que han decidido contarme su historia, me han mostrado su valentía como para hablarme de algo tan íntimo, como para reivindicar que este tipo de violencia existe y es invisibilizada. Tal y como afirmaban: ´´Quiero que se sepa y que no haya más mujeres que pasen por lo mismo.´´

Espero haber ayudado con estas líneas, aunque sea para que las mujeres nos organicemos más y mejor, para lograr los derechos que nos corresponden. Y ojalá haya escrito cada línea mostrando mi respeto y aprecio por estas madres, al igual, que todo el personal médico que cumple con su trabajo con ética y equidad. La violencia obstétrica existe y ponerle nombre es el primer paso para erradicarla. 

  • Si quieres contar tu historia, para que no caiga en el olvido, solo tienes que contactar conmigo. Si no quieres hacer público tu nombre, prometo pleno anonimato. Puedes contactar conmigo en el siguiente enlace: ¿Quieres contactar conmigo?

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