¿Por qué viajo como mochilera?

Es la pregunta que más me repiten, en mi entorno familiar, entre mis amigos o en las entrevistas que me han realizado gracias a este blog. No creo que haya una definición universal, cada persona puede entender que ser mochilera es una cosa u otra. Siendo todo válido. No pienso entrar en una absurda discusión cuando sé que este concepto es subjetivo. 

Ahora bien, yo viajo como mochilera. O al menos, me gusta pensar eso. Para mí lo interesante de viajar con la mochila, es poder mezclarse con los autóctonos y ser uno más. En antropología, se llama observación participante, pero no me voy a poner con tecnicismos que no vienen a cuento. Ser mochilera significa eliminar barreras, abrir bien los ojos y afinar el oído. No rechazar lo desconocido y entender que diferentes formas de vida, no pueden catalogarse según una rígida y arcaica jerarquía.

Intento escribir cada artículo con respeto, rechazando cualquier prejuicio fruto del etnocentrismo. Viajar es la oportunidad para librarse de esa máscara que asfixia y no deja ver la realidad. Cualquier persona que viaje con este propósito, es un mochilero. Puede tener formación académica o no, los perfiles son bien diferentes, es una cuestión de aptitud.

Un turista es aquel que está interesado en la foto. No se mezcla con las personas y conoce otra cultura, no, se va a Punta Cana a tomar el sol y ya. A mí esa forma de viajar, no me interesa. Defiendo un turismo sostenible, respetuoso con el entorno y con su gente. Por lo tanto, no me parece descabellado viajar como mochilera. Y evidentemente, sé que el mundo está contaminado por el patriarcado, pero las mujeres también podemos mochilear. Es hora de cambiar las cosas.

Autor: Laura O. Sánchez

(Comarca do Deza, 1994) Socióloga, feminista e inmigrante en Rumanía que aporrea el teclado de Sen Enderezo desde junio del 2014. Nací una tarde de julio soñando con viajar sola por el mundo. La escritura vino más tarde, en 2º de la ESO, cuando Pilar me dejó mi primer libro feminista y creé mi cuarto propio. Ahí empecé a darle a las teclas. Soy una mujer simple: me gusta el café negro sin azúcar, hablar con retranca gallega a 3.600 km y viajar con una perra.

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