Monte Aloia (Tui, Pontevedra)

Aprovechando el festivo del doce de octubre, aunque yo no tengo nada que celebrar el día que se conmemora el genocidio de los pueblos latinomericano, aproveché para seguir conociendo mis tierras gallegas. Estoy intentando poner mis pies en todos los parques naturales. Por el momento, conozco cuatro. Me voy a quedar plantada en este número, durante mucho tiempo, por culpa de todos los incendios provocados que han devorado mi verde tierra.

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Monte Aloia

Una tragedia anunciada ante la falta de personal, de políticas efectivas para el mantenimiento y conservación de los montes, el apoyar la invasión de especies no autóctonas, la expulsión de la gente del rural porque nadie quiere vivir donde no hay escuelas, ambulatorios, carreteras tercermundistas… Aquí nada es casualidad. No se puede concluir que esta desgracia es fruto de un descuido o de una persona perturbada. Muchas personas han quedado sin nada y merecen respeto, verdaderas explicaciones y soluciones.

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Portugal desde el Monte Aloia

Parte de los parques naturales, como el del Xurés, ahora son ceniza. Una catástrofe nacional. Al igual que ocurrió en Portugal, con miles de hectáreas quemadas o la vecina Asturias que también se ha teñido de gris. No quiero pensar en toda la riqueza que se ha perdido, empezando por la fauna y la flora autóctona y terminando por todo el patrimonio etnográfico (muchos de los yacimientos arqueológicos están abandonados, la historia siempre es menospreciada, pero ahora ni siquiera existen).

Me siento afortunada, porque mi casa sigue en pie ya que vivo a kilómetros de los incendios. Y además, no estuve en el caos de los desalojos ni tuve que defender lo mío con los pocos medios con los que contaba: básicamente buenas intenciones. Estuve dos días antes de los incendios cerca de las zonas afectadas, dormí en Vigo y pasé el jueves en el Monte Aloia. Todo lo que rodea a Vigo, ahora mismo, es ceniza. No tuve que pasar horas atrapada en un túnel, escapar de casa con lo puesto, ni esperar sin saber qué hacer porque los servicios de emergencia estaban saturados… Tuve muchísima suerte, si fuese el fin de semana hubiese soportado todo ese caos.

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Monte Aloia, Tui (Pontevedra)

Tengo entendido que el Monte Aloia no ardió, pero obvio se llenó de ceniza y de ese asqueroso humo que llegó a todos los rincones del país. Yo vi otro panorama, un entorno natural protegido desde donde se podía ver la frontera con Portugal. Un día fantástico rodeada de naturaleza y patrimonio. Ideal para pasear con la familia una tarde de domingo.

Cuya tarde finalizó en el Castro do Alto dos Cubos, donde pude comprobar otra vez más el abandono de nuestra riqueza arquitectónica. Esta obra de miles de años, estaba atrapada en zarzas y malas señalizaciones. El ayuntamiento no apuesta por su patrimonio ni su turismo sostenible, tienen el castro como cuatro piedras plantadas en el monte. Un lugar ideal para que la gente se suba en los muros a sacar un selfie, algo que vi y que no me sorprende porque: ¿qué van a hacer las personas si desde las instituciones no respetan este entorno? Es natural que esa sea la reacción: indiferencia.

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Quitamerendas. Flores que aparecen en el otoño y significa que se acortan las horas de luz y ya no queda tiempo para tomar la merienda. También las hay en el Xurés (antes del incendio).

 

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