La vergüenza de Europa: la Grecia de la que no se habla

En esta ocasión, hablaré de mi visita al albergue de Avarella, Vilamaior (A Coruña). Como tantas otras veces, terminé allí de casualidad. El motivo de mi fin de semana en este entorno natural, fue un encuentro con jóvenes gallegos de Cruz Vermella. Desde los dieciséis años soy voluntaria en esta ONG, aunque llevo un tiempo desconectada. He participado en varios proyectos: apoyo escolar para niños, un centro de día para ancianos, clases de español o galego para mujeres inmigrantes (en su mayoría procedentes de Marruecos)… 

Me parecía el momento de volver a ser activa en la organización y aproveché estas jornadas. Tuvimos charlas sobre género, inmigración, debates sobre el conocimiento de las emociones… Todo muy interesante, pero sin duda alguna me quedo con una experiencia que recordaré el resto de mi vida: escuchar en directo la historia de un joven sirio, sus ansias de libertad y su incansable lucha. Y el trabajo constante de una joven coruñesa que lleva una década trabajando en cooperación internacional: Ecuador, Líbano, Grecia… Tuve ese privilegio: conocer y estrechar mi mano a un hombre que dejó su país debido a la guerra y una mujer que no se conformó con lo que había.

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Atenas, la Grecia que aparece en los medios de comunicación

Gastó sus ahorros y los de su familia para luchar por una oportunidad de futuro. Dejó todo atrás: las propiedades que ganó gracias a su trabajo como carpintero, sus seres queridos, sus recuerdos… Todo. Y sin saber qué iba a ser de él. Trabajó duro, como siempre ha hecho, en Turquía. Sin garantías. Sin papeles. Sin derechos. Fue obligado a trabajar en estas condiciones bajo amenazas de deportación. Su jefe, mejor dicho su usurero explotador, se aprovechó de su precaria situación y obligó a este joven a trabajar de sol a sol durante tres meses. No recibió ni un solo euro. Jamás entenderé cómo hay personas tan despreciables en el planeta.

Este sirio, no se rindió. Parece que se trata de una película pero no es más que la pura realidad. Se buscó la vida, abandonó a ese explotador turco y juntó dinero con el sudor de su frente. Pagó a la mafia para subir a un bote. Parte de su familia consiguió llegar a Turquía: su hermano, su cuñada y sus tres hijas. Esos padres pasaron semanas concienciándose de que tal vez, iba a ser la última vez que viesen a sus hijas con vida. Se hizo viral, y luego pasó de moda, el siguiente dicho: muy mal tienen que ir las cosas en tierra para que arriesgues la vida de tus hijos de esta manera. No tenían opción. Ningún gobierno estaba pensando en esta gente. Ningún medio de comunicación le concedió más de cinco minutos. Ningún occidental se preocupó de moverse del sofá.

Aquí nada es casualidad. Siria no estalló en guerra de un día para otro, ni por generación espontánea. Al igual que Afganistán, Pakistán, Irak… y otros muchos países que a los europeos no nos importan porque están lejos de casa. Es curioso, no reparamos en lo que tenemos cerca ni lejos, solo ponemos atención en lo que dice la televisión que es importante. Pues con un golpe de suerte, o de desgracia porque hay muchas formas de morir, esta familia sigue viva. Llegaron a Grecia, donde su historia de penuria y maltrato no hizo más que empezar.

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Albergue de Alvarella, Vilamaior (A Coruña)

Comenzaron a (sobre)vivir en campos de refugiados. En un país donde sabían que no eran bienvenidos, donde el silencio administrativo era un hecho, donde el gobierno no le importaba nada más que los números, donde no tenían cubiertas ni sus necesidades básicas… No es ciencia ficción, es lo que ocurre en un campo de refugiados. Nadie habla su idioma, nadie informa de nada, nadie sabe cuánto tiempo estarán allí ´´aparcados´´, nadie entiende cómo la supuesta Europa desarrollada permite todos esos abusos…

Hagamos un sencillo ejercicio. Estás en un campo de refugiados griego en la frontera con Macedonia:

  • 1. Elige una de las siguientes identidades:

Eres una familia iraquí, compuesta de dos niños menores de diez años y una madre soltera porque el marido fue asesinado. Tienes que arreglar los papeles: sellar tus documentos,  presentar todo en la policía e intentar pasar la frontera. Antes de nada, debes conseguir comida para los niños y abrigo para la dura travesía por Europa

Eres una joven pareja kurda. No tenéis familia porque han muerto defendiendo su tierra y su identidad nacional. No tenéis dinero, lo habéis perdido todo y vuestros últimos ahorros han sido utilizados para pagar a la mafia que os permitió subir en un bote hasta Grecia. Como todos, tenéis que sellar vuestra documentación e intentar pasar la frontera.

Eres una familia siria. Los padres, dos hijas menores de cinco años y una abuela de 70 años. No puedes sellar tu documentación antes de conseguir un médico para la abuela, está muy débil y necesita medicación para continuar el viaje. Además, una de las hijas es un bebé que necesita leche en polvo porque la madre, debido a las duras condiciones en las que debe sobrevivir, no puede darle el pecho porque no tiene leche.

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La vergüenza de Europa
  • 2. Ahora debes tener en cuenta las normas de un campo de refugiados griego:
  1. Todo está en griego. Nadie sabe árabe ni otra lengua. Si no entiendes algo, no es problema de las autoridades o el personal administrativo.
  2. Hay horarios para todo para mantener el orden:
    1. WC (6:00 – 17:00)
    2. Comidas (Desayuno: 6:00 – 7:00, Comida 12:00 – 14:00, Cena 20:00 – 21:00)
    3. Tienda de ropa y de alimentación (10:00 – 12:00)
    4. Duchas (13:00 – 16:00)
    5. Médico (11:00 – 17:00)
    6. Policía (13:00 – 18:00)
    7. Frontera (9:00 – 10:00)
  3. Todos los miembros de la familia deben ir al baño al menos una vez al día, al igual que hacer una comida.
  4. En todos los lugares del campo, se debe hacer una fila que puede tardar horas. Las mujeres y los hombres deben esperar por separado.
  5. Los menores no pueden quedar solos, tienen que quedar con un adulto.
  6. Debido a los robos y la inseguridad, las tiendas de campaña donde duerme cada familia no pueden quedar solas y alguien tiene que vigilar.

 

  • 3. Tienes 24 horas para pasar la frontera. Te levantarás a las 6:00 y debes organizarte para cumplir todos los objetivos, sellar en la policía e intentar pasar la frontera. 
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Otras fronteras de la vergüenza. Melilla, España.

Después de hacer este ejercicio en las jornadas, no podía creer la cantidad de tiempo que pierden los refugiados. La absurda rigidez de los horarios, la ignorancia absoluta del proceso, la indiferencia de los funcionarios o esa frustración de no saber qué demonios estás haciendo mal. En unos minutos, eres consciente de la tortura a la que es sometida esta gente que únicamente escapa de la guerra. De hecho, algunos dicen que preferían las bombas porque les mataban directamente.

La cooperante coruñesa y el este refugiado sirio nos narraron, en primera persona, cómo se sobrevive en un campo de refugiados. Todavía no comprendo su entereza y sus ganas de vivir, me parece fascinante todo lo que ha logrado. Junto a otras personas, no querían estar sin hacer nada en aquel infierno. Se organizaron, también para demostrar sus ganas de seguir y quitar la idea de que los refugiados son desgraciados que deben ser tutorizados. No querían dar pena, querían dignidad. Comenzaron a dar clases a niños, hacer talleres sobre cosas que sabían hacer, grupos para aprender otras lenguas… con nada consiguieron mucho.

Este joven refugiado es una de las ochenta personas que hoy viven en tierras gallegas. Lograron pasar la frontera. Sí, aunque su calvario no termina. Todavía no tienen la documentación que los acredita como refugiados en nuestro país. No pueden trabajar legalmente o no pueden salir de nuestro territorio más de quince días. Y la lista de cosas a las que no tienen derecho, es enorme. La tediosa burocracia y la vergüenza de Europa. Ni siquiera son tratados como números, porque no se han cumplido los mínimos marcados por los estados europeos. 

Con razón he dicho que esta hora y media escuchando a este superviviente, me marcó enormemente. A mí lo único que me separa de estas personas, es un pasaporte que en una esquina pone Europe. Contagiaba esa fuerza e inconformismo. Ni una guerra, ni el desprecio de Europa, ni un idioma desconocido… lo han frenado. No es fantasear ni buscar héroes, es la verdad. Y lo que más me enternece es ver que, aún así, él no olvida su patria: sueña con volver a Siria y reconstruir todo. Un ejemplo que invita a reflexionar.

Enlaces de interés:

  • La Grecia de la que sí se habla: Grecia: Atenas
  • Web de Cruz Vermella: enlace
  • Hablemos de datos.  Secretaría General de Información y Comunicación, abril 2016: enlace
  • Web del albergue: Alvarella

 

  • Importante: si por alguna razón, necesitas material didáctico en relación a la crisis humanitaria de los refugiados (y refugiadas) en Europa. Puedes mandarme un email.
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