El cuerpo femenino (no) es territorio de hombres

El patriarcado domina el cuerpo de las mujeres. Desde leyes que impiden que la mujer decida sobre su propio cuerpo, a anuncios en la televisión que exigen unas medidas concretas. Ocurre en los países donde el aborto continúa siendo ilegal. En estos días, se ha aprobado el aborto libre en Irlanda, país que tenía la legislación más dura de toda Europa. No solo es un drama de países latinoamericanos, como se suele pensar desde Europa.

Se coloniza nuestro cuerpo a través de la violencia obstétrica. La futura madre no tiene poder de decisión durante la gestación, el parto o el período posterior. Sus opiniones son ridicularizadas, volviendo infantiles sus puntos vista y negándole el dominio sobre su propia maternidad. Violencia física y psicológica institucionalizada, que es ignorada en los temarios de las facultades de medicina. 

La maternidad es propia de lo femenino, una de las características que se le atribuye a la mujer en la sociedad patriarcal, y al mismo tiempo es ajena a su voluntad. Desde temprana edad se educa a la mujer para lo doméstico y los cuidados, con una personalidad delicada acorde con la feminidad. Los embarazos forzosos son un arma de guerra, acorde con la pedagogía de la crueldad que se ha desarrollado en el Siglo XX. Una forma más de dominio sobre el territorio enemigo, el cuerpo de la mujer como terreno a conquistar y dominar. Asegurando la sumisión de la próxima generación, pues la mujer engendrará hijos del bando contrario. Es la nefasta realidad de países como Guatemala, donde es imposible calcular el número de mujeres violadas y obligadas a gestar vidas en contra de su voluntad, durante el conflicto bélico.

Los matrimonios forzosos son sistemáticos en Afganistán o India. En las últimas décadas se ha reivindicado la necesidad de modificar la jurisprudencia internacional, para garantizar los derechos de la infancia. En el sistema patriarcal, las niñas son doblemente discriminadas: por ser menores y por ser mujeres.

La mercantilización del cuerpo de la mujer es otra forma de dominación. La trata es una lacra que afecta a diversos países de América Latina, donde algunas de las mujeres que son obligadas a ejercer la prostitución terminan en burdeles de la periferia de las urbes europeas. Un fenómeno invisibilizado y poco frecuente en el debate político, en países como Alemania se ha legalizado la prostitución y solo un número reducido se ha dado de alta en la Seguridad Social, haciendo evidente que la elección libre en igualdad de condiciones no es posible en la sociedad neoliberal.

Actualmente, se está debatiendo sobre la maternidad subrogada, un eufemismo de los vientres de alquiler. El aparato reproductivo de la mujer pasa a ser propiedad de una familia con un alto poder adquisitivo que puede hacer frente a las elevadas tarifas. La gestante es simplemente un recipiente, sin estar claros sus derechos pero sí sus obligaciones: albergar en su vientre la vida de un hijo para su posterior entrega. No se trata de juicios de valor, sino cuestionar el concepto de maternidad y la perversa mercantilización de los cuerpos de las mujeres que, al igual que en la prostitución, se ven obligadas a aceptar este empleo. En la web, se anuncian en formato catálogo, mujeres del este de Europa con claras dificultades económicas, exclusión, cargas familiares… que ofrecen su cuerpo al mejor postor. 

Sin entender de diferencias sociales o contextos culturales antagónicos, las violaciones y abusos sexuales son otra expresión del sistema patriarcal que continúa vigente. A pesar de las leyes que penalicen este tipo de conductas, poniendo el acento en la infancia. La realidad es otra. Y hay una parte que no se puede contabilizar, debido al estigma, la doble victimización de las mujeres y el duro proceso judicial que implica la denuncia. Las pruebas físicas, el relato claro y cronológico, resulta prácticamente imposible para una persona que ha sufrido un trauma de estas características. Algunos casos se han vuelto mediáticos, como la joven violada durante los San Fermines, cuya sentencia está siendo criticada incluso a nivel internacional. Una vergüenza, se condena socialmente a la superviviente y hay una pena ridícula para sus verdugos.

Algunas ONGs, han denunciado recientemente las sistemáticas violaciones en campos de refugiados. Después de la travesía huyendo de la muerte, las mujeres continúan sufriendo la violencia: son obligadas a prostituirse a cambio de una ración de comida, son víctimas de la trata, violadas por las fuerzas armadas… 

No menos importante, es la sexualización del cuerpo de la mujer desde temprana edad. Siguiendo un rígido canon de belleza, con tintes occidentales y un concepto de lo bello que escapa de lo periférico. La industria de la moda inculca que se debe exhibir el cuerpo femenino como objeto de deseo de los hombres. La mujer pasa a ser guiada por los mandatos socializadores desigualitarios, que afirman que no tiene dominio sobre su cuerpo, y el marketing de las multinacionales alimenticias, textiles o la cirugía plástica conforman una alianza.

Finalmente, en la punta del iceberg que implica la violencia de género: física, psicológica o simbólica, están los femicidios. De nuevo, no se pueden hacer distinciones por motivos de clase social o etnia, porque afecta a toda la sociedad. En España son asesinadas mujeres con alto poder adquisitivo y carreras profesionales, al igual que obreras con estudios primarios. Una cantidad alarmarte y que deja en evidencia la ineficiencia de las políticas públicas que han sido aprobadas en los últimos años. Sin presupuestos generosos y pactos de Estado, no se pueden brindar medidas a favor de la equidad de género. A la vez que naturalizar la coeducación en las escuelas y seguir trabajando en la normalización de los nuevos modelos de familia. 

Ha sido fundamental la labor de mujeres, que se organizaron con un objetivo: consolidarse como sujetos políticos y agentes de cambio. Independientemente de la historia peculiar, tejieron redes de cooperación y sororidad volviendo a los lazos comunitarios. Repensando las ciencias sociales y el cuestionamiento del imaginario colectivo, con el fin de dar respuesta a interrogantes que nunca habían sido planteados. La emergencia de hermandad entre nosotras.

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