Mujeres chilenas, otra vez, en lucha

Como pude comprobar en su día, en Chile no solo hay farmacéuticos rancios que se niegan a darte la píldora anticonceptiva o weones qlos que no entienden que las mujeres son dueñas de sus propios cuerpos.

No son pocas las mujeres que luchan por sus derechos, destruyendo techos de cristal y alzando sus voces. Desde las tomas de terreno a las universidades. Las que siempre fueron tachadas de víctimas y seres tutelados, pero en realidad son supervivientes de las violencias machistas. Feminismos poscoloniales y desde abajo, donde todas pueden expresar su opinión.

La prensa española se ha dignado a escribir la palabra Chile. En Europa, rara vez se habla de Latinoamérica. Solo llegan las noticias malas: terremotos, supuestas crisis políticas, narcotraficantes… Cuando en realidad, Latinoamérica no tiene nada que ver con lo que dicen estos medios de (des)comunicación.

Otra vez, las feministas chilenas han salido a la calle. Lo normal después de ver en las portas de los periódicos la muerte de una guagua después de ser violada, la violación grupal de una mujer al estilo San Fermines o el asqueroso comportamiento de un personaje televisivo llamado Herval Abreu.

Como en otras partes del mundo, en Chile todavía queda mucho por hacer. Es muy baja la edad media de las madres, no existen políticas reales sobre anticoncepción (ni siquiera hay máquinas de condones fuera de las farmacias, al menos en el Valpo del 2015), fue un drama aprobar el aborto en las tres causales, es imprescindible tener receta médica para conseguir la píldora del día después, el sistemático acoso callejero… Y no seamos hipócritas, en Europa continuamos siendo ciudadanas de segunda.

En mi tiempo como estudiante en Chile, pude conocer de cerca las protestas estudiantiles. Empezando por la Revolución Pingüina. Las tomas de las universidades se vivían de otra manera. Un ambiente más reivindicativo y una organización desde abajo fomentando la unión comunitaria. Las universidades y las jóvenes no podían ser ajenas a las protestas feministas que se están llevando a cabo a lo largo del planeta. Tres siglos organizadas, nada nuevo aunque sea ahora cuando la prensa nombra el feminismo.

Denuncian el acoso constante por el mero hecho de ser mujeres. Los temarios sexistas que ignoran a las mujeres. Profesores y alumnos que se creen dueños del cuerpo de las mujeres. Políticos que insultan a una estudiante, por atreverse a protestar sin polera con unos pechos caídos. Prestigiosos doctores que citan a sus alumnas en sus viviendas particulares para la entrega de trabajos. Y un largo etcétera.

Como cantaba Violeta Parra:

Creciendo irán poco a poco
los alegres pensamientos.
Cuando ya estén florecidos,
irá lejos tu recuerdo.

Autor: Laura O. Sánchez

(Comarca do Deza, 1994) Socióloga, feminista e inmigrante en Rumanía que aporrea el teclado de Sen Enderezo desde junio del 2014. Nací una tarde de julio soñando con viajar sola por el mundo. La escritura vino más tarde, en 2º de la ESO, cuando Pilar me dejó mi primer libro feminista y creé mi cuarto propio. Ahí empecé a darle a las teclas. Soy una mujer simple: me gusta el café negro sin azúcar, hablar con retranca gallega a 3.600 km y viajar con una perra.

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