Vedra: qué ver, senderismo, un poco de patrimonio y emigración

Santiago de Compostela es una ciudad turística con gran patrimonio. Pero, ¿qué pasa con los alrededores? Hablaré de Vedra, una de esas comarcas ignoradas.

Vedra

A 22 kilómetros de Santiago de Compostela se encuentra Vedra, limitando con Boqueixón, Teo y A Estrada. Sin duda, uno de los mayores atractivos de la comarca es el río Ulla, que separa las provincias de A Coruña y Pontevedra. Encontrarás muchas rutas de senderismo por la zona, por ejemplo PR-G 93 Ruta Ribeira do Ulla (Touro) de 15 kilómetros.


Camino de Santiago (no masificado)

Ya en el siglo XV los compostelanos elegían Vedra como residencia de verano. Numerosas familias nobles se instalaron en la comarca, la cual se llegó a decir que era el jardín de Compostela. Al mismo tiempo que la gente más humilde se organizó y participó en la Irmandade Xeral para luchar contra los abusos del feudalismo.

Doscientos años más tarde, en el siglo XVII, se construyó la Fonte do Santiaguiño y una capilla para los peregrinos. Por aquí pasa la Vía de la Plata del Camino de Santiago, coincidiendo con la etapa 13 del Camino Sanabrés y un desvío del Camino Francés.

Elegir el Camino Francés es un error

La mayoría de los peregrinos eligen el famoso Camino Francés, aquí podrás descargar el pdf con las 31 etapas. Lo digo con conocimiento de causa, agosto es un mal mes para escoger esta ruta. Caminé desde Sarria a Compostela (115 kilómetros) y los albergues públicos estaban abarrotados. No puedes caminar y disfrutar del silencio, no existe tal cosa. Tiempo después descubrí que puedes desviarte unos kilómetros por Vedra y evitar la masificación del sendero principal.

Es una opinión personal en base a mi experiencia, acepto cualquier tipo de crítica o discrepancia en el apartado de comentarios. Además soy consciente de que yo hice las etapas finales, cuya masificación es una obviedad porque se juntan varias rutas como el Camino Francés y el Primitivo. A mí me gusta ir a mi aire, con poca gente y sacar fotos donde no aparezcan las camisetas de Decathlon de la temporada. Me quedo con los tramos del Camino del Norte que he hecho: Irún-Santander. Algún día lo terminaré.


Pazo Santa Cruz de Rivadulla

Fue declarado bien de interés cultural en el año 2001. De estilo barroco y con una historia ligada a la Guerra de la Independencia (S. XIX). El marqués de Santa Cruz lideró el Batallón Literario en 1808 para luchar contra las tropas francesas. A día de hoy, los historiadores siguen investigando para conocer más detalles sobre este episodio. Tendremos que conformarnos con la fiesta de la Reconquista en Vigo.

Todos los visitantes destacan los jardines del Pazo de Santa Cruz de Rivadulla, de hecho han recibido varios premios incluso internacionales.

Olivos del Pazo Santa Cruz de Rivadulla. Fotografía de pazoderivadulla.com

Visitas

Horario de invierno

Lunes a sábado: 10:00-13:00 y de 15:00-18:00

Domingos y festivos: solo tarde

Horario de verano

Lunes a sábado: 10:00-13:00 y de 16:00-20:00

Acceso hasta 30 minutos antes de cierre

Tarifas

GRATIS: Lunes 10:00 – 13:00

General: 5 euros

Entrada grupo: 3,5 euros

Visitas guiadas (con solicitud): 50 euros grupo de 25. Más de 25, 2 euros/persona.

Reportaje fotográfico: 125 euros


Pazo de Ximonde

Pazo de Ximonde. Fotografía de El Mundo

No puedo dejar de mencionar el Pazo de Ximonde (S.XVIII) que guarda relación con otro acontecimiento histórico de gran relevancia, las guerras carlistas. Su propietario, Pedro de Cisneros, colaboró con los carlistas ocultando munición y armas. Su actual dueña ha optado por ofrecer a los turistas el Albariño Barallobre que cultivan en las tierras del pazo.


Emigración, la historia de siempre

Ser gallego y emigrar es pura genética. Una verdad como que dos más dos suman cuatro. Todos tenemos a algún familiar fuera del país e incluso nosotros mismos hemos vivido fuera, en mi caso puedo hablar de ambas situaciones. He escrito muchos artículos sobre este tema a raíz de mi experiencia personal y profesional, evidenciando que normalmente las historias son contadas por voces masculinas (igual que otros muchos ámbitos, ¿quién ha hablado de patriarcado?). No soy la única loca (perdón, feminista) que piensa eso. Ayer mismo leía que Carmen V. Valiñas, directora de PeriFéricas, ha publicado Elas, as emigrantes. Mulheres da Terra da Soneira na Suíça. Acto seguido, solicité mi ejemplar.

“Na Terra de Soneira da minha infância, a emigração para a Suíça não era assunto dos manuais escolares: estava nos carros último modelo que chegavam cada verão, com matrículas de Zurique e Berna, e na fala daqueles cliente que entravam na loja da minha mãe a falar alemão. Este livro tem como protagonistas as mulheres dessa emigração. As que partiram nos anos 60 e 70 e que retomaram os velhos caminhos migratórios a partir da crise de 2009. Pretende ser, ademais, uma humilde homenagem a todas elas, que ficaram amiúde ocultas dentro do genérico facto migratório galego, mas que têm histórias próprias que contar. Àquelas que me acolheram no conforto das suas cozinhas galegas, o centro das casas que construíram com o dinheiro obtido da emigração, e via Skype, a conservar, para além dos Alpes, a memória de uma diáspora que se escreveu em feminino.”

Elas, as emigrantes. Mulheres da Terra da Soneira na Suíça.

A las Américas

Pues Vedra no iba a ser, ni es, la excepción. En los tiempos de las colonias españolas, allá por el siglo XVIII, muchos vecinos de la comarca decidieron probar suerte en Cádiz o directamente cruzar el charco. Creían que en los territorios ocupados por los españoles tendrían las oportunidades que eran negadas en su tierra.

Después llegaron las falacias de la riqueza de hacer las Américas. Los destinos que se pusieron de moda fueron Cuba, Argentina o Venezuela. En el siglo XIX prácticamente había más gallegos fuera que dentro de casa. Mi tatarabuelo Francisco emigró a Buenos Aires en 1910 (fecha aproximada en base a una fotografía). El hombre no fue muy original, tampoco cuando se le perdió la pista y no se supo si había fallecido, hecho una nueva familia o pasó olímpicamente de Pepa y sus hijos. Lo único relevante es que Francisco hizo las maletas, trabajó como panadero en Buenos Aires y dejó a una viuda dun vivo en su aldea de Deza. María, su hija, quedó huérfana al poco tiempo y emigró a la ciudad para dejarse los riñones en una casa con apellido.

Tranquilos, tengo más historias familiares. Entre 1920 y 1940, otros como Manuel, Serafín, Maximiliano… emigraron a las minas de Asturias. Luego algunos fueron a trabajar para la industria Euskadi, uno se casó con una vasca, o directamente se subieron a un barco con destino a Buenos Aires. Argentina es nuestra quinta provincia, el país que compartió con nosotros su pan.

Manuel en Buenos Aires, década de 1940

Gracias al diario de Manuel he conocido parte de mi historia familiar, un hombre que tuvo morriña de su aldea hasta el final de sus días. No tuvo una vida de triunfos ni se hizo millonario en el exilio, en sus cartas describía la cruda realidad de aquellos que se fueron sin nada. Trabajó de todo hasta que finalmente encontró su sitio en un restaurante y era respetado como cocinero. No le recomendó la emigración a ninguno de sus familiares, de hecho insistía para que eliminasen esa idea de la cabeza. Es una suerte que aquel hombre sin formación disfrutase de la lectura y la escritura, cuando murió enviaron algunas de sus pertenencias y guardo sus notas como si fuesen un tesoro.

De oca en oca y tiro porque me toca

Muchas de aquellas personas volvieron de América cuando terminaron los tiempos de las vacas gordas. Las dictaduras latinoamericanas y esas cosillas. O simplemente alcanzaron la edad de jubilación y quisieron descansar en su patria. Sin embargo, los que aún tenían edad para trabajar tuvieron que decidir empezar de cero en su país o reenganchar otro destino. Recordemos la película Un franco, 14 pesetas.

Es el turno de José. Este padre de familia emigró a Uruguay para darle un futuro a su hija. Subió a un barco en Vigo y empezó una nueva vida en Montevideo. Casi veinte años de sacrificio, solo vio a su familia en una ocasión, y se ve obligado a regresar a su país en 1973. Cualquier latinoamericano recuerda esta fecha, el inicio del terror. Pasa una temporada en su aldea, hasta que vuelve a hacer la maleta y se va en tren hasta Alemania. Allí trabaja nueve años hasta que alcanza la edad de jubilación. En navidad comía el turrón con su gente y después volvía a la fábrica. José puede ser cualquier gallego de Suiza, Bélgica, Francia…

La Codorniz, número de 1963. Mi abuelo, de 85 años, conserva varios números de los años sesenta. Me contó que solo había una librería del centro de Vigo que la vendiese.

Gracias al dinero de emigrantes con conciencia y compromiso con su tierra, tal y como dice el titular de La Voz de Galicia, la asociación Unión e Progreso, que cumple cien años, financió la escuela, una caja rural y una mutua agraria. Incluso Xosé Neira Vilas, escritor natural de Vila de Cruces (a pocos kilómetros de Vedra), que nos invitó a devorar libros, trató la emigración al presentarnos a Lelo el amigo de Balbino. Una amistad que conocimos primero en Memorias dun neno labrego y después a través de las Cartas a Lelo que llegaban a Brasil.

¿Y qué pasa hoy?

No ha cambiado mucho el cuento. El rural se muere. Familias enteras emigran a la ciudad. Jóvenes licenciados empalman contratos precarios hasta que van a servir copas al extranjero. Mujeres que viven su maternidad fuera ante la nula conciliación familiar y el suicidio profesional que implica ser madre en España. Quiero aprovechar para mandarle un fuerte abrazo a Diego, mi hermano mayor, que ya suma seis años en Reino Unido; a Verónica, la compañera de clase con el padre emigrado, que en cuarto de primaria juntó de nuevo a la familia en Suiza; a Lorena, natural de Silleda, que lleva una temporada practicando el inglés británico; a María, amiga de mi madre, que volvió a Francia después de varias décadas en el pueblo; a Luis, con título de ingeniero civil en plena crisis del ladrillo, que desarrolla su carrera profesional en Brasil; a Sara, la lista que estudió idiomas, que pasó de vender entradas en un cine a dar clases de español en Irlanda; a Cris, periodista con un serio problema de acumulación de libros por metro cuadrado, que escribe artículos en Chile. Podría continuar incluso citando nombres únicamente de mi generación, acabarían saliendo países como Estados Unidos, Bélgica, Singapur, Colombia, Nueva Zelanda…

Vedra se queda sin vecinos. Algunos van allí a dormir, pero trabajan en Compostela o los alrededores. Me siento identificada, nací en un pueblo de Pontevedra en el que cada año cierran más negocios.


Xenerais da Ulla

Gente montando a caballo con trajes militares, plumas y colores llamativos hablando de la actualidad política en clave de humor. ¿A quién no le interesa la sátira? Una especie de pelea de gallos que termina con la firma por la paz. Su origen es desconocido aunque hay la teoría de que nacieron en el siglo XIX a raíz de las guerras carlistas, la invasión napoleónica y el Levantamiento de Solís (1846).

Xenerais da Ulla

Puente Gundián

La antigua vía que conectaba A Coruña con Zamora, permitiendo unir Ourense con Santiago de Compostela. Se ha habilitado un mirador desde el que se pueden conseguir impresionantes fotografías a 86 metros sobre el Ulla, pero hay mucho que contar más allá del selfie.

Desde la década de los años veinte, en plena Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), hubo la intención de empezar esta obra civil. Tuvo que pasar la Guerra Civil Española (1936-1939) para reanudar el proyecto y empezar a trabajar en 1945. No se aceptaron demoras, llegó a haber tres turnos de obreros para lograr la inauguración del puente en 1956. En tiempos de posguerra, poco importaban las duras condiciones laborales. En 2008 se empezó a utilizar otra vía de tren para realizar este trayecto.

Hay una ruta de senderismo que permite ver el puente desde diferentes ángulos, PR-G36 Sendeiro de San Xoán da Cova (12 km).


Ruta circular dos Muíños, un paseo de 2 km

Ruta dos Muíños de Vedra

Para ver lugares bonitos a veces no es necesario hacer grandes distancias. En San Pedro de Vilanova puedes hacer esta pequeña ruta por los muíños a orillas del río Merín, para terminar en la aldea Os Muíños.

Vedra
Senderismo en Vedra

Se ha logrado conservar muy bien las edificaciones y se ha trabajado para conservar la historia del lugar y su valor etnográfico. Fui un domingo y no me encontré con nadie, puedes llevar suelto al perro y disfrutar de la cámara. Es una ruta fácil para cualquiera, con indicaciones claras y el sendero sin maleza en el mes de marzo.


¿Qué ver cerca de Vedra?

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