Mujeres latinoamericanas en la calle

Las feministas latinoamericanas nos sorprendieron a todas cuando inundaron las calles de verde. Hartas de morir en la clandestinidad, exigieron la legalización del aborto. La campaña #niunamás y #meuprimeiroassedio. ¡Bravas!

Nuestras hermanas latinoamericanas

Me apetecía ponerme el pañuelo verde y hablar de nuestras hermanas latinoamericanas. Recuerdo muy bien que cuando me fui a vivir a Chile todos me preguntaron qué se me había perdido allá, que me iban a violar en cualquier esquina o que una europea no sale viva de Latinoamérica. Mi querido continente es mucho más que la extrema derecha brasileña, el neoliberalismo de Macri o las arcadas que produce Piñera.

El Salvador y las mujeres trans

Bianka hablándonos de El Salvador y cómo sobreviven las mujeres trans

Unos días antes de hacer las maletas y empezar a trabajar en Rumanía, tuve la fortuna de escuchar a Bianka en una conferencia en nuestro cuarto propio de Santiago de Compostela, Lila de Lilith. Dos horas escuchando historias de lucha por la supervivencia de un colectivo que padece nueve veces más las violencias machistas que las mujeres. Ser mujer trans en El Salvador es todo un desafío. Por supuesto, no olvidemos que la formalidad de leyes que protegen la identidad de género no son suficientes.

Un discurso con fuerza, sin caer en el victimismo, que nos hizo ver que nadie las va a parar. En su país la mayoría de las mujeres trans son obligadas a prostituirse o se dedican a la venta ambulante. O peluqueras como Carmen y Lola. Sin una estabilidad económica ni un reconocimiento como ser humano, no pueden modificar su nombre ni nada parecido, no pueden salir adelante. Son tratadas como enfermas, los informes forenses son desoladores: hombre vestido de mujer aparece muerto. Ni es hombre, ni viste como mujer, ni aparece muerto.

Bianka trabaja en una asociación a favor de los derechos LGTBI. Pelearon en el Parlamento para aprobar una ley que reconozca a las personas trans y proteja su vida, pero las cosas de palacio van despacio. Aprobaron algunas medidas, sin que sirva de nada porque ha cambiado el gobierno y nadie quiere coger los papeles del cajón. Si El Salvador tiene problemas de seguridad ciudadana, donde las maras campan a sus anchas, peor lo tienen las mujeres cuyos cuerpos son interpretados como el campo de batalla.

Ni hablar de la penalización del aborto en El Salvador. Encarcelan mujeres por decidir legítimamente abortar, jugándose la vida en consultas clandestinas (por llamarlo de alguna manera), y también a las que tienen complicaciones en su embarazo y no lo llevan a término. Niñas obligadas a ser madres porque un hijo sano del patriarcado decidió violarlas. Una barbaridad contra los derechos más básicos de las personas. Lo duro es que no solo se ha naturalizado esa filosofía antiderechos, sino que en El Salvador si una mujer no ha mantenido relaciones sexuales (heterosexuales y con penetración, parece que lo demás no existe) no se le puede realizar una citología a una mujer, ¿qué clase de ginecólogo puede actuar así?

En la sala escuchamos a una de las asistentes hablar de la situación en su país de origen, Colombia. Las coberturas médicas de las personas trans eran similares a las de El Salvador, todavía queda mucho por hacer, pero comentó algo en lo que jamás había pensado. Las mujeres trans colombianas deben realizar el servicio militar obligatorio. Al sistema le da igual que seas Susana si tu documentación dice Carlos. Full Metal Jacket se queda corta.

Nicaragua, ¿qué pasa con tus mujeres?

Vengo de escuchar uno de los podcast de Sangre Fucsia en el que hablaron sobre feminismos latinoamericanos y entrevistaron a una feminista española afincada en Nicaragua desde hace casi treinta años.

Ir a descargar

Ella cuenta que ha tenido que volver a Madrid ante la violencia del país, las mujeres no pueden manifestarse libremente y reclaman el derecho al aborto entre otras cuestiones. Parece que la dictadura todavía no ha terminado.

Meu primeiro Assédio

En este blog conté la primera vez que fui acosada en la calle por el mero hecho de ser mujer. Ahí debía haberme dado cuenta de que lo personal es político. Tenía la misma edad que una concursante de la versión brasileña de Master Chef, unos doce años. Insultos, cánones de belleza y estúpidas opresiones del patriarcado. Aquella niña quería participar en el concurso, no ser examinada con lupa para medir su nivel de feminidad.

Las compañeras brasileñas empezaron la campaña #meuprimeiroassedio y las redes sociales reventaron con comentarios de mujeres que son sistemáticamente acosadas en las calles. Ya desde niñas con ese venga dale un beso a fulanito. Nos enseñan que nuestros cuerpos son propiedad de terceros. Queremos ser libres cuando volvemos a casa, no valientes.

En 2017, hubo cuatro fuertes acciones feministas en contra del assédio. Las brasileñas saben que no basta con vagones para mujeres en el metro de São Paulo, no son animales que haya que seleccionar sino adultas con derechos.

No puedo dejar de mencionar la invisible violencia obstétrica y el útil documental disponible en Netflix.

El documental de Netflix que no te puedes perder

Abortan todas, ¿abortan las lesbianas?

El documental Abortan todas, ¿abortan las lesbianas? fue galardonado con el premio Periodista Sin Riesgo 2018. Mujeres hablando de las desigualdades sociales que hay dentro de los feminismos y la hipocresía de una Bolivia que no regulariza el aborto legal. Se quieren vivas y fuertes. Me parece una forma muy interesante de presentar el tema, claro que las mujeres lesbianas también abortan. Parece que las feministas heterosexuales siempre nos olvidamos de ellas, es hora de cambiar.

Mujeres de Bolivia hablando claro

Las mujeres lesbianas han luchado por consolidar espacios donde cabemos todas. Y es magnífico ver fotografías con mujeres jóvenes en la cabeza de la manifestación, sin olvidar a las que abrieron camino antes que nosotras. Las lesbianas son doblemente golpeadas, por ser mujeres y su orientación sexual.

Evo, ponte las pilas. Hay una ley que permite el aborto a las mujeres violadas, las que tienen dependientes a su cargo, estudiantes o niñas… pero, ¿qué pasa con los presupuestos y el papeleo? De poco sirve un artículo en la Constitución si el informe no se mueve de la mesa. Pura hipocresía. Y España, tú tampoco te libras. Las mujeres que deciden abortar son infantilizadas y expuestas a un proceso agotador, justificando sus decisiones en consultas para ejercer su derecho a decidir sobre sus cuerpos. Al final, las mujeres españolas se van a una clínica privada donde nadie hace preguntas. Ah claro, las que tienen una cuenta bancaria con fondos.

Argentina, mujeres de verde

Adiós hipocresía

Para mí es imposible no tener empatía con las mujeres argentinas. En primer lugar por compartir las mismas luchas feministas y en segundo porque fue la tierra que dio de comer a los gallegos. Todas estuvimos pegadas a la pantalla el día de los discursos en el Parlamento, lo cual no sería posible sin el ruido en las calles. Las cosas no aparecen por generación espontánea, millones de mujeres dijeron basta y gritaron que querían aborto libre y seguro. No miraron para otro lado.

Solo hay que hacer una búsqueda en google para comprender el problema. Las mujeres latinoamericanas intentan conseguir información sobre fármacos o hierbas que producen abortos, en teoría porque cualquier tarado puede escribir en un foro. Cuando viví en Chile conocí a mujeres en esta situación y no hablo de clases sociales bajas o locas. En la sala de espera de una clínica que realiza abortos hay mujeres de cuarenta, licenciadas, la señora de la limpieza del colegio de tu hijo o la hija del senador del Estado. Los anticonceptivos pueden fallar, el condón puede llegar tarde o el tipo dice que le aprieta y coacciona para seguir sin protección. El eterno: no es no. Veo clara una cosa, ¿por qué siempre se culpa a la mujer? Cualquier día dirán que llueve por nuestra brujería, bueno creo recordar que las plantas se mueren cuando tenemos la regla (espero que se note mi sarcasmo).

Mucha hipocresía. Ninguna mujer habla del aborto, pero todas lo hacen. Y cuando digo que no se habla, es porque ni siquiera se hace cuando no fue intencionado. Muchas mujeres no llevaron a término su embarazo, especialmente las primerizas, y tuvieron que soportar un duro proceso de pérdida y encima tolerar miradas de culpabilidad. Normal que no quieran hablar sobre el tema. Mi abuela me contó su primer embarazo, empezó a sangrar y fue a visitar al médico. Tuvo suerte porque estaba visitando a su hermano en Pontevedra, en la aldea no había consulta de ginecología ni nada parecido. Un señor con canas le dijo: “Nada, usted vaya para casa y reposo. En unas horas ya expulsará todo. Ya tendrá más intentos”. Violencia obstétrica, vaya invento de las feministas.

Pues en los sesenta era así. Mi abuela quedó retorciéndose en una de las camas de la casa de su hermano y fue atendida por su cuñada. Cuando expulsó todo, fue el médico y en cinco minutos la despachó. Recalco la palabra todo, ¿de verdad alguien cree que eso no es violencia obstétrica? Esther Vivas lo explica muy bien en su libro Madres desobedientes.

Chile y sus mujeres en pie

Mujeres de Chile otra vez en la calle

Mi país de adopción tampoco tiene unas mujeres sumisas. Los movimientos estudiantiles son imparables y muchas chicas jóvenes han alzado la voz contra el machismo y las políticas neoliberales. Si ya en la dictadura se vio su coraje, aunque hayan sido invisibilizadas incluso por sus compañeros de trinchera, cómo no iba a verse esa fuerza ahora.

Mujeres de mexicanas, una cifra más

Ciudad Juárez, es nombrar la ciudad y el vello se pone de punta. Mujeres inmigrantes, sin recursos o víctimas de la trata. Sus vidas no valen nada para el sistema. Recientemente he visto una serie en Netflix, Tijuana, una ficción que tiene mucho de real.

Tijuana y el peligroso periodismo

En México son asesinados periodistas a diario. Violencias que se acentúan contra las mujeres. No podemos caer en el pesimismo, tenemos a Marcela Lagarde y otras feministas que pelean a diario contra el patriarcado. Me quedo con su intervención sobre la mercantilización del cuerpo de las mujeres, no solo se alquila un vientre sino a un ser humano entero.

Conferencia de Marcela Lagarde en Santiago de Compostela

Artículos de interés

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s