Viajar sola y el toc toc

Toc toc, ¿por qué viajas sola? Toc toc, ¿tu pareja no está preocupada? Toc toc, ¿seguro que no necesitas compañía? Toc toc, ¿quieres tomar algo?

Después de cinco años viajando sola por diferentes partes del mundo, puedo afirmar que existe el toc toc. Cuando una mujer adulta viaja sola porque le da la gana, todos se creen con el derecho a toc toc, ahí va mi pregunta plagada de parternalismo y machismo. Puede que sea el taxista, el guía que muestra un monumento, el nuevo amigo que has hecho en el hostel…

Toc toc, soy el recepcionista

Madres arrepentidas, Orna Donath

A veces, el toc toc no es simplemente un juego de palabras con el que he puesto en la mesa las preguntas random que he escuchado. Más de una vez, le he cerrado la puerta en las narices al recepcionista. No importa la ubicación en el mapa, el machismo es un cáncer que llega a todas las latitudes. Y con el paso del tiempo, reflexionas y te das cuenta que algunos comportamientos normales no lo eran tanto.

El modus operandi es siempre el mismo. Una mujer que viaja sola llega a su hotel, hostel, albergue o habitación de AirBnb. Está contenta en aquella nueva ciudad y lista para patear todas las calles cámara en mano. Presenta el pasaporte en recepción y alguien rellena los datos. Y ahora es el turno de pasar a primera persona y narrar mi historia que será compartida por otras muchas viajeras.

Cuzco, febrero del 2015

Machu Picchu, 2015

Mi primer gran viaje viajando sola con mi mochila, tres meses perdida por Latinoamérica. El final de la aventura se acercaba pero todavía quedaba disfrutar del impactante Machu Picchu y el norte de Chile. Estaba cansada de dormir en hostels y decidí estirar el presupuesto. Busqué en internet y elegí un hostal cualquiera, económico pero con habitación individual.

En recepción me atendió un chico más o menos de mi edad. Fue simpático en todo momento, mostrándome la localización en el mapa e intentó aconsejarme tours para llegar a Machu Picchu sin gastar una barbaridad. Todo correcto, tal vez demasiada información pero estaba haciendo su trabajo. Me acompañó al cuarto y dejó la llave sobre la mesilla.

Media hora más tarde, toc toc y alguien estaba en mi puerta. No entendía qué pasaba, lo primero que pensé fue que se trataba del servicio de habitaciones. Era por la mañana y quizás no habían limpiado. Abrí la puerta y allí estaba el recepcionista. Con una sonrisa, como es habitual en mí, pregunté qué estaba haciendo allí.

Como estás sola, pensé que necesitabas compañía. En un par de horas termino mi turno y está claro que podríamos vernos aquí. Tengo tu número en el registro, te mando un whatsapp y subo.

Esta fue su respuesta

No tenía ni idea de qué responder a tal proposición completamente fuera de lugar. Fue complicado procesar toda la información, no tenía experiencia viajando sola y era una europea de 20 años en medio de Latinoamérica (parte del mundo de la que había escuchado todo tipo de temeridades). Honestamente, quedé bloqueada y solo dije: “No sé mis planes todavía… ya veremos”. Si puediese hablar con mi yo pasado

Hoy hubiese contestado de otro modo, para empezar que no me gustan las autoinvitaciones o que usen mis datos privados para presionarme. Seguro que no utilizaría palabras biensonantes. Lo que hice en aquel momento fue irme cuando atendía a otro huésped. Recibí varios mensajes de Whatsapp y decidí bloquear su número de teléfono. Llamó a mi puerta y fingí que no oía, me metí en el baño y abrí la llave de la ducha.

No escribí ninguna referencia del hostal. Tampoco leía nada en internet sobre el comportamiento machista del recepcionista. Otras mujeres, igual que yo, pensaron que no tenían motivos suficientes para hacer pública su experiencia. Fue simple mala suerte. Cuatro años después, he querido hacer público que no es normal escuchar el toc toc.

Arica, febrero del 2015

En la misma aventura, hubo otro episodio similar y del que tampoco hablé en su día. Después de meses fuera de Chile, volví al país que estaba siendo mi hogar. Me alojé en un hostal cualquiera, barato y con críticas aceptables en la web. Hice el check-in y el recepcionista empezó con la batería de preguntas: ¿estás viajando sola? ¿cuánto tiempo vas a quedar en Arica? ¿no tienes miedo andar por ahí sin compañía?

Esquivé las preguntas como pude y fui directa a la habitación. Me duché y me tiré sobre la cama, estaba cansada tras pasar horas en el autobús. Toc toc y alguien estaba en mi puerta.

No hubo presentaciones. Aquel tipo estaba con dos cervezas en la mano y me dijo que quería tomarlas juntos.

Directamente una orden

Esta vez no me quedé callada. No me interesa, quiero estar sola. El siguiente comentario hizo referencia al gran esfuerzo que había supuesto ir al supermercado, comprar dos cerveza y meterlas en el frigorífico hasta que me llamó. ¿A mí qué me cuentas? Bébelas solo. Y portazo en las narices.


Nellie Bly, hay cosas que siguen igual

Nellie Bly, haciendo lo que le daba la gana ya en el siglo XIX

Mi vuelta a Latinoamérica fue de tres meses, no los 72 días que la estadounidense Nellie Bly utilizó para recorrer mundo. Era el siglo XIX y esta periodista no quiso quedarse en casa con la pata quebrada. Cogió la maleta y buscó testimonios en primera persona. Sus aventuras han sido recogidas en varios libros, por ejemplo La vuelta al mundo en 72 días de Capitán Swing. Se atrevió incluso a escribir sobre los psiquiátricos o la Primera Guerra Mundial, ¿por qué no escuché hablar de esta mujer durante la secundaria?

Soy incapaz de pensar en los hostales de la época y los cavernícolas a cargo de la recepción. Nellie es una inspiración para todas nosotras, su historia nos da energía para seguir viajando y escribir nuestras propias historias. Algunas cosas siguen igual, pero seguiremos haciendo ruído para cambiarlas.

Mujeres que no podían escribir lo que querían

Pocos creyeron en Nellie y sus dotes con la pluma. No es de extrañar si un siglo después, una tal Kathryn Stockett fue condenada a la columna de limpieza y cocina de una revista por el mero hecho de ser una mujer periodista en 1963. Llevada por su historia familia, decidió escribir sobre las mujeres afroamericanas que se dedicaban al servicio doméstico durante el terror de la segregación. Quiso hacer algo fuera de la norma y alguien tenía que dar el primer paso. Sin olvidar las sabias palabras de Viola Davis, actriz que interpretó a Aibileen Clark, que declaró que se arrepentía de su papel en la película.

Simplemente sentí que al final del día no eran las voces de las sirvientas las que fueron escuchadas. Yo conozco a Aibileen. Yo conozco a Minny. Ellas son mi abuela, ellas son mi mamá.

¿Por qué una mujer blanca y de clase alta viene a salvar a las afromericanas?

No viajo sola, viajo con mi parrús

No hay mejor manera de terminar que escuchar un podcast feminista. Barbijaputa se ha ido de vacaciones dejándonos un programa dedicado a las mujeres que viajan solas, aunque en realidad lo hacemos con nuestros parrús.

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