Mujeres en los deportes, un viaje de Rumanía a España

Una combinación de palabras que no ha sido casualidad. Las mujeres siempre han estado en los deportes, pero en Rumanía y España nos han dicho lo contrario. Líneas para volverlas visibles.

Nadia Comăneci haciendo historia

Cuando vivo en otro país, me gusta conocer a gente local e intentar aprender cosas nuevas. Hace un par de meses supe de la existencia de RO-KIT. Identitate românească în 50 de componente, un libro sobre 50 curiosidades de Rumanía. Fue una sorpresa darme cuenta de que uno de los iconos del país es una mujer gimnasta.

Nadia Comăneci (1961) tenía seis años la primera vez que pisó un gimnasio en su pequeña ciudad Onești, cerca de los Cárpatos de Rumanía. Márta y Bela Károlyi, de origen húngaro, visitaron varias escuelas en buscar de niñas interesadas en la gimnasia. La madre de Nadia pensaba que su hija tenía demasiada energía y era difícil controlarla en casa, así que empezó los entrenamientos.

Vieron que Nadia era diferente, trabajaba duro todos los días (cuatro horas en el colegio y otras cuatro entrenando) y mejoraba rápidamente. Su primera competición llegó cuando Nadia tenía 9 años y quedó en el puesto número trece, para ella fue frustrante y se prometió a sí misma trabajar más para subirse al podio.

Bela y Márta se presentaron en los Juegos Olímpicos (1976) con una niña rumana de 14 años. Pensaron que estaban locos. Llegó el turno de Nadia e hizo los ejercicios que tantas veces había practicado. Los jueces puntuaron y en la pantalla se vio 1,00. No se lo podían creer. Unos minutos después se escuchó a través de la megafonía que había ocurrido algo único en la historia del deporte, por primera vez una gimnasta logró 10,00 y el sistema no reconocía esa cantidad. Nadie sabía en qué parte del mapa se encontraba Rumanía.

Nadia Comăneci haciendo historia

Llegaron otras medallas y Nadia ocupó las portadas durante un tiempo. Se convirtió en un símbolo de Rumanía en plena Guerra Fría. El dictador Nicolae Ceaușescu nombró a Nadia Heroína a la Labor Socialista, una mujer que había demostrado la valía de su país y la fortaleza de su gente. Toda Rumanía sabía su nombre, la veía en la televisión y esperaba que machacase a las competidoras de otros lugares del mundo. El régimen decidió invertir en gimnasios (aunque no tenía ni idea) y llevaron a Nadia a Bucarest. No podían permitir que unos entrenadores húngaros diesen indicaciones a una heoína rumana. La opinión de Nadia no importaba, aquella adolescente era de todos. Un año perdido y nada de entrenamientos. Rumores sobre la gimnasta y un régimen carcelario.

Para los Juegos Olímpicos de Moscú (1980) llamaron de nuevo a Bela y exigieron que preparase a Nadia en cinco semanas. Una tarea imposible, su cuerpo había cambiado al romper con las rutinas de los entrenamientos. La puntuación fue 9,85 y Rusia se hizo con el primer puesto. No era una competición cualquiera, se trataba de la lucha simbólica entre Nicolae Ceaușescu y la URSS. Bela se mostró enfadado con el resultado y tuvo que dar muchas explicaciones al volver a casa, él no era nadie para disgustar a los amigos soviéticos. Lógico que cuando hicieron una gira por Estados Unidos, decidiese quedar allí junto a su hija y Márta.

Nadia Comăneci, la gimnasta y el dictador. Documental completo en este link

Nadia se quedó sin sus entrenadores de confianza. Finalmente, dejó de competir y empezó a entrenar otras gimnastas por un miserable sueldo mientras estudiaba en la universidad. Su vida era la misma de siempre, no importaban las medallas, sus padres estaban divorciados y su madre trabajaba de cajera.

En 1989, meses antes de la revolución rumana, decidió abandonar su país. Aprovechó una fiesta en casa de unos amigos cerca de la frontera con Hungría, estaba vigilada todo el tiempo y aquella era su única oportunidad. Siguió las indicaciones de un amigo que había intentado huír y corrió en medio de la oscuridad de la noche. No supo que estaba en Hungría hasta que vio unos carteles en una lengua que no comprendía. Cuando fue localizada por la policía, comprobaron su documentación y la llevaron al consulado de Estados Unidos. Solicitó asilo político y no ha vuelto a Rumanía, decidió hacer su vida al otro lado del charco. En cualquier entrevista, Nadia se define como rumana y se desentiende de un régimen que jamás hizo nada por las mujeres.


Ona Carbonell y la natación sincronizada

La natación sincronizada, la gimanasia rítmica o el ballet son deportes mayoritariamente de mujeres. No fue hasta 2016, en el Mundial de Natación de Kazán, que los hombres pudieron competir en dúos mixtos aunque tienen prohibida su participación en los Juegos Olímpicos. Las nadadoras españolas consiguieron el oro en 2009 y empezaron a visibilizar este deporte, aunque en el telediario hablasen más de las rusas.

Oro para la natación sincronizada española

Ona Carbonell (1990) es la nadadora que acumula más medallas en la historia de los mundiales, hace unos días conseguía la número 23 en el Mundial de Natación de Gwagju. Esta catalana viene de la gimnasia rítmica y desde los catorce años pertenece al Equipo de Nacional Español de Natación Sincronizada. En su página web, Ona relaciona la natación sincronizada con el arte colectivo y el trabajo en equipo. En 2012, participó en los Juegos Olímpicos de Londres junto a sus compañeras y consiguieron la plata.

Plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012

Probablemente le hayas puesto cara a Ona después de su participación en MasterChef España en 2018. Lo que hace es impresionante, pero muchas veces un trabajo invisibilizado. Solo hay que ver los comentarios en youtube de su entrevista en La Resistencia, la mayoría solo hacen referencia a su aspecto físico y las probabilidades de que se líen ella y Broncano. En lo personal, me gusta que el programa dé la oportunidad de hablar a mujeres del deporte que no suelen ocupar las portadas pero me aburren los chistes de David.

La Resistencia

Ona habló sobre Rafa Nadal. No tengo capacidad para hablar sobre tenis, pero sí puedo decir que detesto su hipocresía. Ridiculiza la equidad de género en el mundo del deporte (si no sabes, no hables). Sí Rafa, en ese mundo también hay machismo. Nada, me quedo con Serena Williams

Cosas de tenis

Ana Peleteiro, de Ribeira al mundial

La prensa parecía más interesa en averiguar la procedencia de los padres biológicos de Ana Peleteiro (1995) que en reconocerla como compeona de Europa de salto triple.

Ana Peleteiro

Hasta los 17 años entrenó en la Asociación Aletletismo e Deporte do Barbanza, sin demasiados medios, y en 2013 se fue a Madrid a un Centro de Alto Rendimiento y ahora vive en Guadalajara donde entrena con otros deportistas de élite (sin demasiados medios como ha dicho en varias entrevistas). Mejor atleta júnior en 2011, 2012 y 2013.

Ana Peleteiro en La Resistencia
Se ha criado en Ribeira (A Coruña) con unos padres que han hablado galego toda la vida.

Los deportes y yo

Clases de educación física

Nunca fui de las que elegían la comba. La profesora de gimnasia se empeñaba en separarnos, los niños cogían una pelota de fútbol y las niñas una de baloncesto. Nací en la Europa de 1994, pero es la misma historia de siempre. Detestaba aquel deporte por una simple razón, una señora me estaba obligando. Recuerdo que mis amigas y yo nos las ingeniábamos para echar el balón fuera del recinto escolar, parte del colegio limitaba con una finca y siempre hacíamos desaparecer el balón en aquella dirección. La excusa perfecta para no jugar al baloncesto.

En primero de bachillerato tuvimos que organizar un musical. Nunca me ha gustado bailar, me veo como un pato mareado y al ser alta siempre me tocaban los papeles masculinos. Elegimos High School Musical y me otorgaron el rol de Chad. Semanas de ensayos y discusiones para decidir quién sería Gabriella, la protagonista.

Podcast de Sangre Fucsia: Si no puedo bailar, no es mi revolución

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Hablando de sujetadores…

Me gustaba el atletismo y solía participar en carreras de cross. Molaba mucho perder clases durante las competiciones, conocer gente de otros colegios y volver al aula cubierta de barro. En sexto de primaria ya había dado el estirón, de hecho fue dos veranos antes cuando inicié el camino a la adolescencia, en la última carrera del curso estrené un sujetador deportivo y me depilé las piernas. Mientras calentábamos, le pregunté a mis amigas un mínimo de diez veces si se me notaban los pezones o se distinguía el color de mi sujetador unno (en este artículo hablo de los sujetadores deportivos). Para estar segura de no tener imprevistos, una niña apretó mis tirantes y confirmó que todo estaba en orden.

Empezó la carrera e intenté alcanzar las primeras posiciones. Nunca gané una medalla, participaba en las carreras porque me lo pasaba bien y para mí era un juego. La posición da igual, durante el trote solo pensaba en las tiras de mi sujetador, estaban demasiado recogidas y se descolocaron los aros. Casi quince años después, me da la risa aunque en aquel momento fue un drama. No quería parar así que llegué a la meta y cuando mis amigos se aceron para preguntarme mi puesto, cómo había sido la carrera, si estaba cansada… me dirigí al baño sin decir nada y me coloqué de nuevo el sujetador.

Una imagen vale más que mil palabras

Dramas con la regla

Hubo más deportes en mi vida como el kárate o la natación. Practicar deportes con monos blancos o bañadores mientras tenías la regla parecía una actividad de alto riesgo. Cuando competíamos, las chicas del club tomábamos la píldora para controlar los ciclos y evitar tener la regla aquellos días. Bucábamos información en internet, preguntábamos a las compañeras que eran mayores y probamos todas las marcas de tampones. A veces, directamente, faltaban chicas a los entrenamientos.

Entrenaba tres veces por semana ambos deportes. Un día me corté con el borde de la piscina, no era una herida grande pero sangraba mucho porque era la zona del codo (me dieron puntos). No quise parar el entrenamiento y en uno de los cambios de ejercicio, un niño gritó que había sangre en la piscina. Todos dijeron que tenía la regla, miI entranador solo dijo que saliese de la piscina. Vio mi codo y me llevó al botiquín. Utilicé la excusa de los puntos para no aparecer en una semana.

Empecé estos deportes siendo una niña y vi que muchas dejaban de venir al gimnasio o la piscina. Especialmente lo segundo, en natación mostrábamos nuestro cuerpo con estrías, pelo y todo lo demás. A los quince no era mismo y después de muchos años, lo dejé.


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