Sighisoara, viajar sola a la ciudad más bonita de Rumanía (según algunos)

Perderse en una ciudad medieval, ¿a quién no le gustaría? Sighisoara es un imprescindible de Transilvania, una ciudad fortificada a los pies de los Cárpatos que ha sobrevivido a invasiones e incendios.

Disfruto cualquier viaje a Transilvania, una tierra que guarda historias mágicas sobre Drácula. Más allá del mito, se oye otro acento rumano y nuevos platos de comida. Me he dado cuenta de estos detalles después de vivir cerca de cinco meses en Rumanía, aquí conviven diferentes culturas y tradiciones. Olvídate de todo lo que pensabas que sabías sobre Rumanía y vete a Transilvania.

¿Cómo llegar a Sighisoara?

Festival medieval en Sighisoara

Trabajo en Craiova y cada fin de semana escapo para conocer Rumanía. La forma más rápida y barata, al menos me lo pareció en aquel momento, fue subirme a un tren en dirección a Sibiu y después hacer transbordo para llegar a Sighisoara.

La hora no es apetecible, me puse la mochila a la espalda a las cuatro y media de la mañana para estar en el vagón a las cinco. No llamé a ningún taxi, algunos pensarán que estoy loca, pero se puede caminar sola de madrugada en Rumanía. Craiova es una ciudad tranquila, con aire universitario y ambiente familiar. No he recibido ningún trato diferente con respecto a otras ciudades europeas, el acoso callejero continúa siendo una lacra que nos ataca por el mero hecho de ser mujeres pero da igual si estás en París o en la plaza de tu pueblo. Un paseo de quince minutos y estaba en la estación.

En el tren…

Mi asiento no estaba enumerado. Subí al vagón que me pareció y me senté junto a una pareja de mediana edad en uno de los compartimentos del tren. Nunca elijo un compartimento para mí sola, me parece más peligroso que viajar cerca de alguien que me da confianza como fueron aquellas personas de la edad de mis padres. Si alguien va a acosarme o atacarme, que lo haga delante de testigos. A mi juicio es una cuestión de probabilidad y minimizar el riesgo.

El viaje duraría seis horas aproximadamente. Para confirmar que todo estaba correcto, le pregunté a la pareja si estaba en el tren que iba a Sibiu. Les hizo gracia mi intento de hablar rumano, entendieron las palabras pero conozco esa reacción. Los extranjeros normalmente hablan inglés sin esforzarse por hablar la lengua autóctona, no tengo ni idea de rumano pero intento usar las palabras claves acompañadas de una sonrisa. Efectivamente, había acertado

El viaje de tren Craiova-Sibiu siempre es muy barato, la perfecta conexión con Transilvania. Cuesta 26,40 lei (5,70 euros).

Información sobre el tren a Sibiu

Llevaba comida, los cascos puestos, un libro en la mochila… Amaneció mientras estaba de camino a Sibiu, no fui capaz de dormir aunque los asientos fuesen cómodos. Hablé un rato con la pareja sin importar las limitaciones con el idioma, expliqué que estaba trabajando en Craiova con niños y les pregunté si ellos eran de allí. Trabajaban en la misma ciudad que yo e iban a Sibiu a visitar algunos familiares, tal vez sus orígenes estuviesen en Transilvania y no Oltenia.

Un rato más tarde, abrieron una bolsa y sacaron pan y salami. La mujer me ofreció un bocadillo con una sonrisa de oreja a oreja, en realidad no tenía hambre pero fui incapaz (por el idioma y ante esa expresión) que no aceptaba su comida. Los verdaderos rumanos son amables simplemente porque quieren serlo, cuando viajo sola siempre encuentro una mano que me quiere ayudar. Después vino otro bocadillo, zumo e incluso un plátano. Llegué a Sibiu tarde porque el tren se atrasó media hora, pero con el estómago lleno y el bonito recuerdo de coincidir con aquel matrimonio.

Perder una conexión

Perdí el tren que me llevaría a Sighisoara. Hablé con la mujer de la taquilla y amablemente propuso devolverme el dinero o cambiar el billete. No estaba dispuesta a perder la tarde en una ciudad que ya había visitado, especialmente un día que mi despertador sonó a las 4:30, así que viajé a Copsa Mica y una hora más tarde subí al tren que por fin me llevó a Sighisoara.

El trayecto Sibiu-Sighisoara cuesta solo 11,70 lei (2,54 euros). El problema es la frecuencia, solo hay cuatro al día.

Viaje a Sighisoara

Era la única extranjera en la estación de tren de Copsa Mica. No había pantallas con información y pregunté el andén cuando se acercó la hora de llegada, uno de los empleados me dijo el número. LLegó un tren y empecé a caminar hacia la puerta, una mujer fue corriendo a junto mía y me preguntó a dónde iba. Me advirtió que aquel tren iba para otra parte, había visto mi mochila y dio por hecho que no quería ir allí. Se lo agradecí, no quería ser grosera, y cuando ya se subió al vagón pregunté a un operario del tren. Los prejuicios son así, aquella rumana impidió que terminase en el lugar equivocado.

Estación de tren de Sighisoara

Buscar un hostel en uno de los lugares más turísticos de Rumanía

Lo turístico implica gastar más dinero. Y no por algo mejor. Los precios de las habitaciones no bajan de los quince euros y hablo de nivel hostel, una cama en un cuarto compartido con desconocidos. Viajé en un puente y no tuve otra opción, pagué 18 euros por dormir con dos mujeres que no conocía. En booking Casa Sirbu se presenta como un pequeño hostel con dos tipos de habitaciones.

Fue una odisea llegar hasta este lugar. Usé google maps pero no hay ningún tipo de letrero. Pregunté a la gente, a la camarera del bar al que lleva la dirección de booking, a un taxista en una parada próxima… Nadie hablaba bien inglés y mucho menos sabía dónde estaba aquel dichoso hostel. Una señora me dijo que aquello parecía una mentira, la zona era residencial y apartada del centro de la ciudad. Empecé a pensar lo mismo, me daba mala espina que fuese mandatorio el pago total por adelantado.

Cualquier esquina de Sighisoara

Lo intenté de nuevo en el bar donde supuestamente estaba el hostel. Hablé con la camarera usando todas las palabras en rumano que sé y le pedí si podía usar el enchufe para recargar mi móvil y mostrarle la reserva, usar google translate y entender qué estaba pasando. Sudaba, me pesaba la mochila y estaba harta de caminar y vagar de un tren a otro. Al final la chica me entendió y me mandó al piso de arriba. Subí las escaleras, llamé a la puerta, estaba abierta y entré saludando. No había nadie, era un departamento cualquiera. Se terminó mi paciencia.

Me senté en una de las sillas del bar y llamé por teléfono al hostel. Contestó una mujer que no hablaba ni una palabra de inglés y colgó. Le pedí a la camarera que llamase al mismo teléfono y explicase que estaba allí, esperando por una maldita ducha y la cama por la que había pagado. Unos minutos después apareció la dueña con su hijo pequeño, dijo dos palabras en inglés y el resto en rumano sin importarle la velocidad de sus palabras y que no entendiese nada. Dejé mi mochila en una pequeña habitación para tres personas. Saqué la toalla y fui directa al baño, la mujer me paró y me explicó que se tenía que ir. Vale, pensé yo, ¿a mí que me importa? Pues importaba y mucho, no había llave para los huéspedes y dependíamos de la agenda de aquella mujer.

Festival medieval en Sighisoara

En la ciudad se celebraba un festival medieval y por alguna razón que no entendí, aquella tía quería ir al centro así que nada de ducha. No tenía batería para llamarla y decirle, oye estoy en la puerta, abre. Su solución, ante mi cara ya no amable porque estaba alucinando en colores (hablando coloquial y rápido), fue dejarme una batería externa. No me gusta discutir y aquella mujer ya tenía mi dinero, sin perder la educación me fui y empecé a disfrutar de la ciudad.

Nunca he estado en un hostel tan mal gestionado. Para empezar es un departamento con muchas camas y una dueña que tuvo la genial idea de vivir a costa del dinero de los turistas, el servicio que ofrece es nulo. No habla inglés, no tiene toallas para todo el mundo, dividió una habitación grande en dos más pequeñas separándolas con una puerta de cristal, solo hay un baño, entra y sale de tu cuarto cuando le parece… Un desastre.

Volví cansada y me puse a dormir. Los viajeros de la otra habitación estuvieron hablando un par de horas, escuchaba perfectamente la conversación porque realmente estábamos en el mismo espacio. Llegaron mis compañeras de cuarto y no se molestaron en intentar hacer poco ruido, la regla básica de un hostel. Por la mañana llegó lo más surrealista, no solo ducharse mientras diferentes personas aporrean la puerta porque solo hay un baño, sino que la dueña me indicó la cama que no era. Una de las chicas de mi habitación me dijo que ella había elegido esa cama, llevaba días duermiendo en ella y yo había movido unos folletos que había encima. Dieciocho euros por dormir sobre las sábanas usadas de una desconocida.


La ciudad medieval

Fue un largo camino bajo al sol desde el hostel al centro histórico. Escuchaba música de fondo y había muchas familias reunidas y algunas personas disfrazadas. Las calles de Sighisoara son estrechas, de piedra y edificios con colores llamativos. Me llamaron la atención los tejados de las casas, el olor a comida callejera por motivo del festival y los inumerables puestos con artesanías.

Casas de Sighisoara, Rumanía

Sighisoara es una ciudad fortificada, cuya construcción iniciaron los dacios. Por aquí han pasado numerosas civilizaciones desde romanos a sajones, estos últimos todavía guardan gran poder en la zona de Transilvania como bien expliqué cuando hablé de mi viaje a Sibiu. Sighisoara es considerado uno de los pueblos más bellos en Europa al mismo nivel que el casco histórico de Praga o Viena.

La muralla

Perdida en Transilvania…

En la Edad Media, la ciudad gana poder a través del comercio y la influencia de los sajones en el área de Transilvania. Sighisoara no es el pueblo más grande o rico, pero mantienen su relevancia en el comercio y la economía de la época. Se refuerza la seguridad de la ciudad para evitar invasiones y saqueos, la fortaleza llegó a contar con catorce torres. Quedando en pie solo nueve después de los ataques de los otomanos.

Una de las puertas a la ciudad amurallada de Sighisoara

Hay varias entradas a la fortaleza, que por supuesto ha sufrido alteraciones con el paso de los siglos pero se conserva gran parte del patrimonio.

La torre del reloj

Torre del reloj de Sighisoara

Resulta imposible no verla. En la actualidad continúa siendo la entrada principal al casco antiguo, se construyó en el siglo XIV para tal fin y salvaguardar la seguridad de los vecinos de Sighisoara. Los guardias podían examinar las mercancías, hacer las preguntar que considerasen e impedir el paso a quien no cumpliese las normas. La estructura sufrió un incendio en el siglo XVII, sin embargo hoy todavía guarda su belleza.

Entrando a la fortaleza de Sighisoara

La casa de Vlad Tepes

Imposible hablar de Transilvania sin mencionar a Drácula. El mito de un vampiro que vivía en un castillo y hacía fechorías por las noches. Bram Stoker escribió esta novela en 1897, no fue el primer libro que habló de vampiros de Transilvania pero sí el que vinculó al conde Vlad Tepes con esta historia. Se inspiró en artículos sobre la historia de la Edad Media de Wallachia y las obras de Emily Gerard (1849-1905) en las que hablaba del folklore en Rumanía.

Hubo una mujer detrás de este mito que tanto hemos visto en las películas. Emily, de origen escocés, estudió lenguas y escribió para varias revistas de la época junto a su hermana Dorothea. Firmaron alrededor de sesenta obras. Su interés por Transilvania nace a través de la relación de su marido, un militar al servicio del Imperio Austrohúngaro, con varios pueblos de la zona. Escribió sobre su gente, las constumbres y algunos mitos que circulaban por ahí.

La torre del reloj desde abajo, Sighisoara

En 1888 Emily Gerard publica The land beyond the forest, el libro en el que se inspira Bram para escribir su famoso Drácula. Ella ya hablaba de vampiros, los que están muertos y los vivos, y menciona la típica figura en cualquier historia de terror: una mujer malvada. Escribe sobre una mujer anciana, que normalmente es partera, con poderes mágicos al servicio de los vampiros. Vamos, una bruja.

Land Beyond the forest (1888) de Emily Gerard

Los intelectuales de la época destacaron de Emily su imaginación y las dotes con la pluma, aunque en la actualidad poco se habla de ella o su hermana. De hecho, no sabía que detrás de Drácula había la obra de una mujer. En Sighisoara se puede visitar la casa de Vlad Tepes, los viajeros no pierden la oportunidad de meterse en esas cuatro paredes.


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