Zagreb (Craocia), sola un fin de semana

Croacia siempre ha estado en mi lista. Desde España es difícil viajar porque las compañías low cost no ofrecen vuelos baratos. Tuve la oportunidad y cogí la mochila.

Mi jefa dijo que en agosto podría coger diez días de vacaciones. Mi primera idea fue ir a Reino Unido, mi hermano emigró hace siete años y no nos vemos con frecuencia. Volar con Wizz Air ida y vuelta por 60 euros en temporada alta. El aeropuerto de llegada es Luton, así que abre la cartera y prepara 40 euros para llegar a Brighton.

Demasiado caro para mi cuenta bancaria en aquel momento. Nuestra familia es así, uno en cada país pero unidos. Nos reunimos en navidades y después cada uno vuelve a su vida. Hemos seguido la tradición gallega de emigrar. Descartado Reino Unido, ¿qué podía hacer durante mis vacaciones?

Pues a Croacia que me voy…

Empecé a teclear en el ordenador y di con una oferta de flixbus Timisoara-Zabreb por 40 euros. Llevo meses trabajando en Craiova, así que compré un billete de autobús hasta Timisoara y de ahí a la aventura.

Llegué a Timisoara a las seis de la tarde, un accidente de tráfico provocó que quedásemos tirados en la carretera durante casi tres horas. No me importó demasiado porque aquella no era más que una parada técnica, mi autobús salía a la una y media de la madrugada. Para economizar dormiría durante el trayecto y en Budapest solo tenía que cambiar de autobús y esperar una hora.

Graffitis de Zagreb

La primera vez que tuve miedo en Rumanía…

No era mi primera vez en Timisoara, estuve allí al poco de llegar a Rumanía. En mayo tuve unos días de vacaciones gracias a la Pascua e hice una escapada a Hungría. En esta ocasión, solo fue una parada. No quería caminar durante la noche y cuando empezó a atardecer, cogí la mochila y caminé hasta la estación de autobuses. Tenía mi teléfono y un libro, podía sobrevivir dos horas y media sentada en un banco.

La estación de autobuses no es más que seis bancos y unos andenes, el edificio está cerrado durante la noche y las taquillas cierran a las ocho de la tarde. No había nadie y todo estaba oscuro. A menudo la gente dice que no te juntes con extraños, que cuando estás en otro país debes buscar sitios donde nadie te moleste. Discrepo con esta teoría, nunca he pasado tanto miedo en Rumanía.

Llegaron algunos autobuses, bajaron los pasajeros y subieron a coches de familiares mientras otros eligieron un taxi. Volvía a estar sola por la noche en una estación fantasma. Me incomodaba el taxista que esperaba en la puerta principal dentro de su coche. Empecé a pensar que si alguien me agredía o acosaba, nadie podría testificar a mi favor. Usé google para buscar algún bar cercano, hacer tiempo y volver para subirme directamente al autobús. Todo cerraba a las doce y no tenía más remedio que esperar otra hora y media y caminar sola por la ciudad.

Cogí la mochila y caminé hacia una gasolinera a pocos metros. Compré una botella de agua y pensé en todas las opciones que tenía, no ganaba nada con ponerme nerviosa. Junto a la puerta había una mesa con unas sillas, descarté esa posibilidad. No paraban de llegar coches para repostar, estaba claro que era extranjera porque andaba con mochila de viaje y si algún hijo sano del patriarcado intentaba algo al empleado de la gasolinera poco le iba a importar. Parecía estúpido ponerse en evidencia, no quería ser un blanco fácil.

Edificio de Zagreb

Volví al banco de la estación de autobuses. Un hombre no paraba de caminar de un sitio para otro, puse los auriculares y pulsé play. Me preguntó algo en rumano pero ignoré sus palabras, no quería dejar claro que soy extranjera. Desapareció e intenté calmarme. Más tarde una pareja se acercó al tablón de anuncios y el extraño hombre que me había preguntado algo también apareció en escena. Volvió a hacerme la misma pregunta e hice un gesto que significaba que no entendía su idioma.

Unos minutos después, la mujer se acercó a mí y me preguntó por la plataforma donde pararía el autobús que iba a Budapest. Lo primero que pensé fue que me pediría dinero, que diría algo que no entendería, preguntaría mi nacionalidad… Debió de ser obvio que me sentía incómoda y ella empezó a hablar conmigo en inglés, se defendía perfectamente en esta lengua. Preguntó si podía sentarse a mi lado, solo pretendía hablar mientras esperábamos el autobús y su marido estaba nervioso, era su primer viaje en solitario, y ella no quería volver a escuchar sus dudas. Estoy completamente segura que quiso ayudarme al ver que era una mujer joven, sola y con una mochila.

Al final la mayoría de los peligros solo existen en nuestras cabezas. Siempre habrá una mano para ayudarte. Aquella mujer rumana hizo que volviese a tener confianza en mí y en la gente que me rodeaba. Estaba a punto de irme a Croacia, no iba a permitir que todos los mensajes nagativos que recibo cuando viajo sola me impidan hacer lo que quiero.


Llegada a Zagreb

El autobús de flixbus llegó tarde a Timosoara. De la nada apareció un grupo de extranjeros, el conductor comprobó todos nuestros pasaportes y etiquetó el equipaje, así que la salida se demoró. Estaba cansada de esperar y me preocupaba perder la conexión en Budapest con el autobús que me dejaría en Zagreb.

En la frontera húngara suelen ser muy meticulosos, más de uno ha tenido que abrir el maletero del coche y presentar papeles, el control fue lento (aproximadamente una hora y media de espera). Por suerte no perdí la conexión y llegué a tiempo para cambiarme de autobús.

A las once de la mañana llegamos a la estación de autobuses de Zagreb y mi hostel estaba a menos de un kilómetro.

¿Dónde dormir en Zagreb?

3F Hostel

Utilicé la app hostelworld para buscar un hostel económico en Zagreb. En la web dice que la habitación tiene treinta camas, lo cual me asustó, pero en realidad las habitaciones son para cuatro personas. Nuevas instalaciones, escritorio, taquillas y cómodos colchones. Olor a limpio y ni una mancha. Nueve euros muy bien invertidos.

Fachada de un edificio de Zagreb, Croacia

El check-in empieza a las dos de la tarde cuando terminan los trabajos de limpieza, sin embargo el recepcionista me permitió dejar la mochila. Su carácter era seco y no habló demasiado, pero fue amable en todo momento y un buen nivel de inglés. No tuvimos ningún problema para entendernos y cuando volví para instalarme, buscó una habitación en la que solo hubiese chicas. Al principio estaba sola y antes de dormir llegó una compañera de cuarto que resultó ser chilena. No podía negar su acento y en mi cara apareció una sonrisa de oreja a oreja recordando mi año viviendo en Chile.

Haz amigos en el hostel

No solo se elige dormir en un hostel porque las habitaciones son económicas, también es la oportunidad de hacer amigos de otros países. Después de caminar durante todo el día bajo el sol de pleno agosto, compré algo de comida y me senté en el sofá de la sala común. Estaba relajada con un libro y llegó un chico, nos presentamos y por su pronunciación supe que hablaba español. Normalmente no puedo practicar mi lengua materna en Europa del Este, así que me alegró saber que era argentino.

Nació en Buenos Aires, familia de descendencia eslovena e italiana, diseñador gráfico que hizo la maleta a los treinta y vino a Europa para conocer sus orígenes. Llevaba menos de un año viviendo en Trieste y aprovechó las vacaciones para visitar el pueblo de su abuelo en Eslovenia y dar el salto a Croacia. Compartimos un par de cervezas en un bar y hablamos de todo un poco. Siempre es un gusto charlar con alguien de Argentina, el país que compartió su pan con los gallegos entre los que estuvo mi familia.

Zagreb

En un hostel es muy sencillo hacer amigos. Otra forma de hablar con alguien mientras viajas sola es utilizar couchsurfing, si no te interesa dormir en la casa de un local puedes simplemente quedar para visitar la ciudad.


¿Qué ver en Zagreb?

Croacia es la fusión de los estilos de vida mediterráneos y europeos, lo que consigue que sea un destino turístico muy solicitado. A continuación, los 6 lugares que no te puedes perder.

1. Plaza Ban Jelačić

En el centro de la capital croata se encuentra la plaza que lleva el nombre del duque que organizó las primeras elecciones al parlamento (S. XIX). Hubo una época que se cambió su nombre por el de Plaza de la República entre 1947 y 1990, la estatua de Ban Jelačić que hoy está en el epicentro del lugar, también fue eliminada ya que simbolizaba el distanciamiento con Hungría (estaba orientada hacia el norte).

Bulevares de Zagreb

Es muy fácil y barato moverse por la ciudad en tranvía, con líneas que unen los puntos más importantes

Tip importante

Varios bulevares llegan hasta la plaza, tiendas de todo tipo y cadenas comerciales que han llegado para quedarse. Punto de encuentro para los viajeros y los turistas que organizan una visita guiada. Y sin duda, el punto de referencia es el reloj y así ha sido durante seis generaciones.

2. Catedral de Zagreb (S. XII)

De estilo neogótico y una altura de 108 metros. Ha sufrido numerosas modificaciones, conservando sus orígenes y adaptando sus murales a los nuevos tiempos.

Interior de la Catedral de Zagreb

Cámara en mano intenté fotografiar la fachada esquivando turistas, resulta imposible no escuchar a alguien hablando español o italiano, especialmente a los pies de la catedral más importante de Croacia.

Catedral de Zagreb

3. Unos minutos para el café

Las opciones hosteleras para tomar un café en una terraza son directamente infinitas. Se estima que hay 4.500 bares y restaurantes en la ciudad, lo que se traduce a una cafetería por cada 175 habitantes. El Hotel Espalanade fue construido en 1925 para alojar a los viajeros y comerciantes que se dirigían a Estambul, parece buena idea disfrutar de un café en ese ambiente.

Una calle cualquiera de Zagreb…

Para los croatas el café es sagrado, la excusa perfecta para quedar con los amigos. Tanto es así que utilizan la expresión idemo na kavu que no es otra cosa que venga, vamos a tomar un café. Sin olvidar la comida que nació de la mezcla de culturas como la turca, italiana o la propia croata. Puedes acompañar el plato con una cerveza, esta gente también entiende de esto.

4. Mercado Dolac

No falla a la cita desde 1930, los comerciantes montan sus puestos a primera hora de la mañana hasta el mediodía. Sus características sombrillas rojas se ven en la distancia, al igual que la multitud de persona que curiosea o compra algo para llenar la nevera. Hay señoras que venden quesos, pescados, carne… hasta flores y de muchos tipos. Para esto último, baja las escaleras y encontrarás rosas, violetas y plantas aromáticas en la Plaza Petrica Jerempuh.

Mercado Dolac

No puedo evitarlo, los ojos se me van a cualquier indicio que evidencia la presencia de las mujeres en los espacios públicos. Las grandes historias siempre se cuentan a través de las hazañas de los hombres, ya conocemos ese estilo, yo intento mostrar la otra parte de la realidad. Una pequeña estatua donde posan los turistas sirve de homenaje a las mujeres de los alrededores de Zagreb, que con sus cestos en las cabezas llegaban a la capital para vender sus productos frescos. Reciben el nombre de kumica, sin el invisibilizado trabajo de las mujeres no llegaríamos ni a mañana.

Una Kumica

5. Iglesia de San Marcos

La entrada es gratuita siempre que se haga durante la celebración de la misa, se pueden consultar los horarios en internet. Lo primero que llama la atención es su colorido tejado formado por mosaicos. Esta iglesia es uno de los monumentos más antiguos de Zagreb, se terminó de construir en el S.XIII y posteriormente remodelada. El escudo de armas de Croacia, Dalmacia y Eslavonia vs el emblema de Zagreb.

Iglesia de San Marcos

Visité esta iglesia en verano, al salir del templo decidí sentarme a la sombra hasta que el sol no acribillase mis hombros. Estaba buscando en google qué ver después y mi oído escuchó algo familiar. Una chica de uno de unos veinte años estaba hablando mi lengua, es decir gallego, acompañada de sus amigos que hablaban español aunque con nuestro característico acento. Dicen que hay un gallego hasta en la luna. No dije nada, solo presté atención y, tras meses sin vivir en mi tierra, me encantó ver que alguien continúa usando nuestra lengua sin importar que los otros elijan usar el español. Las últimas encuestas dicen que uno de cada cuatro menores de 15 años, no sabe hablar gallego.

6. Parque Maksimir

Piérdete en un parque del siglo XVIII. Se han conservado muchas especies y el municipio intenta mantener limpio el entorno, mientras los vecinos practican aquí deporte o pasean con sus hijos. Pasé toda la tarde a la sombra y un buen libro.

Parque Maksimir

La ruta continúa…

Zagreb fue solo el primer destino de mi aventura en solitario por los Balcanes. Nunca esperes a nadie para hacer algo que quieres, si lo hubiese hecho mi mochila seguiría en el mismo rincón de mi habitación. Jamás permitas que otras persona te diga lo que tienes que hacer. Soy mujer y viajo sola, sin justificaciones. Si yo lo hago, tú también puedes.

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