Filas de racionamiento en la Rumanía de Ceausescu

Rumanía en comunismo era esperar horas bajo la lluvia, el frío de diciembre o el sol a medio día. Todos callados y en orden para conseguir comida. Aquello marca a cualquiera.

No es fácil vivir en otro país. Una cosa es viajar y otra bien distinta pasar a ser la inmigrante. Donde fuereshaz lo que vieres… Ahí empieza todo, pasas de estar completamente perdido a ser otro más. Dejas de cuestionar todo, simplemente formulas preguntas con curiosidad. Los primeros detalles comienzan a tener sentido.

Cuando dejé de decir: la gente de Rumanía empuja en la cola del supermercado, el transporte público, en el mostrador de un sitio de comida rápida… me pregunté, ¿por qué hacen esto?

El racionamiento de los años 80

No siempre se dijo que la economía de Rumanía no funciona, entre la década de los cincuenta y setenta el país cambió completamente. Simpatizaba con el bloque soviético, pero con sus propias reglas, Ceaușescu apoyó políticas proteccionistas comerciando solo con productos nacionales.

Rumanos esperando en la fila de racionamiento de comida

La industria pesada era el corazón de la economía, más del 30% de los rumanos trabajaban en este sector. La mayoría de las fábricas superaban los mil empleados, incluso en ciudades pequeñas como Craiova, hace poco descubrí que en uno de sus centros comerciales se fabricaban automóviles.

Los obreros pudieron participar en los beneficios de la empresa por ley en 1982, como ”dueños” también tuvieron deberes que cumplir.

Nuevas leyes

Con los setenta llegó la crisis del petróleo y la inflación, todos los precios subieron como la espuma y Rumanía tuvo que pedir un préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI). La gente empezó a moverse en el mercado negro, de alguna manera necesitaban conseguir comida y ropa. Y, al final, la revolución estalló.

Apretarse el cinturón y hacer cola

A lo largo de estos meses viviendo en este país, he intentado informarme sobre el régimen de Ceaușescu y he hablado con amigos. Todos coinciden en que no se vivió lo mismo en las grandes ciudades que en los pueblos, que una familia del sur (por ejemplo de Oltenia) tenía menos posibilidades que otra del noroeste, que algunos piensan que vivían mejor entonces y lo contrario… Y siempre la misma conclusión, el comunismo ha quedado grabado a fuego en sus memorias.

Imagen cotidiana hace unos años en Rumanía

Cuando una familia no puede comprar leche o azúcar, piensas que no le alcanza el salario. Los rumanos sí que tenían dinero para pagar, fuese mucho o poco, lo que pasaba es que no había productos de primera necesidad en las estanterías del supermercado. Durante horas esperaban ante las puertas de las instituciones públicas hasta recibir un paquete de racionamiento. Simplemente eran un número más en la cola, especialmente en regiones como Oltenia.

Se llegó a modificar la programación de la televisión, más horas ante la pantalla significaba menos consumo. Otra medida desesperada fue la publicación del programa de alimentación racional, un informe ”médico” que indicaba el número de calorías que correspondían a cada persona.

Locuras de los años 80

No puedo imaginar qué significaba esperar día tras día con la esperanza de llevar pan, aceite o patatas a casa. Horas plantada en una fila que no termina, donde (y con razón) se pierden los nervios o llegas al mostrador y alguien decía que habían agotado todo. Después de esas experiencias, nadie quiere llegar el último. Décadas después, resulta inevitable presionar al de delante para que apure aun cuando el avión no escapa sin todos los pasajeros.

Bucarest en los años ochenta

Imposible ver hoy una casa rumana con la nevera vacía. Siempre es un buen momento para ofrecer comida, ocurre incluso sentada en el tren y alguien abre una bolsa, a veces recibes directamente un bocadillo sin pregunta previa. Mis abuelos gallegos hacen algo parecido, la regla básica en toda mesa gallega es dejar algo de comida en el plato, si mi abuela ve que está completamente vacío pensará que he quedado con hambre. Nacieron en una aldea gallega de posguerra, trabajaban sus propias tierras pero vieron qué es la miseria. Recuerda, el verificador de abuela es simple, si el estómago está lleno resulta imposible terminar todo y significa que has llegado a tu límite. En la otra punta de Europa, hago lo mismo. Y prometo tener más paciencia la próxima vez que esté en una fila.


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