Naufragios en Costa da Morte | Barcos hundidos en Galicia

Si visitas Galicia, no puedes escapar de Costa da Morte. El punto más próximo a América de toda Europa y, por lo tanto, el fin del mundo. Entonces, ¿cómo no iba a haber naufragios en Costa da Morte? En este artículo te contamos algunas historias de los barcos hundidos en Galicia y por qué hubo tantos accidentes que dieron paso a leyendas que se siguen transmitiendo de forma oral.

Naufragios en Costa da Morte | Historias de los barcos hundidos en Galicia

6 naufragios en Costa da Morte

Sería imposible enumerar todos los barcos que se hundieron en las costas gallegas, desde los más emblemáticos a las embarcaciones de pesca de los vecinos de Cee o Muros. Aquí solo hablaremos de 6 históricos naufragios en Costa da Morte.

1. Capitana de la Saane (1543)

La Capitana de la Saane era un barco de guerra francés del siglo XVI que se dedicaba a saquear los pueblos costeros gallegos. Después de hacerse con un buen botín en Laxe, Fisterre y Corcubión quería arrasar con Muros y llevárselo todo.

La Capitana de la Saane quiso saquear Muros, el pueblo de mis vacaciones veraniegas de la infancia, pero no se lo pusieron fácil y empezó la primera batalla moderna del Atlántico (1543).

El buque francés pedía 12.000 ducados de la época para evitar el ataque, pero la respuesta fue enviar varios navíos de la armada. El resultado fue el hundimiento de la Capitana de la Saane con todo su botín incluido. La leyenda dice que el brazo de San Guillermo terminó en el fondo del mar.

Actualmente, se pueden hacer varias rutas para conocer mejor la historia de los naufragios en Costa da Morte. No obstante, se desconoce la localización exacta de la Capitana de Saane.

2. El naufragio del Solway (1843)

El 7 de abril de 1843 hubo otro capítulo negro en la historia de Costa Morte. El barco a vapor, pero también velero, Solway de la compañía Royal Mail se hundió en el Arenal de Baldaio. Los marineros de la zona afirman que incluso hoy, con radar y otra tecnología, nadie se atreve a navegar por esa zona cuando la marea está baja.

El Arenal de Baldaio es peligroso porque no se pueden ver las rocas y el viento propio del lugar siempre lleva a la embarcación hacia ese punto. Exactamente lo mismo que le ocurrió al Solway. El barco partió de Vigo, ciudad estratégica especialmente cuando llegó el tren a Galicia y el movimiento de personas y mercancías eran constante.

Cuando se hundió el Solway en Costa da Morte, algunos pasajeros lograron subirse a los botes y lanzaron bengalas para avisar a la gente de los pueblos. En Galicia no se usaba este sistema, nadie entendió la señal y se crearon varias leyendas sobre este naufragio. Las luces moradas en el cielo se interpretaron como las almas de los marineros dirigiéndose al cielo.

En Galicia, a diferencia de Inglaterra, no se usaban bengalas cuando había el hundimiento de un barco.

Hubo una parada técnica en el puerto de A Coruña y de ahí zarparían a la isla de Madeira (Portugal) para seguir hasta las Indias Occidentales. Lamentablemente, el Solway nunca llegó a su destino y se hundió en Baldaio. En el fondo del mar todavía buscan los restos de la embarcación o las libras que llevaban a bordo, pero las piezas más importante que desean recuperar los historiadores son las hélices que movían el barco a vapor.

Como consecuencia, los barcos ingleses se negaron a hacer escala en el puerto de A Coruña para evitar pasar por Costa da Morte y correr la misma suerte que el Solway.

3. Great Liverpool (1846)

El Great Liverpool era un velero inglés que transportaba correo y marfil, la mala mar hizo que se hundiese y tres personas fallecieron al volcar el bote. Las víctimas fueron la esposa del capitán, la hija de ambos y la niñera.

El Great Liverpool era un barco de vela con máquina de vapor al mando del capitán McLeod. Se hundió cerca de Praia Gures (Cee, 1846), uno de los botes volcó y murieron tres personas. Los buzos han recuperado algunas piezas de la embarcación, pero al ser de madera parte de la estructura se ha perdido.

La prensa de Reino Unido se hizo eco de la trágica noticia y publicó varios artículos sobre Costa da Morte y los peligros de sus aguas. El viajero británico Richard Ford nombró Galicia en su libro A Handbook for Travellers in Spain (1845) y escribió sobre “el fin del mundo”.

El naufragio en Costa da Morte del Great Liverpool se llegó a comparar con la Ilíada o versículos de la Biblia. Sin embargo, los marineros debían enfrentarse a rutas marítimas con grandes peligros. Para que te hagas una idea, hasta 1858 no se utilizó el sistema de boyas y balizas en Galicia.

Representación del barco Great Liverpool que alcanzaba los nueve nudos.

4. Hundimiento del avión Kondor Wulf FW (1942)

Los marineros de más edad recuerdan cómo sobrevolaban la ría de Muros y Noia los aviones del Eje o los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Por causas que todavía se desconocen, el 12 de julio de 1942 el avión Kondor de la Alemania nazi tuvo un accidente cerca del Monte Louro y terminó en el fondo del mar.

Monte Louro, ría de Muros y Noia.

Fallecieron los seis tripulantes y el mal tiempo impidió la recuperación de los cuerpos. Por supuesto, en una España neutral sobre el papel en este conflicto bélico, tampoco se sabe por qué un avión Kondor circulaba por esta zona.

5. George C. de Líbano (1962)

El carguero George C. fue construido en Holanda pero llevaba bandera libanesa y transportaba fertilizantes desde República Dominicana. Debido al mal tiempo, el barco quedó embarrancado en Costa da Morte (cerca de Carnota) y una vía de agua hizo que se partiese en dos.

El George C. fue un carguero construido en Países Bajos y con bandera de Líbano que se hundió cerca de Carnota en 1962.

Algunas personas llegaron a decir que fue intencionado, aunque nunca se llegó a demostrar. Los restos fueron recuperados, pero en el mismo lugar se hundió otro barco y podrían quedar algunas piezas importante en el fondo marino. La poca visibilidad, la rapidez a la que crecen los corales y los temporales dificultan enormemente la búsqueda.

6. Desastre del Prestige (2002)

El hundimiento del petrolero Prestige en Costa da Morte el 13 de noviembre del 2002 fue una catástrofe para Galicia. Las 77.000 toneladas de fuel arrasaron con la vida marina de las costas gallegas, contaminaron playas y tuvieron amarrada la flota pesquera durante meses.

Realmente, el Prestige es un trauma para todos los gallegos. La respuesta de la ciudadanía fue automática, voluntarios de todas las partes de Galicia se movilizaron y fueron a retirar los vertidos de las playas. Para otros, que todavía éramos unos niños (en el 2002 tenía 8 años), lo recordamos como nuestra primera manifestación gritando Nunca Máis!

Nunca Máis! La respuesta al hundimiento del Prestige.

¿Por qué hubo tantos naufragios en Costa da Morte?

Para nadie puede resultar una sorpresa que Galicia viva del mar, con cientos de kilómetros de costa y artes de pesca centenarias. Por no hablar del turismo que llegó en la década de 1970. Evidentemente, no se puede hablar del Atlántico gallego sin mencionar Costa da Morte, que ya recibía este nombre en el siglo XVI debido a los innumerables barcos hundidos.

A ver, el Titanic se hundió por un iceberg que no vieron a tiempo. Entonces, ¿qué pasa para que hubiese y siga habiendo naufragios en Costa da Morte?

¿Por qué hubo tantos naufragios en Costa da Morte?

  • Para la religión católica, Galicia es el centro de una de las mayores rutas de peregrinación. Desde hace siglos, personas de todas las partes del mundo hacen el Camino de Santiago y terminan la experiencia en Costa da Morte. Actualmente, no solo los creyentes realizan la ruta sino que se ha vuelto un reclamo turístico base para la economía gallega. Asimismo, algunos de los naufragios en Galicia fueron de peregrinos o autoridades de la Iglesia que deseaban llegar a Compostela.
  • Costa da Morte era un punto clave en el comercio entre Europa, América y las colonias africanas. Desafortunadamente, en muchos de los barcos viajaban familias adineradas con sus criados africanos o nativos americanos.
  • Para que los barcos ingleses llegasen a América, debían bordear las costas de Galicia y superar el fuerte oleaje y las condiciones meteorológicas de Costa da Morte. Con la tecnología de la época colonial fue imposible evitar los naufragios de muchas embarcaciones españolas, inglesas, francesas…
  • Galicia es lluvia, viento, temporales… Teniendo en cuenta el lugar que nos tocó de Europa y que algunos capitanes desconocían la ruta… blanco y en botella. Para colmo, los faros y la iluminación para las embarcaciones no llegó a Galicia hasta mediados del siglo XIX.

George Borrow (1803-1881) fue un cura inglés que también se dedicó a escribir y vivió en Costa da Morte. En su libro Wild Wales (Gales Salvaje) describía Galicia así: “Llegamos exactamente al lugar tal que en mi infancia imaginé el Fin del Mundo, después del que solo habría un mar temeroso, o el abismo, o el caos.
Ahora veo a lo lejos, en frente mía, un inmenso océano, y detrás de mi una larga e irregular costa agreste e imponente. Ciertamente no hay en todo el mundo una costa comparable a la gallega.

  • Los peligros de Costa da Morte, que no por casualidad se bautizó con la palabra “muerte”, están en las aguas y en tierra. Los marineros se juegan la vida (cuyas redes son tejidas por las mujeres) cada vez que salen a faenar. Pero, ¿qué sería de mi tierra sin el marisco? Los percebes y otros manjares no aparecen directamente en el plato, alguien debe mojarse para sacarlos de las rocas y moverse por los acantilados cuando la marea todavía está baja. Un mal golpe y adiós.
  • ¿Quién ha dicho emigración? Galicia nunca se ha podido separar de esta bella y horrible palabra al mismo tiempo. Para mucho irse del país significa empezar una nueva vida, hablo con conocimiento de causa, al mismo tiempo que pasas a ser el que nunca está o el que llega tarde a todo. ¿Cuántos gallegos subieron a un barco rumbo a América? A finales de 1920, como toda una generación, el hermano de mi bisabuelo emigró a Buenos Aires.

¿Qué rutas marítimas pasaban por Costa da Morte?

Como hemos dicho, Costa da Morte era una parada obligatoria en las rutas transoceánicas desde hacía siglos. No había otras alternativas, los barcos europeos que deseaban llegar a América tenían que atravesar la mala mar gallega.

En aquellas aventuras o expediciones, seguro que los barcos no contaban con las comodidades de un crucero y pocas mujeres iban a bordo. Y las medidas de seguridad para evitar los naufragios en Galicia se hicieron esperar.

El el podcast #145 de Sangre Fucsia – Intrépidas Exploradoras puedes escuchar las aventuras de unas mujeres que cruzaban los mares, subían montañas y todo lo que le echasen. ¿Te apetece?

Nos ha quedado claro que por ahí no pasaban cruceros con todo incluido, entonces…

¿Qué rutas de barcos a vapor se podían coger en Galicia desde finales del XIX?

Los barcos que zarpaban de Galicia cumplían dos misiones: trasladar mercancías o personas. Así crecieron algunas ciudades gallegas durante la industrialización que convirtieron sus astilleros en los puertos más importantes de Europa. En otra ocasión, ya te hablé de la historia jamás contada del puerto de Vigo (en gallego).

Rutas marítimas en Galicia
  • A mediados del siglo XIX ya había rutas regulares de barcos a vapor que unían Reino Unidos con España y Portugal. Por supuesto, Galicia y Costa da Morte eran puntos estratégicos.

Rutas marítimas fijas en las costas gallegas

Había barcos británicos que hacían trayectos regularmente, por ejemplo, el Penninsular and Oriental Stream Navagation Comapany (1822).

Y debían surcar las aguas de Costa da Morte, con el peligro de naufragio que ello suponía. Galicia era un punto muy importante en las rutas comerciales de Reino Unido, haciendo de enlace.

Por el puerto de Vigo pasaban los barcos británicos que se dirigían a Lisboa, Oporto y Cádiz.

También se inauguró una nueva línea que unía Southumpton (Reino Unido) & A Coruña que funcionaba tres veces al mes, concretamente los días 7, 17 y 27.

Imprescindible para que las mercancías y las personas viajasen de Madrid o la meseta a Gran Bretaña.


¿Desde cuándo hay faros en Galicia?

Más reglas de navegación y seguridad en las costas, menos hundimientos de barcos, la ecuación es muy sencilla, ¿verdad? Parece algo imposible, pero durante mucho tiempo los barcos atravesaron océanos o salieron a faenar sin luz en las costas.

El primer faro de Galicia es muy antiguo, ya que se trata de la Torre de Hércules (S. I d.C.) de A Coruña. No obstante, los faros con sistemas más modernos que terminarían en lo que hoy conocemos, no llegaron a Costa da Morte y otros lugares hasta la creación de la Comisión de faros en 1842.

Fotografía del faro de Cabo Home (Pontevedra), a 8 km de Cangas do Morrazo, que sigue orientando a los barcos aunque ahora tengamos radar y otra tecnología para evitar algunas desgracias.

Por supuesto, en Reino Unido o Francia ya trabajaban con faros y otras medidas para evitar que los barcos naufragasen por, simplemente, no ver los acantilados. A Galicia siempre llegó tarde todo y hubo que esperar a 1844 para ver luz en la costa viguesa, un proyecto desarrollado por un ingeniero francés.

El nombre de Costa da Morte no fue la idea de un gallego, se cree que la escritora Annette Meaking le llamó Coast of Death. La señora era amiga de la Reina Victoria, esposa de Alfonso XIII, y le quedó este apodo. Después de cerca de 700 naufragios solo en la Edad Media, Finisterre también se conoce como “el cementerio de los ingleses”.

Leyendas sobre el nombre de Costa da Morte.

¿Qué más se puede decir del Atlántico y Costa da Morte?

Para mí el Atlántico, ese océano que no veo desde hace casi dos años porque estoy emigrada (como muchos compatriotas), significa innumerables recuerdos de la infancia y adolescencia. Las palabras se quedan cortas ante tanta belleza y experiencias vividas en las orillas de sus aguas.

Mis recuerdos en Costa da Morte

Tengo presente el olor de los bocadillos que me hacía mi abuela para ir a la playa de San Francisco en Louro, las cartas que nos enviábamos por navidad la pandilla de la quincena de agosto de Costa da Morte, las tardes lluviosas en un apartamento alquilado en Muros jugando al parchís porque no había televisión, los amoríos de verano con los “guiris” (que en este caso eran de Castilla o Madrid) cuando éramos adolescentes,

los amigos de las aldeas de Carnota que caminaban 5 km para quedar con nosotras, mi abuelo nadando en las frías aguas de Louro a sus 86 años, los chavales que iban a un instituto con 10 alumnos por aula porque ya no quedaban niños en el pueblo, las fiestas del finales de verano cuando organizábamos bailes con comida, las noches en todas las verbenas de la comarca y las maniobras para que nos llevasen en coche, la primera cerveza con mi padre en un Costelo Rock en Muros…

Aquellos quince días de agosto, podías ser otra persona. Daba igual qué habías hecho el resto del año, los reencuentros con la pandilla y las quedadas para bajar a la playa siempre eran igual. Esperaban ansioso el 1 de agosto y te reencontrabas con los amigos del verano, coincidiendo las mismas familias y algunas caras nuevas. Ahí fue cuando me abrí un perfil de Tuenti, no quería perder de vista a los forasteros de Valladolid, Madrid, León…

Y no soy la única que se enamoró de Costa da Morte. Otras escritoras, con bastantes más dotes que yo, dedicaron líneas al Atlántico.

Rosalía de Castro escribió La hija del mar después de una estancia en Muxía en 1859, cuando visitó a Eduardo Pondal y su familia. Dedicó páginas a la belleza de la costa gallega.

Otra reconocida escritora como es Emilia Pardo Bazán, también incluyó Costa da Morte en sus obras. En varias ocasiones ambientó sus historias en los pueblos costeros gallegos.

Evidentemente, no todo en este artículo podían ser naufragios en Costa da Morte y restos de barcos en el fondo del mar. Merece la pena visitar la costa gallega, yo solo espero haberte dado un último empujón para animarte.


Y tú, ¿conoces otros naufragios en Costa Morte que no haya nombrado? El próximo verano podrías organizar una ruta por los puntos históricos y animarte a hacer buceo, tal vez encuentres una pieza valiosa del Solway o el Great Liverpool. Pero ya te aviso, quien va a Galicia posiblemente quiera quedarse.

Autor: Laura O. Sánchez

(Comarca do Deza, 1994) Socióloga, feminista e inmigrante en Rumanía que aporrea el teclado de Sen Enderezo desde junio del 2014. Nací una tarde de julio soñando con viajar sola por el mundo. La escritura vino más tarde, en 2º de la ESO, cuando Pilar me dejó mi primer libro feminista y creé mi cuarto propio. Ahí empecé a darle a las teclas. Soy una mujer simple: me gusta el café negro sin azúcar, hablar con retranca gallega a 3.600 km y achuchar una perra.

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