Las chicas del cable de verdad

Las telefonistas son el icono de una época, un empleo que permitió que muchas mujeres fuesen libres. Su sueldo era 1/4 del que cobraban los hombres, pero podían vivir en la ciudad o compartir un departamento con sus amigas y compañeras.

Las verdaderas chicas del cable

Las chicas del cable en EE. UU.

La primera vez que se contrató a una mujer telefonista fue en el año 1878 y en la compañía de Alexander Graham Bell de Estados Unidos. Al principio esta labor la desempeñaban los hombres, pero además de tener mayores salarios, no les convencía su voz ni el carácter.

Creían que la sutileza femenina y voz dulce eran más apropiadas para responder al teléfono que el tono seco de los hombres. Y con el paso del tiempo, fueron las mujeres las que se encargaron de encajar las clavijas y comunicar varios puntos de España y el extranjero.

Emma Nutt, la primera telefonista americana

La joven Emma Nutt de Boston y solo 18 años, empezó a trabajar como telefonista en 1878. La primera en una profesión que se feminizaría al poco tiempo. Los requisitos que debía cumplir una chica del cable eran los siguientes:

  • Una telefonista no podía ser afroamericana o judía.
  • Edad comprendida entre los 17 y los 36 años.
  • Soltera y sin hijos.
  • Mínimo 1,55 m con los brazos en cruz para alcanzar las clavijas más altas.

El salario de Nutt y sus compañeras era de 10 dólares al mes por 54 horas semanales, ¿te imaginas qué podías hacer con ese dinero a finales del siglo XIX?

Después de la entrada de Emma, le siguió su propia hermana Stella y otras muchas mujeres que querían incorporarse al mundo laboral. Un año más tarde (1879) en Michigan ya había varias telefonistas: Bassie Snow Balance, Emma Landon, Carrie Boldt y Minnie Schumann.

Hello girls! y los teléfonos en la I Guerra Mundial

Las guerras no se ganan únicamente dando tiros en el campo de batalla, ¡las comunicaciones eran una parte fundamental! ¿Quién se encargaba de garantizar las conexiones telefónicas y de radio? Las chicas del cable, por supuesto, que coloquialmente se conocían como las Hello girls!

Grace Banker (1892-1960) estaba en las American Expleditionary Forces (AEF) de la Armada Americana. Supervisaba el trabajo de 33 mujeres telefonistas que conectaban las voces de los generales y otros miembros del ejército durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

Tras el conflicto bélico, algunas telefonistas se mostraron en contra de las duras condiciones laborales que debían soportar a cambio de bajos salarios. Julia O’Connor organizó las huelgas generales de 1919 y 1923 contra los abusos de New England Telephone Company .

No obstante, la igualdad de salarios y el fin de la discriminación de género, al menos sobre el papel, no fueron reconocidas hasta el Equal Pay Act de 1963.


Primeras telefonistas en España

Netflix estrenó Las chicas del cable hace tres años, una serie española que enganchó a seguidores de todo el mundo. La historia cuenta las experiencias de cuatro mujeres que empiezan a trabajar como telefonistas en Madrid en unos idílicos y poco realistas años 20.

Las chicas del cable es una serie española que se ha ganado al público internacional. Cuatro mujeres que por diferentes motivos trabajan como telefonistas y logran ser independientes. Y me lloverán las críticas, lo sé, pero no deja de ser una versión endulzada de las verdaderas condiciones laborales que sufrían y la poca libertad de la España de Primo de Rivera (por no hablar de lo que vino después).

Todas con diferentes personalidades: la simpática, la tímida, la manipulada por el marido y la que tiene un pasado.Pero en este artículo quiero mostrarte a las chicas del cable de carne y hueso.

Antes de nada, recordarte que todas las españolas que querían trabajar frente a los paneles debían cumplir los mismos requisitos que las americanas y algunos más:

  • Las telefonistas españolas eran más jóvenes que las norteamericanas. Las edad límite se estableció en los 27 años.
  • Solteras y sin hijos (primer error de la popular serie, ya que Ángeles Vidal tiene un insufrible marido).
  • Nada de gafas, altura mínima de 1,55m y certificado de buena conducta.
  • Superar un dictado rápido con auriculares y otro lento.
  • Un examen de geografía, cultura general e historia.
Tráiler de Las chicas del cable, una serie española que triunfó en varias partes del planeta. Otra curiosidad absurda, si mis bisabuelas (que vivieron en los años 20) se llamaban María del Carmen y Pepa ¿por qué las protagonistas tienen nombres tan “modernos” como Carlota o Alba?

En el primer capítulo de Las chicas del cable presenciamos la primera llamada transoceánica (1928) que se hizo en España, cuando el rey Alfonso XIII descolgó el teléfono y una mujer colocó el clave en el lugar correcto para escuchar una voz desde América.

Ahí empezó una revolución en España. Nadie podía imaginar que con unos cables y clavijas se podía hablar con alguien en la otra punta del mundo. Todavía quedaban unos años para el Whatsapp.

¿Cómo trabajaban las verdaderas chicas del cable?

Las llamadas no entienden de horarios, así que las telefonistas ofrecían un servicio 24 horas todos los días del año. Se organizaban por turnos y debidamente uniformadas de azul esperaban el timbre que les indicaba que podían pasar a la sala y empezar la jornada.

Vivían en el ejército y no solo porque debían pasar duras entrevistas de trabajo, sino porque siempre estaban bajo las órdenes de una gobernanta que vigilaba que todo funcionase. El cuadro nunca quedaba vacío y la actividad no cesaba.

  • Alguien llamaba desde alguna parte de España y solicitaba una conexión.
  • La telefonista introducía el cable en la clavija que correspondía.
  • Pero no siempre era cuestión de minutos. A menudo las líneas estaban saturadas o había errores técnicos, por lo que tomaban nota y se ponían en contacto en la brevedad.
  • Y el teléfono volvía a sonar.

Y así hasta el fin de la jornada de 7 horas, en vez de las ocho habituales. Dos emergencias para ir al servicio y media hora para tomar un bocadillo en una pequeña sala. No había margen de error, como contó Celina Ribechini (Bilbao, 1924-2018) en una entrevista de eldiario.es.

Telefónica en la Pamplona de 1942

La vida de Celina Ribechini, además de larga, fue muy interesante. Nació en Bilbao en el año 1924 y se convirtió en una de las primeras telefonistas de España cuando aprobó una dura oposición en 1942.

Esta huérfana de madre, cuyo padre se casó en segundas nupcias y pasó de ella, seguro que no se hubiese creído que llagaría a ser Catedrática de Historia por la Universidad de Deusto después de jubilada, pero vamos por partes.

Celina tenía 18 años cuando entró en la Central de Pamplona de la Compañía Telefónica Nacional de España, que por casualidades de la vida también nació el mismo año que ella ¿sería cosa del destino?

En 1938 se aprobó el Fuero del Trabajo en el que se decía que la mujer casada sería liberada del taller y la fábrica. En Telefónica solo trabajaban las solteras (sin hijos, por supuesto), las viudas o las que tenían a un marido incapacitado.

¿Quién podía trabajar como telefonista?

Ribechini guardaba bellos recuerdos de esa época a la vez que recordaba las dificultades que debían superar las mujeres. Por lo tanto, lo de las chicas del cable le parece una infantilización.

¿Cómo eran las telefonistas de España?

Sin embargo, hay dos datos muy curiosos que Celina contaba con humor:

  • Las mujeres “decentes” jamás trabajaban por las noches, pero las telefonistas estaban autorizadas. Imagínate tener 20 años y vivir en una capital como Madrid o Pamplona. Aquello sabía a libertad, aunque suponía desvelarse y no dejar de hablar al aparato. Con el paso del tiempo, Ribechini guardó en la memoria grandes anécdotas como las chicas que aprovechaban para hablar con los redactores de los periódicos, los únicos despiertos a esas horas, y de las que salieron noviazgos. Pasar por el altar ya era otro asunto, porque la mujer que ha sido independiente no quiere someterse a las órdenes de nadie.
  • Y con la Iglesia hemos topado. En todos los años que Celina trabajó como telefonista, hay algo que a sus noventa y pico años no había olvidado. Cuando trabajaba por la noche, sobre las 5 de la mañana, recibían una llamada que decía: ¡Tilín! ¡tilín! Campanillas de la Virgen. Entonces, todas tenían que juntarse para rezar el rosario antes del amanecer.

Celina Ribechini nos dejó en 2018 a sus 94 años y cuatro décadas de experiencia en varios puestos de Telefónica, pero ninguno como el que tanto amaba de telefonista. Ya jubilada, para terminar de sorprendernos con su vitalidad, se doctoró en Historia y escribió varios libros. Desde luego, nunca es tarde para hacer lo que deseamos.


Telefonistas de la ciudad

Llegó el turno de Lola Blasco que estudió el bachillerato y se presentó con 18 años a un puesto de telefonista, primero en Alicante y después solicitó el traslado a Madrid. En la centralita trabajaban hasta doscientas mujeres.

Ella explicaba que podían escuchar las conversaciones, al contrario de la imagen que se lanzaba en las películas, porque normalmente se cortaba la comunicación y debían estar pendientes. No eran unas cotillas con la oreja pegada al comentario del día.

Para Lola, vivir en la capital de España en plenos años 60 era un sueño hecho realidad. Un piso compartido con otras compañeras, dinero para pagar sus facturas, salidas de domingo y visitas al Prado. Telefónica le abrió muchas puertas.


Las chicas del cable en los pueblos

El trabajo de las telefonistas en los pueblos era muy diferente al de sus compañeras de la ciudad. Por una parte, establecían las conexiones para que las personas pudiesen hablar desde sus casas y los vecinos que no tenían teléfono, iban a la centralita o pedían turno. Telefonista, dependienta, secretaria… y lo que hiciese falta.

Cuando recibían alguna llamada, la telefonista tenía que salir corriendo a casa del vecino o le dejaba recado para concertar una hora. Puedo imaginarme la enorme alegría que se llevaban al oír, al otro lado del interfono, la voz de un emigrante que quería charlar con su madre. Muchos dejaron el pueblo y se fueron a las ciudades o dieron el paso al extranjero, en tiempo sin internet, las cartas y los teléfonos eran el único contacto posible.

En 1924 había 300 centralitas locales, treinta años después, superaban las 10.000 y daban trabajo a muchas mujeres. No existía la conciliación familiar, pero las amas de casa o madres veían en Telefónica una salida para hacer dinero y cuidar la casa.

Algunas heredaron la centralita de sus padres o familiares y trataron con mimo cada uno de los cables y tomaban nota con una caligrafía impecable. La última telefonista de España manual dejó su puesto en 1988 y se despidió junto a Felipe González en su pueblo de Granada (concretamente Polopos). Recibió una pequeña paga y un adiós, jamás le ofrecieron otro puesto en la compañía a pesar de su amplia experiencia.


Ahora ya sabemos cómo eran las verdaderas chicas del cable de España y la importante labor que realizaron las telefonistas, un empleo poco reconocido e invisibilizado.

Autor: Laura O. Sánchez

(Comarca do Deza, 1994) Socióloga, feminista e inmigrante en Rumanía que aporrea el teclado de Sen Enderezo desde junio del 2014. Nací una tarde de julio soñando con viajar sola por el mundo. La escritura vino más tarde, en 2º de la ESO, cuando Pilar me dejó mi primer libro feminista y creé mi cuarto propio. Ahí empecé a darle a las teclas. Soy una mujer simple: me gusta el café negro sin azúcar, hablar con retranca gallega a 3.600 km y viajar con una perra.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .