¿Por qué la historia es divertida? 3 podcasts para aprender

La historia es divertida. Tú, hazme caso. Coger un libro de historia es como poner los un puzzle sobre la mesa. Por una parte están los buenos y los malos, los valientes y los cobardes, los sinceros y los mentirosos… También tenemos héroes y con menos frecuencia heroínas. No sabes qué va a pasar y qué piezas encajan, pero hay una lógica. ¿A quién no le gusta una buena trama?

Profesores de historia que cuentan historias

Yo descubrí que amaba la historia cuando empezaba la ESO. Para ser exactos, tenía 13 años. Aquel curso iba a darnos esta asignatura una profesora recién llegada al centro. Pilar me enganchó desde la primera clase. Hablaba de la Edad Media en España desde el cariño, con pasión y al mismo tiempo seriedad.

Fue la primera que mencionaba obras de arte y edificios de la época, cuando nosotros solo veíamos reyes pintados en tonos oscuros y cuatro piedras juntas. ¿Acaso había un relato y una lógica detrás de aquellas cosas?

En definitiva, nos enseñó lo más importante para entender la historia: ver, escuchar y sentir. Mirando las antiguas calles de una ciudad podemos entender qué ha pasado allí y por qué las calles reciben esos nombres. Y no solo eso, porque ¿qué sería de la historia sin la gente? Simplemente, nada. Pilar nos enseñó a entender y ponernos en lugar de las personas de esa época.

“UNA NIÑA, UNA PROFESORA, UN LIBRO Y UN LÁPIZ PUEDEN CAMBIAR EL MUNDO”.

MALALA YOUSAFZAI

Aquello era mágico. Puro teatro. Podía viajar cientos de años en el tiempo con solo ver una fachada. Entender por qué una mujer se casaba sin estar enamorada o el motivo de miles de muertes en el campo de batalla o en bombardeos a los civiles. Y, la mejor parte, es que la historia no es como dar matemáticas. Nunca sabes qué te espera. ¡No hay spoilers! Puedes pasar de todo y más.

Un descubrimiento arqueológico te dará pistas sobre una civilización. La nueva lectura de un pergamino hace que te surjan otras preguntas. Analizar el discurso político de los candidatos de un país te da otro tipo de información. ¿No te parece emocionante cuestionar todo? Para mí la historia es novedad y un despertar continuo. Sin saber de dónde venimos, difícilmente vamos a saber qué hacemos aquí.

Y tú, ¿tuviste algún profesor que te marcó para siempre?

Y Pilar prendió esta mecha. Fue una de esas profesoras que recuerdas toda la vida. No solo me animó a estudiar y devorar libros de historia para aprender más, también me enseñó a escribir para encontrar mi propia versión. En aquella época no lo entendí, pero se marcó un Kate Millet con ese “de lo personal a lo político” y un Virgina Woolf creando un cuarto propio. Ella puso me prestó mi primer libro feminista.

Aprender a contar historias…

Yo, que era muy tímida y nunca destacaba en nada, me armé de valor para presentarme a un concurso de escritura. Un certamen que se celebraba para recaudar fondos para niños que parecían diversas enfermedades o algo así porque no lo recuerdo bien. Voy a adelantarme a los hechos: no gané.

Presenté un texto sobre una anciana con Azheimer. Como toda buena historia, había que cocinarla a fuego lento y darle un contexto histórico. Bingo, te has dado cuenta de la razón por la que elegí esta enfermedad: quería llevar a mi protagonista del presente al pasado, ida y vuelta.

El papel principal se lo entregué a una mujer que tenía 90 años en 2003. Vivió dos guerras mundiales y otra civil, un par de dictaduras militares, la muerte del dictador en una cama, el regreso de la monarquía y una joven democracia… hasta el nacimiento de internet. ¿Cómo no iba a escribir sobre una mujer nacida en 1913, si le había pasado de todo?

La protagonista de la historia se llamaba Alicia e iba a correr aventuras muy diferentes. Supongo que una parte de mí quería escribir sobre las mujeres que no salían en los libros, aquellas que dieron pasos de gigante para que mi generación pueda vivir con más libertad. Quería regalarle a las anónimas ese agradecimiento en forma de relato, por muy amateur que fuera.

Volvamos a mi primer artículo presentado de forma oficial y con el que no gané el primer premio del concurso: una bicicleta de montaña. Alicia era una mujer diagnosticada con Alzheimer que estaba llegando a la última fase de la enfermedad. Recordaba detalles concretos de su juventud, pero no lo que había cenado aquella noche. Confundía lo que era real y aquello que creaba con su mente. Y en todas las imágenes veía el mismo color: el verde.

Como ella no era capaz de recordar, una de sus nietas se encargaba de contarle historias. Obviamente, la versión que ella conocía y que tantas veces había escuchado en boca de su abuela antes de perder la memoria. Entonces, Alicia intentaba encajar las piezas.

La chica le habló de una compañía de teatro que funcionaba antes de la Guerra Civil Española. Se llamaba La Barraca y llevaban sus obras a los escenarios improvisados de todas las plazas de los pueblos. Creían que las historias y la cultura tenían que llegar a todo el mundo, no solo a aquellos que podían pagar la entrada en un prestigioso teatro de la capital.

Compañía de teatro La Barraca.

La anciana vio sobre las tablas a una mujer de unos 20 años vestida de verde. El color que tantas veces recordaba Alicia, a veces incluso mientras dormía y se despertaba totalmente desorientada. Pero no era el único color de esta historia, también había negro. Mucho negro como la angustia que le provocaba el no recordar con claridad.

Los vecinos sacaban las sillas de sus casas para ponerlas en la plaza y prestar atención. Para algunos fue el primer contacto con el teatro y para otros, simplemente, su única oportunidad de ver una historia porque no sabían leer y trasladarse a un lugar lejano. Todos escuchaban entretenidos y nadie se dio cuenta del pequeño detalle: solo había mujeres sobre el escenario.

A estas alturas de la película, perdón, de la obra de teatro, supongo que ya sabrás con qué vinculé el pasado de mi ficticia Alicia. La anciana que en 2003 vivía en una residencia prisionera de una enfermedad que le robó lo más sincero que puede tener alguien: tus propios recuerdos, unas décadas atrás era una actriz que trabajaba a las órdenes de Lorca y Eduardo Ugarte.

Y una de las principales obras que nos dejó Lorca fue La Casa de Bernarda Alba que se representó en todas las comarcas de España. Adela es la hija menor. Y no está dispuesta a ver la vida pasar, ella quiere vivirla. Pero hubo que esperar para ver solo mujeres en escena. Federico terminó este libro solo un par de meses antes de ser fusilado.

Una guerra cambió el destino de un país. También el de Alicia, la protagonista de mi texto, que dejó de ser actriz y nunca representó la obra de La Casa de Bernarda Alba. Ella no se exilió en Buenos Aires para ver su publicación en 1945, tuvo que quedarse en una España que luchaba contra el hombre y la dictadura militar. No llegó a vestir de verde, aunque le hubiese encantado.

Representación cinematográfica de La Casa de Bernarda Alba. Mario Camus, 1987.

Las armas y el Alzheimer destruyen todo a su paso. Pero en mi historia mandaba yo. Y en la memoria histórica de Alicia decidía solo ella.

Quise entregarle a Alicia los aplausos que merecía y la convertí en Adela. No quería tratar el Alzheimer desde la tragedia, sino el punto y final de una vida que merece la pena. Alicia fue actriz en los años 30 en un país que no aceptaba que las mujeres tomasen roles activos, pero ella se atrevió a ser protagonista (en todos los sentidos).

No se negó a sentir. Siguió sus impulsos e hizo lo que consideraba correcto. En una España sumergida en el miedo, la tradición y el machismo. Alicia quiso cambiar el negro de luto por el verde. Adela no quería convivir con sus hermanas y madre enterradas en vida con un severo luto. Y yo, tampoco quería seguir escribiendo en tonos grises, cambié el rumbo de la historia y le di el empujón que necesitaba Alicia.

Todos sabemos qué pasó con Adela al final de la obra. Pero eso no es lo más importante de las letras de Lorca, porque Federico solo quería darle voz a una mujer y por eso sus obras siempre tienen protagonistas femeninas.

Porque, ¿de qué vale una vida si no te atreves a mover ficha? Y como la vida también es una gran teatro, Adela y Alicia son nuestras abuelas y madres.

¿Me inventé el estreno de La Casa de Bernarda Alba en España? Sí, pero me atreví a modificar la historia para crear un escenario diferente para Alicia y las mujeres de su tiempo. Jugué con la memoria de una anciana a la vez que la memoria de un país. Nombré todo aquello para que existiese. Mezclé capítulos para crear un mejor final. Quizá pensaba que con desearlo y ponerlo sobre papel bastaría.

Y tiempo después me di cuenta de que solo entre las mujeres podemos tejer redes y reivindicar nuestros derechos. Adela estaba sola y terminó su historia demasiado pronto. Con sororidad, La Casa de Bernarda Alba hubiese sido bien diferente. De nada valía que me empeñase en crear un final ficticio si nadie apoyaba mi obra.

Mi “Del negro al verde pasando por el Alzheimer” no ganó aquel concurso y quedó en un cajón en vez de publicarse en una revista. Hablar de una enfermedad que afecta a miles de personas y, de paso, tratar la II República y la Guerra Civil supongo que serían palabras mayores para una adolescente de 13 años. Desde luego que sí.

Yo solo pensé en Pilar, que nos decía que en todas las esquinas había historias. Y no he parado de buscarlas y escribir sobre ellas para que no se me olviden (o que, algún día, alguien pueda contármelas).

Por eso, no tengo dudas, la historia es divertida y se puede estudiar de otra manera. Un buen docente no necesita esquemas ni pesados libros de texto. A Pilar le bastó con hablarme de frente y en mi idioma. Parecía una directora de teatro trenzando una historia tras otra, dando vida a cada personaje y detallando la puesta en escena. Me levantaba de la silla porque quería saber cómo terminaba todo aquello. Y como cualquier obra de teatro, las actrices pueden improvisar y cambiar el final, pero solo queda bien si lo hacen juntas.

Pilar solo me dio clases de Historia durante dos años, después desapareció de mi vida académica aunque no de mis recuerdos.

Y sí, jamás lloré por esa bicicleta de montaña que jamás me puse a pedalear. Pero sí que me arrepentí de no haberle dicho a mi maestra: gracias por tanto.


3 podcasts divertidos de historia de España

¿No has tenido la suerte de poner una Pilar en tu vida? Bueno, pues te traigo 3 podcasts que hacen que la historia de España sea divertida. Ponte los cascos mientras sacas al perro, friegas los cacharros o estás tirada en el sofá de tu casa tomando un café con extra de azúcar. No importa, el caso es que vas a disfrutar de estas historias.

Historia de España para Selectividad

No hay nada más bonito en el mundo que un profesor que siente pasión por su profesión y se esfuerza cada día para que sus alumnos disfruten la historia de España. Hablo de Juan Jesús Pleguezuelos, docente de secundaria que te cuenta los capítulos del libro de Historia de otra manera. ¿Recuerdas los nervios de Selectividad? Pues aquí no hay nada de eso.

Tema 10.4. Principales acontecimientos de 1833 a 1874 Historia de España para selectividad

Hoy repasaremos uno de los episodios más agitados de nuestra historia en la que se consolida la construcción del estado liberal. Empezamos hablando de la regencia de María Cristina y sus diferentes gobiernos, luego vendrá la regencia de Espartero y finalmente se proclama la mayoría de edad de Isabel II en 1843 pero solo con el fin de evitar una tercera regencia. Durante su reinado tenemos la década moderada, el bienio progresista y una segunda etapa moderada. Finalmente repasaremos el sexenio democrático en que hablaremos de la monarquía de Amadeo I y de la I República y de todos los problema que acontecieron durante ese periodo.
  1. Tema 10.4. Principales acontecimientos de 1833 a 1874
  2. Tema 21.3. La integración de España en la Unión Europea
  3. Tema 21.2. Etapas políticas desde 1979. Principales acontecimientos.
  4. Tema 20.3.El papel del rey durante la Transición
  5. Tema 20.2. Alternativas políticas a la muerte de Franco

Te mete en la época desde la primera palabra. Yo tuve la suerte de tener una buena profesora de Historia en segundo de bachillerato, cuando ya tenía claro que quería estudiar ciencias sociales en la universidad, pero Juan Jesús tiene un estilo que me encanta.

Cualquier tiempo pasado fue anterior

Si vamos a seguir podcasts divertidos sobre la historia de España, mejor que nos hable una mujer ¿no? Pues aquí tenemos a Nieves Concostrina y su ritmo frenético para contarnos historias. Desde la Colonización pasando por las sectas que creen en el Fin del Mundo.

Acontece que no es poco | Núñez de Balboa Cualquier tiempo pasado fue anterior

El 29 de septiembre de 1513, el extremeño Núñez de Balboa llegaba a la orilla del Océano Pacífico, tras desembarcar en América por el Atlántico. Sería el hecho más importante del descubrimiento del continente tras la llegada de Colón.Nos lo cuenta Nieves Concostrina en ‘Acontece, que no es poco’.FOTO: Nuño Martín
  1. Acontece que no es poco | Núñez de Balboa
  2. Acontece que no es poco | Fleming y la serendipia
  3. Acontece que no es poco | El desastroso Panteón de Ilustres español (II)
  4. Acontece que no es poco | El desastroso Panteón de Ilustres español (I)
  5. Acontece que no es poco | 1 de Vendimiario

En este podcast descubrí que la bandera española, hasta hace bien poco, tenía los mismos colores que la argentina. También que Saturno devorando a sus hijos, según el relato oficial, no debería haber ocurrido así porque no tenía prole. O que después de la unificación italiana, durante 60 años los Papas se encerraron en señal de protestas porque perdieron territorios (de ahí saldría El Vaticano).

100 años de metro

Un trayecto en metro por la ciudad de Madrid puede ser un viaje muy pedagógico. Más si tienes en tus oídos 100 años de metro de Podium Podcast que se hizo con motivo del centenario. Una voz amena de te explica el motivo del nombre de las estaciones, una parada fantasma o los culebrones de los reyes.

E08 – Sol 100 años en Metro

Cómo ha cambiado todo en estos 100 años: las calles, las tiendas, la ropa, la gente, estos trenes… Y qué decir de la estación de metro Sol, que conecta con varias líneas y cercanías. Ahora tiene cuatro entradas y ascensores para facilitar el acceso. Es una maravilla, un ejemplo que se pone en los metros de todo el mundo. Porque el metro de Madrid tiene más escaleras y ascensores que los metros de Nueva York, Londres y París juntos. Sol es la estación más céntrica y turística de Madrid; también la más emblemática y la más transitada de toda la red. Desde los inicios, además: en los primeros años, los periódicos hablan de colas desde Sol a la Iglesia de San Luis, donde había puestos de churros y aguardiente para los madrugadores. Próxima estación: Sol. Aquí donde hace ya 100 años comenzó esta hermosa historia.
  1. E08 – Sol
  2. E07 – Gran Vía
  3. E06 – Tribunal
  4. E05 – Glorieta de Bilbao
  5. E04 – Chamberí

Con este podcast aprendí bastante sobre el metro que cogía cada mañana para ir a la universidad. No iba en la misma línea, es cierto, pero ¿cuántas veces me he paseado por esas estaciones sin prestar atención? Hubiese sido fantástico conocer al protagonista de 100 años de metro y charlar de forma amena sobre historia.


Los buenos profesores de historia son los que nos siguen dejando huella después de décadas. Aquellas personas que hicieron que tomásemos las carreras universitarias de ciencias sociales o humanidades. La historia es divertida y lo sé gracias a Pilar. Como ahora ya no puedo escuchar su voz en un aula, me pongo los cascos para oír los podcasts sobre la historia de España que me hacen viajar en el tiempo.

Ya te he contado quién fue mi profesora favorita del instituto, ¿quién fue la tuya?

Autor: Laura O. Sánchez

(Comarca do Deza, 1994) Socióloga, feminista e inmigrante en Rumanía que aporrea el teclado de Sen Enderezo desde junio del 2014. Nací una tarde de julio soñando con viajar sola por el mundo. La escritura vino más tarde, en 2º de la ESO, cuando Pilar me dejó mi primer libro feminista y creé mi cuarto propio. Ahí empecé a darle a las teclas. Soy una mujer simple: me gusta el café negro sin azúcar, hablar con retranca gallega a 3.600 km y viajar con una perra.

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