¿Por qué Emily in Paris no es real?

Emily in Paris es una serie que nos cuenta la historia de una joven americana que se muda a Francia sin hablar una palabra de francés. Le ofrecen un puesto de trabajo soñado y no duda en cruzar el charco. Ahí empiezan sus aventuras en el extranjero y cómo se adapta a la oficina y una cultura diferente a la suya. Sin embargo, Emily no tiene nada que ver con lo que realmente significa emigrar.

¿Cómo es vivir en un país donde no hablas la lengua?

Los extranjeros dan pereza. Esto es un hecho. Cuando emigras a un país en el que no hablas la lengua local, no puedes esperar que todo el mundo se adapte a tu lengua materna o el inglés. Sé bien cómo es esta situación, ya que vivo en Rumanía desde hace más de un año y medio.

No sé hablar rumano. Y soy yo la que se tiene que adaptar para aprender el idioma. Es cierto que siempre hay alguien que sabe inglés o que hace el esfuerzo por entenderte, pero la mayoría de las veces te sentirás totalmente perdido porque no entiendes nada y no sabes qué contestar a una simple pregunta. 

Emily solo enseña la parte amable, incluso en la oficina todos hablan en inglés para que se integre. Lo que pasa de verdad es que estás trabajando rodeada de personas que hablan un idioma que no entiendes, te acostumbras a que te digan algo en inglés durante un par de minutos y luego cambien a su lengua materna. Tienes dos opciones: desconectas el oído o haces el esfuerzo para entender.

Tráiler oficial de Emily en Paris

No culpo a los nativos. Recuerdo cuando estaba estudiando en la universidad y teníamos estudiantes de Erasmus en clase. Normalmente solo se llevaban entre ellos, pero hay una explicación para ello:

  • Pocas personas quieren invertir tiempo en hacer un amigo con fecha de caducidad. Tú sabes que ese estudiante estará en tus clases durante un año, después se irá de nuevo a su país y no volveréis a quedar. Cuando sabes esto desde el principio, todo es más complicado.
  • Hace falta mucha fuerza de voluntad para hablar una lengua extranjera. Quizá hables muy bien inglés, pero nunca será tan sencillo como comunicarte en español.

En Emily in Paris todos son amables con la protagonista, excepto en algunas escenas, y la invitan a todos los planes. No importa que su vecino tenga un plan en pareja, también le comentan que se una a la cena y pasen todos a hablar una lengua extranjera. Eso simplemente, no ocurre. Para hacer amigos en el extranjero, incluso en una nueva ciudad, necesitas tiempo y mucha paciencia. 


¿Cómo se conoce a la gente viviendo en el extranjero?

Ya te he explicado que necesitas tiempo para conocer gente. Luego empezarás a quedar con esa persona hasta crear un hábito y, al final, podéis acabar siendo amigos. Un día lo hablaba con una chica española que vive en Bucarest, estaba compartiendo piso con una rumana y tras un año de convivencia y una pandemia: ya hacen planes juntas. Por cierto, esta chica valenciana habla rumano a la perfección.

A Emily todo le sale perfecto. Alguien le habla en la tienda del barrio y ya se convierte en su amiga. Al principio yo lo llevaba mal, estaba en el gimnasio y conocía a una persona. Hablábamos durante todo el entrenamiento, nos caímos bien e intercambiamos los números de teléfono. Mando un mensaje y propongo tomar algo. Y ese plan queda en la nada.

Estamos tan acostumbrados a ver series en las que se hacen amigos en cinco minutos: Sexo en Nueva York, Cómo conocí a vuestra madre, Friends… que luego no sabemos manejar estas situaciones. Todo necesita tiempo y moverse en círculos en los que la gente quiera conocer otras personas. 

Seamos sinceras, ir a trabajar al extranjero no es un camino de rosas:

  • Los adultos hacemos jornadas laborales de 8 horas. Luego vamos al gimnasio, hacemos las compras de la semana, limpiamos los platos y cocinamos varios menús. Dedicarle tiempo a un nuevo ser humano en tu vida, se hace más complicado.
  • Ya no estás estudiando en la universidad en la que estás rodeada de 20 personas durante varias horas al día. La socialización en ese lugar es más sencilla.
  • Tienes poco tiempo a la semana y estás en tu propia ciudad, resulta lógico que no dediques demasiados esfuerzos a un extranjero.

Meterse en un núcleo de amigos ya formado, es muy complicado. Necesitas que alguien te integre y te llame regularmente. Incluso si consigues una pareja en tu nuevo país, no vas a ser invitada a todas sus quedadas con los amigos del instituto o la universidad. Tú eres la extranjera que rompe su rutina, la que provoca que cambien de idioma y la razón por la que no pueden hablar de ciertos temas porque tú no lo vas a entender. Otra cosa es que estés ahí, rodeada de gente pero sola. 

Al final, resulta más sencillo quedar con desconocidos en vez de personas que ya se conocen. Por eso, que Emily sea bienvenida a la cena romántica de sus vecinos o que la inviten a la casa de los padres de ella, cuando se acaban de conocer, no es realista. Está bien que una serie de televisión nos haga reír y Emily lo consigue, pero hace que me sienta como una fracasada si no consigo los mismos resultados que ella y con ese mínimo esfuerzo.

¿Me permites un consejo? Si te has mudado a una ciudad nueva, no pretendas adaptarte a las pocas semanas. No pretendo ser pesimista, simplemente quiero poner los pies en la tierra. Cuando entendí que recibiría diez noes antes de un sí, me empezó a ir mejor. 

O llegarás a la fase de quedar, como lo lograba Emily, pero quizá no pases de la primera fase. ¿Qué significa la primera fase? Explicar quién eres, de qué trabajas, tus aficiones o los lugares en los que has vivido hasta ahora. Una inversión de tiempo, esfuerzo e ilusión que quizá quede en una sola tarde amena en una cafetería. 

Y no volverá a haber una llamada para quedar otra vez. Está bien, no quiere decir que hayas hecho algo mal, solo eres alguien nuevo en la vida de otra persona y alguien que demanda un esfuerzo en tiempo y empatía. Por eso he empezado diciendo que los extranjeros dan pereza.  No todos están dispuestos a pagar ese peaje. 

Las cosas cambian cuando hablas con alguien que sí que ha emigrado. Al conocer a una rumana que trabajó durante años en Reino Unidos o China, veo que entiende bien de lo que le hablo. Consigues que sean más amables contigo, que te echen esa primera mano para que conozcas a sus amigos y te sientas más integrado en el país. Para entender, tienes que vivirlo.


El trabajo es tu mejor amigo

Muchas personas han criticado Emily in Paris por su obsesión con el trabajo. Cuando decides emigrar a otro país sabes que no te vas de vacaciones. Aterrizas en un ambiente de trabajo diferente y tienes que dar lo mejor de ti, tu empleo pasa a ser la prioridad.

No conoces a nadie y tu familia está lejos, parece sensato que los fines de semana se conviertan en entrenamientos para ser más eficiente en la oficina y que solo hables de trabajo. Además, en el caso de Emily, Estados Unidos cuenta con un PIB muy alto, está en el top 10 mundial.

Una de las razones de este porcentaje es lo que significa el trabajo para los americanos. En una reunión con amigos, charlar sobre las tareas que realizas en tu oficina es muy común mientras que en España jamás se toca ese tema. Si estás en una fiesta, la idea es desconectar de la silla del escritorio.

En América es diferente. La vida profesional es un pilar fundamental, les educan para ser máquinas eficientes en la oficina y ascender por méritos propios. Al convertirse en emigrante porque quieres trabajar en tu sector y ser respetado en un puesto, te vas a centrar en esa labor. Tu vida social después de la jornada laboral, pasa a un segundo plano porque no te dan las horas del día. 

No obstante, Emily puede asistir a todo tipo de eventos, comer con sus amigas a diario y ser una crack en todas sus campañas de marketing. Otro día hablaremos de la creación de contenidos en Social Media y el trabajo que realizamos los que nos dedicamos al SEO, que va más de gráficas con keywords que un slogan improvisado.

La emigración también te enseña que estar solo, no es necesariamente malo. Cada vez tengo más claro que cuando eres adulto y vives en el extranjero, los amigos terminan llegando pero son menos que en tu época adolescente y con otro tipo de preocupaciones. 

Muévete en círculos que a priori tengan un interés en común contigo: unas clases de Zumba, un curso de italiano, una quedada con otros extranjeros… Aunque no queramos verlo, la vida se mueve por la ecuación: coste vs beneficio.


Y tú, ¿cuánto tiempo te vas a quedar aquí?

He perdido la cuenta de las veces que escuché esta pregunta. Emigrar a Rumanía siendo española no es común. Soy un ente raro que hace algo tan diferente como tomar la decisión contraria al resto: los rumanos emigran, no reciben inmigrantes. Partes de esa idea fija, que todos piensan que estás de pasada y te irás a tu país de origen. 

Con Emily in Paris admito que me eché unas risas y tuve empatía, a veces me vi reflejada, pero pocas personas le preguntaron cuándo volvería a EE. UU. o por qué eligió ir a Francia. Lo más repetido en mi caso ha sido:

  • Ah, que vives en Bucarest. Entonces te has casado con un rumano, ¿no? Pues no, vine a Bucarest para trabajar en una multinacional.
  • ¿Eres española y vives aquí? Este país no vale nada, ni te esfuerces en hablar rumano. Pues sí, quiero hablar tu idioma porque vivo aquí.
  • Anda, que estudias en la universidad, qué curioso que hagas un Erasmus en Rumanía. Pues no, no soy estudiante, hace años que terminé la universidad.

En otras ocasiones, el taxista te preguntará cuánto cobras y la cajera también cuestionará qué haces en este lugar. Y son preguntas que pueden cabrearte, aunque siguen siendo lógicas si has pasado toda la vida pensando que solo se emigra a Reino Unido o Alemania.

6 consejos para hacer amigos cuando emigras

Olvídate de conocer a tu mejor amigo o futuro marido en la parada del autobús a dos metros del portal de tu casa. No es imposible, pero sí poco probable. Necesitas investigar y acudir a donde sabes que, a primera vista, vas a ser aceptada en el grupo. Quizá ahora haya tomado el teclado la Laura socióloga, pero quiero dejarte los trucos que a mí (después de casi dos años en Rumanía) me están funcionando para hacer amigos:

1. Meet Up

La app de Meet Up te permite quedar con gente que está dispuesta a entender y dedicar tiempo a un desconocido. Y, por muy frío que suene, la ventaja es que puedes aplicar filtros y acercarte al objetivo final: hacer un amigo con el que puedas hablar, no interactuar con un ser humano para charlar del tiempo. Por ejemplo, si te gusta hacer deporte tal vez haya un grupo en tu barrio que quede para echar un partido de fútbol. Vuelve a aparecer la ecuación coste-beneficio, todos nos preguntamos ¿me compensa hacer X para conseguir Y?

2. Tener paciencia e iniciativa

Emigrar es una carrera de fondo llena de obstáculos. Un proceso todavía más duro cuando empiezas una nueva vida en un país en el que no hablas la lengua. Olvídate de lo sencillo que es para Emily in Paris, poco tiene que ver con la verdadera cara de la emigración. Tienes que estar siempre alerta a todas las ocasiones en las que puedes conocer a alguien y ser el primero en dar el paso.

Si en Meet Up no hay un grupo que te guste, crea tú uno y espera a que la gente se una. Marca un evento y esfuérzate en la inscripción, no tienes nada que perder. Es difícil mantener el ánimo y ser el que siempre da, pero un amigo no aparecerá cuando estás tirado en el sofá de casa. A todos nos pasa lo mismo, salimos de la universidad y se hace más difícil hacer amigos. No pierdas la paciencia y acepta que habrá días en los que estarás harto de todo, solo aprende a buscar soluciones.

  • Las tareas más sencillas como abrir una cuenta del banco, comprar una tarjeta del autobús o solicitar una cita médica se vuelven mucho más difíciles en otro país. No hablas la lengua, no entiendes el procedimiento y parece que nadie va a echarte una mano. Pregunta las veces que sean necesarias y no te culpes, no eres estúpido, solo estás haciendo algo nuevo.
  • Cansa responder siempre a lo mismo: quién eres, por qué estás ahí, cuándo te vas a ir del país… Yo ya he dejado de dar explicaciones porque me agota responder, solo soy amable y me quedo en lo superficial. En el caso de que esté hablando con alguien que podría ser mi amigo, ya le iré desgranando esta información sobre mí.
  • Aprende a convivir con los comentarios de tus padres y amigos de siempre: es que estabas aquí mejor, es que deberías pensar en volver, es que tienes que pensar en qué vas a hacer después de esta aventura… Nunca vas a integrarte en el país pensando que estás de paso.

3. Olvídate de tu país

El emigrante tiene el corazón partido. Vives a kilómetros de tu país y sigues las noticias del gobierno o el número de casos de coronavirus. Ya no estás allí, acepta que debes enfocarte y saber que a la mayoría de las personas que te rodean: les da exactamente igual qué pasa en España. Ni es sano comparar todo con tu país: que si la comida aquí es peor, si la gente es seca, que si el clima es más frío… ¡Aterriza!

Céntrate en conocer a gente nueva, no se trata de olvidar a los amigos de siempre, pero no puedes vivir intercambiando mensajes por Whatsapp. Tampoco pretendas que tus novedades sean para ellos un tema interesante, esa persona no vive en el mismo país que tú y no está presente cuando te pasó eso. Habla de lo que haces con tus compañeros de trabajo o las personas que tengas ocasión de conocer en tu nueva ciudad.

Y no seas arrogante, tú no eres nadie para explicarle a los nativos cómo deben vivir o trabajar. Eres tú el que se tiene que adaptar a ellos, por supuesto podrás dar una opinión cuando sea bienvenida.

4. Vive el presente

Intenta no crear expectativas y cíñete a los hechos. Intercambiar unas palabras cuando estás pagando un café no significa que esa persona vaya a ser tu mejor amigo. Los primeros meses en Rumanía, aunque ya viví fuera de España en Chile o Italia, pensaba que si alguien era amable conmigo podría esforzarme para quedar, empezar a hacer más planes y que me presentase a sus amistades. 

No es tan simple y te he explicado los motivos. Para tu salud mental, si algo he aprendido en esta maldita pandemia, es mejor vivir en el presente y no crear grandes planes. Vete paso a paso y disfruta del momento. Si después de conocer a alguien tomas un par de cañas y de repente desaparece de tu vida, pasa a la siguiente persona y deja de lamentarte. Marca metas realistas y no esperes que nadie solucione tus problemas, la única persona que va a hacerlo eres tú. 

5. Haz lo que te gusta

Apaga el teléfono de vez en cuando y desconéctate de internet. Somos seres sociales y necesitamos el contacto humano, lo fácil es poner Netflix y dejar que pasen las horas, pero llegará el punto en el que te digas: vale, estoy trabajando en el extranjero y estoy cansado de estar solo siempre. Dicen que para emigrar hace falta ser valiente, desde luego que sí, pero también hay que serlo para aguantar y esforzarse a diario.

Busca aficiones que te gusten, que te arranquen una sonrisa y hagan que tu día sea mejor. Y si implican a otras personas, será perfecto. A mí me encanta mi trabajo y dedicarle horas de mi sueño y ocio a este blog, pero también disfruto de viajar por Rumanía haciendo rutas de senderismo o tomando una caña con rumanos que he conocido en Meet Up. 

Te he dicho ya muchas veces que necesitas paciencia, pero si ves que no estás bien y que el extranjero no te aporta lo que quieres, puedes volver a tu país o hacer las maletas de nuevo. Ser nómade toda la vida no sirve para todo el mundo, yo soy de las que apuesta por viajar y vivir muchas culturas, pero también quiero desarrollar mi carrera profesional y echar raíces en Bucarest. Piénsalo bien, ni volver es el fracaso ni estás obligado a quedarte. Tú eliges.

¿Por qué Emily in Paris no es real?

6. Aprende el idioma local

No hay excusas. Resulta muy complicado moverte en un país en el que no hablas la lengua. No siempre hay alguien que quiere hablar inglés y atenderte en esta lengua. A diario tengo que hacer un gran esfuerzo para ser independiente en tareas que en España, Reino Unido o Chile eran fáciles porque no tenía la barrera del idioma. Soy como una niña cuando tengo que hablar rumano, no sé manjarme y tengo que confiar en la buena voluntad de la otra persona.

Lo mejor de Rumanía es la gente, porque muchos han trabajado en el extranjero y entienden cómo me siento cuando no soy capaz de contestar. Muchos se fueron a Alemania sin hablar una sola palabra en alemán. No obstante, los rumanos pueden ser su peor enemigo ya que no aprecian el esfuerzo que hago cuando intento comunicarme en su idioma. Trabajo en español e inglés y cuando hablo rumano, me contestan en inglés o un forzado castellano. Para algunos, el rumano es una pérdida de tiempo.

Y no nos engañemos, ser competente en una lengua requiere tiempo y muchas ganas. No basta con Duolingo y ver la televisión rumana, hace unas semanas decidí pagar unas clases particulares con una profesora y quedar con rumanos nativos en Meet Up. Los niños aprenden en un año la lengua cuando están rodeados de ella y 6 horas en el colegio escuchándola, los adultos no tenemos esa habilidad. Es hora de ponerme a estudiar rumano para no vivir en una burbuja.


Emily in Paris, gracias por acompañarme durante varias tardes después de trabajar. Me he reído mucho con la serie y ha sido una buena idea verla mientras vivo en el extranjero. Pero no Emily, tú no existes. Prefiero verte como una ficción en la pantalla que ameniza una larga jornada laboral y ya está. Seguiré teniendo paciencia en el extranjero, procesando mi frustración cuando no entienda este país y proponiendo planes hasta que encuentre a los amigos que decidan quedarse. Emily in Paris no es real y tampoco pasa nada.

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