Viajé a Marruecos sola y sigo viva. Dos años después de una gran experiencia…

Hace dos años, realicé un emocionante viaje. Abrí mi mente y me libré de toda clase de prejuicio. Como regalo de mi veintiún cumpleaños, me dieron unos billetes para Rabat. Viajé sola a Marruecos y estoy entera, es más, quiero volver. No sabía mucho sobre el país, lo que había visto en la televisión y, evidentemente, todo era negativo. Sabía que ese discurso no me representaba, no era posible que un país fuese tan horrible y su gente tan despreciable. Hasta el momento, los únicos marroquíes con los que había hablado, eran mi vecinos. Teníamos más o menos la misma edad y estudiaron en mi instituto. Continúo insistiendo para que me concedan una entrevista, todavía no he tenido éxito. Continue reading “Viajé a Marruecos sola y sigo viva. Dos años después de una gran experiencia…”

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Todo lo que sé sobre viajes baratos. Trucos para ahorrar y viajar; si yo lo hago, cualquiera puede.

Me han hecho esta pregunta millones de veces en los últimos años. Algunos piensan que para viajar hay que tener una cuenta bancaria con cuatro cifras, pero están muy equivocados. Provengo de una familia humilde, obrera, de un pueblo de la provincia de Pontevedra. No nos caracteriza nadar entre millones, no nos falta nada ni tampoco nos sobra. La clave está en saber organizarse y tener claras las prioridades de cada uno. Para mí viajar es imprescindible y mi vicio declarado.

Todos los meses ahorro para poder viajar, montando una ruta de algunas semanas. Tampoco dispongo de todo el tiempo del mundo, hasta el momento he sido estudiante y he tenido trabajos temporales. No tengo cargas familiares, solo tengo que preocuparme por mi bienestar y tengo el privilegio de organizarme como me apetece. Normalmente viajo en verano: Latinoamérica con una mochila (gasté tanto como haber vivido en Chile: 400 euros al mes. Hoy me organizaría de otra manera y gastaría menos). Aunque también en otras épocas del año, como el pasado mes de mayo (total: 200 euros):

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5 cosas erróneas que pensaba antes de ir a Marruecos

Tenía esas ideas de forma inconscientemente. Me considero una persona abierta y que acepta otras formas de pensar, pero era inevitable desconfiar o pensar que podría ser peligroso porque no sabía qué me deparaba ese país. No hay mejor remedio que viajar y experimentar en primera persona que estaba equivocada y dejar de plantearme mal las cosas. Las opiniones son subjetivas, quizás me haya quedado con una imagen sesgada y tuve mucha suerte; no pretendo abrir polémicas, solo quiero dejar mi testimonio basado en mi experiencia.

  • 1. No llevé mi cámara réflex porque me dijeron que era peligroso.

Fue un comentario muy repetido por todos, independientemente si era amigo o familiar. La imagen que se da de Marruecos en España, desgraciadamente, es que te pueden robar a la vuelta de la esquina y más si eres mujer. No hay seguridad y llevar algo de valor es una provocación. Nada más lejos de la realidad. Todas las grades ciudades, con independencia del punto geográfico en el que se encuentren, tienen buenos y malos barrios. Hay que tener sentido común siempre. No hace falta lucir una réflex las 24 horas del día y gritar a los cuatro vientos que eres turista. Tampoco llegar al extremo de no llevarla, utilicé una cámara normal pequeña y no pude sacar fotografías de tanta calidad. La próxima vez pienso llevarla conmigo, es como otra extremidad de mi cuerpo, somos un pack. No tuve ningún susto en Marruecos, de hecho Marrakech tiene mucha presencia policial en las calles porque es muy turístico. Un tópico, nadie me advirtió con la misma intensidad que Madrid podría ser peligroso y cuando vivía allí quisieron robarme cerca de Sol. Continue reading “5 cosas erróneas que pensaba antes de ir a Marruecos”

Fez, perderse por la Medina

Desde Marrakech fueron ocho horas en tren que creo recordar que me costó quince euros, mi asiento estaba en clase turista y sin enumerar. Me senté en un vagón con otros locales, a los cinco minutos estaba hablando con un señor utilizando mucho las manos porque sabía dos palabras en inglés y yo nada de francés. Me pareció simpático y sonreíamos cuando no comprendíamos qué quería decir el otro. En una de las paradas subió una chica joven, con un velo precioso a juego con unos vaqueros y una blusa del estilo Zara. Y la última incorporación fue otra mujer, con la piel más morena, y sus dos hijos pequeños que no hablaba nada de francés, solo árabe. Esta última mujer era la más simpática, no teníamos forma de hablar, pero no fue un impedimento para reírnos y comimos entre todos unas galletas caseras que había hecho ella. Nuestra traductora era la chica joven del velo bonito, sabía un poco de inglés y tenía un móvil con traductor. Una escena que define al viajero, mezclarse con autóctonos aunque no te enteres de nada y confiar en la hospitalidad. No es común que los extranjeros decidan viajar en transporte público y menos que interactúen con ellos.

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No importa que ella hablase sólo árabe y yo no entendiese nada. Un viaje en tren muy entretenido camino a Fez.

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Marrakech; diferentes creencias no significa que no podamos ser amigos

Como bien sabéis, me encontraba en Casablanca y me separaban cuatro horas de tren hasta Marrakech. Creo recordar que pagué cerca de diez euros por el billete. En recepción me explicaron dónde podía coger un taxi porque el servicio de autobuses a las siete de la mañana era escaso. E implicaba gastar dos euros, aunque el taxista intentó dárselas de listo y me pedía más dinero del que realmente era, le dije muy seria que no pensaba darle la cantidad que me estaba pidiendo.

Esperé mi tren y busqué mi vagón. Mi asiento era de turista, no estaba numerado, y compartí el mismo espacio con gente de Marruecos, no turísticas, pude agudizar el oído y escuchar su idioma y ver cómo reían o su ropa. En Marrakech tenía reservado un hostel, a través de la app: hostelworld. Pagas un porcentaje con la tarjeta y el resto en efectivo el día que duermes ahí. En la estación conocí a unas chicas de Londres que iban en la misma dirección que yo, la Medina. Pagamos entre las tres y después nos separamos. La Medina es un laberinto, hace falta vivir ahí para orientarse.

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Medina de Marrakech

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Casablanca: en busca de mi Humphrey Bogart

Mi segundo día en Marruecos lo dediqué a Casablanca. Me desplacé desde Rabat en tren, creo recordar que pagué cerca de tres euros y fue una hora de trayecto. Era la primera vez que estaba completamente sola y empecé a hacer esfuerzos por entender el idioma. La gente habla francés y árabe, no sé decir nada en ambas leguas así que hablaba inglés y usaba mucho las manos si la otra persona no me comprendía.

Lo primero que hice al bajarme del tren fue buscar un hostel o un hostal a precios económicos. Pregunté en varios que estaban cerca de la Medina, pero o no había sitio o no podía quedarme ahí porque era una mujer sola. Esta estupidez solo me lo dijeron en un lugar. Al final encontré un hostal adecuado a mis necesidades, unos 20 euros por una habitación doble. Muy cerca de la zona vieja y donde podía escuchar la llamada a la oración. Dejé la mochila, me duché y empecé a patear la ciudad.

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Medina de Casablanca

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Rabat, la capital marroquí

Si resides en España es muy sencillo ir a Marruecos. Compañías aéreas como Ryanair tienen conexiones entre Madrid y ciudades marroquíes como: Rabat, Fez, Tetuán… a precios muy económicos y accesibles para todos. Conocer otro mundo es posible, puesto que Marruecos me presentó una realidad social que desconocía: otra religión, una cultura distinta a la mía, otro estilo arquitectónico y un idioma que no comprendía.

Sólo estuve seis días en Marruecos, suficiente para darme cuenta de lo muy equivocada que estaba. Yo no lo sabía, pero sí pensaba cosas que no se correspondían con la realidad, solo repetía lo que me habían vomitado desde que tengo uso de razón. Decidí comprar, como regalo de cumpleaños, un billete de avión Madrid-Rabat con Ryanair que no superó los 40 euros (ida y vuelta).

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Mi primer sello africano. Diez de septiembre del 2015.

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Marruecos, mi primer contacto con África

En septiembre del 2015 me embarqué en una gran aventura: un viaje a ´´otro mundo´´. Decidí autoregalarme algo especial por mi cumpleaños número veintiuno, era evidente que mis planes incluían una mochila. Siempre había soñado con poner mis pies en África y ver sus impresionantes amaneceres que tantas veces hemos visto en el cine. África tiene algo que engancha y enamora. Elegí Marruecos, mi primer contacto un país cuya religión mayoritaria es la musulmana.

Al principio le propuse a varias de mis amistades que viniesen conmigo e incluso a mi madre; nadie se animó. Lo cual no me desanimó, solo hizo que en mi cabeza cobrase fuerza la idea de viajar sola. Fue exactamente lo que hice: seis días perdida por Marruecos. Suficientes para quitarme la venda de los ojos y ser consciente de muchos de los prejuicios que escuchamos todos los días respecto a este país y sus vecinos próximos. Un pensamiento etnocéntrico que ha hecho que no valoremos la belleza, riqueza o la humildad de las personas que viven debajo del Estrecho de Gibraltar.

Una mujer, de solo veintiún años, parecía una locura y una invitación al suicidio. Pues aquí estoy, sana y salva. Me encantaría que mi testimonio sirviese para derribar barreras culturales y animase a otras personas a vivir una experiencia parecida, enriquecedora en muchos aspectos.