Las mujeres (NO) somos DE…

Mi profesora de portugués es brasileña. Un día nos contaba lo caótico que resultaba realizar cualquier trámite burocrático en nuestro país. Tenía problemas con algo tan elemental como sus apellidos, porque su primer apellido corresponde al de su madre; es decir, en Brasil se sigue un orden matrilineal. Lxs hijxs heredan en primer lugar el apellido de la madre y no el del padre como ocurre en muchos países.

Maravillo, ¡el progreso ha llegado! Fue lo que pensé en ese momento, aunque rápidamente cambié de opinión, jamás utilizan el primer apellido para designar a alguien. No importa el orden, si automáticamente se utiliza el nombre que ha sido heredado del padre, o lo que es lo mismo, se mantiene el orden patrilineal. Otra vez más, queda en evidencia que hablar de igualdad de género en los papeles, no implica que sea un hecho en la vida real. Alguno se habrá puesto nervioso, pero tranquilos, en la mayoría de los países sigue siendo prioritario el apellido paterno. El patriarcado funciona, todavía.

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Porto, Portugal

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Somos el grito de las que ya no tienen voz

Ayer fui a otra concentración contra la violencia machista en Compostela. Año nuevo (2017), aunque continuamos con el mismo escenario: otra mujer es asesinada por su pareja, esta vez en Carballiño (Ourense). Los vecinos dirán a los medios que era un buen hombre, que no tenía mala pinta, que jamás escucharon quejas y que están tristes al conocer la mala noticia. Todos sabemos que los trapos sucios, se lavan en casa. ¿Hasta cuándo los secretos de familia van a ocultar violaciones y otras agresiones contra las mujeres? Los discursos vacíos no sirven para nada, pocos son los mecanismos reales que permiten intervenir en el ámbito doméstico-privado. Es cosa suya, que se maten entre ellos. Si alguna mujer denuncia, primero se enfrenta a un tribunal y un infierno burocrático, después se da cuenta de que las leyes son insuficientes y que no está segura en ninguna parte. Sólo hay miradas acusadoras. Y desgraciadamente, en numerosas ocasiones encontramos los cuerpos de las que no han sobrevivido al terrorismo machista. La doble moral. La hipocresía del supuesto progreso.

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