¿Cuántas veces me han hospedado en couchsurfing?

He intentado hacer la cuenta y lo cierto es que he viajado mucho gracias a couchsurfing. Tres años, once países y dos continentes. Esta web me ha brindado la oportunidad de compartir tiempo con personas que probablemente no hubiese conocido de otro modo. Y sí, el patriarcado está presente. La mayoría de personas que me han alojado, son hombres. A nosotras nos dicen desde pequeñas que no podemos salir solas a la calle y viajar sin compañía, es pedir a gritos que nos maten. Claro, muy lógico (sarcasmo on), victimizar a las mujeres que intentan sobrevivir en esta sociedad desigual. ¿No será mejor enseñar a los hombres que sean eso, hombres?

Lo que digo siempre: podemos viajar solas, hay que dar ese paso y demostrar en qué hay que centrarse. Queremos ser libres y no valientes. Intentemos cambiar las cosas, incluso en el mundo del couchsurfing. Viajamos solas porque nos da la gana, punto. La gente sigue diciendo que estoy loca, que aceptar quedar en la casa de un desconocido es una temeridad. Al igual que abrirle las puertas de mi piso a vete tú a saber quién. Seguro que es un ladrón, te viola o te ahoga con la almohada mientras duermes. Otra vez lo mismo: la mujer tiene la culpa de cuanta desgracia pueda pasarle. ¡Basta!

No me lío más. Aquí dejo mi lista de personas que me han apadrinado en su casa.

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Países en los que he puesto mis pies…

Tres continentes: Europa, América del Sur y África.
20 países en total (dos Estados no reconocidos, pero con pueblo soberano). Toda la información a continuación.
 
Ser mujer y querer viajar con la mochila, no es una locura. Por supuesto que podemos viajar solas y sin un presupuesto millonario. Si yo lo hago, otras pueden.

 

 

Europa

Normalmente cometemos el error de meter todos los países europeos en el mismo saco, sin ser conscientes de las múltiples diferencias que existen entre ellos. Nada tiene que ver el Este de Europa con la zona del Mediterráneo, desde su historia a su gente. Ahí está lo interesante, la cercanía de estos territorios y al mismo tiempo la lejanía porque algunas veces mismo parecen antagónicos.

Hasta el momento he viajado un poco por el antiguo bloque soviético, los países del sur y algunos clásicos como Reino Unido. Me queda mucho por conocer, pero sé que Ryanair me ayudará en esta labor.

A continuación dejo los enlaces a los apartados de esta sección:

Transnistria, un viaje en el tiempo

En los últimos años he tenido la oportunidad de poner mis pies en nada más y nada menos que 16 países. Pero puedo asegurar que jamás me había planteado la posibilidad de viajar en el tiempo. Regresé a antes de la Caída del Muro de Berlín (1989), en el mes de mayo cuando pasé la frontera Moldavia-Transnistria y llegué a Tiraspol. Era como si el tiempo se hubiese detenido, los nombres de las calles honraban a líderes comunistas y los edificios del gobierno estaban presididos por bustos de Lenin. Definitivamente me encontraba en el único pedazo de la URSS que se conserva en Europa.

Transnistria es un destino obligatorio para los amantes de la historia y viajeros curiosos; rompe con los itinerarios de las rutas turísticas. No aparece como uno de los destinos a tener en cuenta cuando escribes en google: ´´qué ver en Europa´´. Era lo que me resultaba más atractivo, ser una de las pocas españolas que había tenido la idea de visitar Tiraspol. Continue reading “Transnistria, un viaje en el tiempo”

Chisinau, la capital de Moldavia

Como era de esperar, tampoco sabía nada sobre Chisinau. Era la capital de Moldavia, aquel país que me estaba sorprendiendo con pequeños detalles y que había prejuzgado antes de poner mis pies ahí. Desde luego, aquel país tenía una larga agenda política y debía solucionar numerosos problemas sociales y económicos. Sin embargo, su gente me estaba mostrando una gran calidad humana. Tener poco no implica dar poco. Marina y su familia me lo había demostrado unas horas antes de subir a ese autobús con destino a Chisinau: .

Me esperaban dos horas de trayecto por carreteras llenas de baches y tramos incluso de tierra, lo cual no impidió que me echase una cabezada porque ciertamente estaba agotada. Ningún otro pasajero era turista, mucho menos español y menos todavía gallego. El conductor me sonreía y me señalaba edificios que iban apareciendo en la ruta y algunas montañas lejanas, imagino que me estaría haciendo de ´´guía turístico´´. Marina le había dicho que me avisase al llegar a la estación de Chisinau. Continue reading “Chisinau, la capital de Moldavia”

Ungheni, conociendo una familia de Moldavia

Estaba de camino a Chisinau, junto a mi recién amigo Tudor: Mi llegada a Moldavia desde Brasov. No tenía forma de comunicarme con él, ni un solo idioma en común, pero al final conseguimos tener una conversación. Me ayudó con la mochila cuando llegó nuestro autobús. Estábamos a punto de subir y una rueda se rompió, tuvieron que cambiarla cuatro hombres que hablaban una lengua que no entendía, Tudor me aclaró que era ruso. Hasta ese momento no me había dado cuenta de la gran influencia de Rusia sobre Moldavia después de décadas en la Unión Soviética, me encantaba la idea de irme a un país donde nadie hablaría mi mismo idioma aunque después no me entendiesen. Hicimos una fila para pagar los billetes de autobús (70 lei) y que revisasen nuestros pasaportes. El conductor me hizo algunas preguntas, primero en ruso y después en rumano. Tudor respondió por mí, definitivamente él sería mi traductor.

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Marina, mi amiga moldava

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Mi llegada a Moldavia desde Brasov

Ya lo había adelantado, mi llegada a Moldavia fue una de las cosas más surrealistas que me pasaron en mi viaje. Después del mal entendido con mi host de Brasov, salí de su casa con mi mochila y todas mis cosas: Brasov. Caminé hasta la estación de tren, lugar donde sabía que tendría wifi. Allí me informé bien de la hora a la que saldría mi autobús y el lugar, el mismo del que había salido mi autobús para Bran. Era medio día, tenía que esperar hasta las 21:00.

Aproveché para pasear, comer de supermercado, escribir y leer. A las seis de la tarde comencé a caminar hasta la estación de autobuses, no estaba precisamente cerca del centro pero no quería pagar el autobús y mucho menos un taxi. A las 19:30 llegué, caminaba más lento con el peso de la mochila y no tenía claro dónde estaba. Por el camino pregunté a varias personas, quienes no entendían inglés, pero hicieron el esfuerzo de entenderme y ayudarme en todo lo que pudieron. Lo importante es que había llegado.

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Moldavia, otro desconocido de Europa

¿Qué conoces de Moldavia? 1, 2, 3 responde otra vez. La primera que no sabía nada o casi nada de este país era yo. Sin embargo, cuando no tienes grandes exceptivas en un lugar o simplemente no tienes ideas preconcebidas, te sorprenden. La gente que conocí en Moldavia me la llevaré conmigo siempre, personas humildes que hicieron un gran esfuerzo por entenderme cuando ni siquiera hablaban mi idioma o inglés.

En Moldavia se hizo la magia, conocer a autóctonos en medio de la calle y conocer un poco más de su cultura. Comí con una humilde familia de origen ruso, hablé durante diez horas en un autobús pero sin utilizar ningún idioma y estuve en una antigua fábrica que conversaba el aspecto de la antigua URSS.

Si quieres leer más:

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Europa del Este

No conozco gran parte de Europa, a pesar de haber nacido en España. Es extraño pero sí, he estado en más países de Latinoamérica que de esta parte del mundo. Mi primer contacto con Europa del Este, fue Rumanía. Gracias a un barato billete de avión puse mis pies en un país del que no sabía absolutamente nada. Y una vez allí también estuve en Moldavia y Transnistria.

Realmente poco sabemos en España sobre Europa del Este, por supuesto depende de la persona, pero en líneas generales la primera idea que nos viene a la cabeza es la URSS, las bebidas alcohólicas fuertes y los reducidos precios.

Me gustó mucho viajar por ahí, quitarme una gran venda en los ojos que no sabía ni que tenía y aprender muchas cosas. Una de las lecciones más valiosas es que a veces aunque no se hable el mismo idioma, hay otras formas de comunicarse.