Antonio, una historia de emigración. Entre Barakaldo y Xermade

Con este artículo termino de hablar de los vecinos de Xermade. Debo mencionar a Antonio. Un hombre que me enterneció con su cercanía al hablar y su vitalidad. Tenía noventa años y llevaba cuarenta y dos sin su pierna izquierda, tuvo que someterse a una operación debido a las duras condiciones laborales con las que trabajaba y, finalmente, se la amputaron. Aprendió a andar y defenderse con muletas, no dejó de trabajar y luchó por su numerosa familia. Nuestra visita, le alegró mucho, ya que además del equipo de antropología fue una vasca. Antonio nos contó historias de la emigración, sus padres y hermanos marcharon para los altos hornos de Barakaldo. En Xermade no había futuro y la juventud se buscaba la vida fuera. La despoblación de la comarca, es un hecho, nosotros dormíamos en la escuela pública y vimos las listas de alumnos: menos de 70 niños en total (preescolar y primaria).

Antonio quedó en Xermade porque su esposa no quería dejar su hogar, aquella mujer que actualmente tiene 89 años, quiso quedar y pelear. Todos sus partos fueron en casa, con la ayuda de una vecina que hacía el papel de comadrona o sola. Jamás se quejó de nada, solo miró hacia delante. La verdad es que he tenido pocas oportunidades para hablar con personas tan mayores como este matrimonio, una lástima porque son un libro de Historia. En sus memorias, aparecen capítulos de Historia. Vivieron la República, el Franquismo, la Transición y el actual régimen. Son un pozo de conocimiento popular, que por desgracia, serán desaprovechados si nadie se molesta en recolectar sus historias. 

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Antonio, vestido con camisa y tirantes, nos explica cómo era el trabajo de cesteiro y nos muestra su creación.

A mí me impresionaron sus anécdotas y la fuerza con las que las contaban. Antonio, a pesar de la sordera de un oído, hablaba más. Aquel hombre que vestía camisa y tirantes, trabajó como cesteiro, minero del hierro, albañil, mecánico… toda la vida trabajando. De hecho, se ganó la fama de trabajador y jamás le faltó un empleo aunque sí el dinero. Decía que era pobre, pero que todo lo que había conseguido había sido a base de dejarse la espalda y que no le debía nada a nadie. No sé si solo estuvimos una hora en su casa, poco tiempo y a la vez suficiente para emocionarme. Antonio es uno de esos hombres que vivieron una época difícil, sin libertad ni prosperidad, pero que pelearon para vivir con dignidad.

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Lousada. Caminando en busca de una antigua choza para los pastores. Antonio también la recordaba.
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