Otro ingeniero buscándose la vida por Europa…

En septiembre, quedó en casa un couchsurfing de Sevilla. Era uno de esos jóvenes, que con el título bajo el brazo, se fueron de España en busca de un futuro laboral que aquí se le negaba sistemáticamente. Antonio, pasó cuatro años en Noruega. Este ingeniero mecánico empezó desde abajo, primero una pequeña estancia en Reino Unido para practicar inglés y después directo al país nórdico. Su primer empleo fue en la hostelería, todo un clásico, y fue ascendiendo. Pasados dos años, con un absoluto dominio del inglés y un buen nivel de noruego, pudo dar comienzo a su trayectoria profesional como ingeniero.

Desde el 2008, millones de universitarios (unos 300.000 según el INE, desde el 2008 al 2011) se han ido de España. Debemos tener en cuenta que el número es mayor, no todos se registran y estamos en 2017 sin que el panorama cambie. Entre esos exiliados, está mi hermano mayor al que le mando un abrazo hasta Edimburgo. No solo se van los universitarios, sino la gente con estudios secundarios, ciclos, FP… personas con ganas de emprender su vida adulta.

Jóvenes preparados, con idiomas y, sobre todo, ganas de trabajar se exiliaron en el norte de Europa para trabajar con dignidad. Y hoy hay más retornados, inmigrantes en España, que regresan a su país de origen como es el caso de los ecuatorianos. Mi generación, 1994, está atrapada en la precariedad. Los otros países europeos tampoco aseguran condiciones laborales dignas para todos sus trabajadores, especialmente con los emigrantes. Este colectivo es el último de la cola.

Antonio se pasó horas hablando conmigo sobre este crudo panorama. Y aseguró, como es obvio, que Noruega tampoco es la tierra prometida. Todos son bilingües, pero desde luego es obligatorio aprender el idioma nacional: el noruego. No se parece en nada al español o al inglés. Después, hay que hacerse merecedor de ese puesto de trabajo y luchar contra los autóctonos.

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Cenando con Antonio, el que está más cerca de la puerta, y unos amigos. Couchsurfing da la oportunidad de conocer a gente muy interesante.

Emigrar, en realidad exiliarse porque se expulsa a estos jóvenes, no es irse de viaje o un año de Erasmus. En un intercambio de estudios, el estudiante tiene garantías de su éxito. Sabe dónde va a vivir, cómo serán sus clases y qué será de su vida en ese país. Cuando eres exiliado, no hay nada asegurado y todo depende de uno. Y no es solo un drama de los jóvenes, sino para muchas familia que se han ido de España con una mano delante y otra detrás. En Europa estábamos acostumbrados a ver latinoamericanos en esta situación, por ejemplo argentinos tras el corralito. Sin embargo, somos nosotros ahora los que estamos en estas circunstancias y vamos a Latinoamérica. Y para Galiza, este cuento no es nuevo porque llevamos así desde el Siglo XIX. Saludos a mi familia de Suiza, Argentina, Alemania y Estados Unidos.

Como comentaba anteriormente, el norte de Europa a menudo se pone como modelo de desarrollo a seguir. Da envidia ver su índice de fracaso escolar, que es tan bajo que roza lo ridículo. Su calidad sanitaria, todos los derechos de los trabajadores y el trabajo eficiente de los sindicatos, su limpieza en las calles… Muchas cosas que España debería copia. No todo lo que reluce es oro y así me lo hizo ver Antonio.

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El drama de mi generación

Hay una serie de cuestiones controvertidas que se ocultan continuamente en Noruega y los medios de comunicación europeos. Como pueden ser los problemas con el alcohol y las drogas. Es un verdadero problema, en el país viven un elevado número de adictos a la heroína. Al igual que alcohólicos. Esto jamás aparece en la televisión, o lo hace tímidamente. Las causas son múltiples, pero no podemos caer en tópicos: muchos de ellos no provienen de núcleos familiares complicados. Ahí está el dilema, estudiar qué ocurre para que terminen en ese agujero. Tampoco se debe a las pocas horas de luz, aunque es uno de los múltiples factores que influye en ello.

Para este sevillano, su experiencia noruega ha sido maravillosa. Un reto personal y una carrera de fondo, trabajando constantemente para prosperar e integrarse plenamente en el país de acogida. Esas tierras le dieron una oportunidad, confiaron en él y sus capacidades. En España, no apostaron por él y lo mejor que le ofrecían era un contrato de becario sin ninguna estabilidad económica. Una vergüenza.

Su paso por Noruega llega a su fin, tiene otros planes. Ha pedido un visado a Australia y va a probar suerte allá. Estoy convencida de que le irá bien. Tiene un mundo nuevo que descubrir en ese continente, al otro lado del mundo y lejos de su ciudad, amigos y familia.

 

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