Lo mejor de Rumanía es la gente

Cuatro meses viviendo en Rumanía. No es mi primera vez en el país, pero es ahora cuando me doy cuenta de que lo mejor es la gente de aquí. Viajar elimina cualquier tipo de prejuicio.

Dijeron que estaba loca cuando dije que me iba a Rumanía. Un día llegó una oferta laboral que no pude rechazar. No quise admitirlo en aquel momento, pero claro que tenía prejuicios en mi cabeza. Estaba covencida de que sería una gran aventura, no me equivoqué.

Amigas en una cola…

Llegué a Barajas por la tarde, tocaba esperar hasta las nueve de la noche. Saqué los bocadillos de la mochila y el agua, terminé todo y facturé la maleta. No podía creer que unas horas más tarde estaría en un avión camino a Rumanía, viajé sola a este país hace tres años pero de turismo. En España no tenía trabajo fijo, no había nada que pensar. Me coloqué en la puerta de embarque y empecé a hablar con una pasajera, vio que llevaba un abrigo y me preguntó si hacía frío en Craiova.

Su español era perfecto y con acento madrileño. Ahora me parece ridículo, pues claro que hablaba bien español. Aquella mujer rumana de unos cuarenta años llevaba media vida en España, emigró a finales de los noventa desde un pueblo de Oltenia. Iba a visitar a sus padres, me contó que muchas veces le ofreció vivir en España pero nunca quisieron dejar su casa. Ella se había casado con un español, tenía hijos y un trabajo. Y no, no trabajaba en el servicio doméstico sino en el mundo de la distribución. No recuerdo su nombre pero sí la cara de sorpresa cuando le dije que iba a trabajar en Rumanía.

Un señor esperando en una parada de autobús. Fotografía de Sandra Salmerón, una catalana que vive en Baia Mare y tiene tan buen ojo tanto para la cámara como los lápices

Me deseó toda la suerte del mundo, dijo que era joven y podía intentar todo lo que quisiese. Justo lo que necesitaba oír. Y nos despedimos cuando se sentó en su asiento. Eso solo fue el principio, aquí la gente es así. Cualquier rumano tiene un familiar que ha emigrado o continúa en el extranjero, comprenden qué es estar lejos de los tuyos y brindan su ayuda. Hacen que me sienta en casa, aquí la regla es vivir en comunidad y no de espaldas al vecino.

Algunos dirán que exagero o generaliza, tal vez haya tenido buena suerte. Claro que hay personas con las que no me relaciono, tenemos ideas completamente diferentes o el idioma es una barrera pero tengo la capacidad de centrarme en lo positivo.

La mujer del avión solo era la primera.


Todos quieren hablar inglés

Uno de mis temores era el idioma. Nunca he sido una gran estudiante de inglés, aprendí después del instituto porque me encanta viajar y quería relacionarme con locales. Con el tiempo aprendí a defenderme y comunicarme correctamente (no soy nativa, evidentemente). De hecho, trabajo en inglés.

No nos olvidemos de algo importante, Rumanía no es Reino Unido. Cuando vine la primera vez no reparé en las similitudes del rumano y el español, son lenguas latinas y por lo tanto hermanas. Llegué aquí con mi mentalidad europea y solo me comunicaba en inglés, aunque a veces no era posible narré el día que intenté llegar a Moldavia.

Fotografía de Sandra Salmerón, que con solo 19 años dejó Cataluña e hizo las maletas para Rumanía. Participa en un proyecto de cooperación internacional en Baia Mare

En Craiova, la gente joven habla inglés. Aprenden español en las telenovelas latinoamericanas de la sobremesa. Comparten palabras y expresiones con el turco. Cuando celebran charlas en los institutos sobre orientación laboral o consejos para elegir los estudios universitarios, siempre recomiendan estudiar idiomas. Vivo con italianos y se pueden comunicar con cualquiera, lo raro es encontrar a alguien que no haya emigrado a Italia durante los años noventa y principios del dosmil. Suelo ir a la biblioteca, no tengo escritorio en casa, y los libros de inglés o español están sobre la mesa.

Trabajo con adolescentes de diferentes centros. La mayoría habla muy bien inglés, sus padres repiten hasta la saciedad que deben saber idiomas y emigrar. Todos disfrutan hablando conmigo y mis compañeros, no siempre tienen la oportunidad de practicar inglés. También celebramos festivales u organizamos actividades en el centro de la ciudad, cuando me presento empiezo con mi básico rumano y termino en inglés, español o italiano. No es raro que un padre de cuarenta años diga que ha vivido diez en Irlanda, Países Bajos, Alemania…

A veces es complicado hablar rumano. Nadie entiende que tenga interés por aprender las palabras más sencillas y defenderme en el supermercado. Al final terminamos hablando en inglés. En conclusión, aquí el idioma jamás será una barrera.


Rumanos y gallegos, emigrantes todos

Resulta imposible describir un rumano y olvidarse de la emigración. Al igual que ninguna persona sensata pensaría en un gallego sin mencionar las maletas. Lo he mencionado muchas veces, no veo verdaderas diferencias entre nosotros. Rumanía es un país formado por diferentes grupos étnicos: húngaros, judíos, gitanos, alemanes… y la emigración sempre ha estado presenta por motivos religiosos o económicos.

El boom se dio después del régimen de Ceaușescu, las opciones más populares fueron Italia y España por las similitudes lingüísticas y culturales. No es un hecho cualquiera, dejar tu hogar es algo que siempre marca el carácter. Una de las regiones más afectadas por la emigración es Maramureș.

Caras de Baia Mare. Fotografía de la catalana Sandra Salmerón

Todas las guías de turismo coinciden en que Maramureș es la región más auténtica de toda Rumanía. En el borde fronterizo con Ucrania y rodeada de montañas. Tradiciones que han sido conservadas, incluso después de la despoblación que causó la instralización de las ciudades y el olvido del campo. Primero sus habitantes emigraron a Cluj y otras capitales, para luego irse más lejos y empezar el peregrinaje por Europa.

Hoy, las construcciones tradicionales conviven con las casas inspiradas en las viviendas de Alemania, España o Italia. A cualquier gallego le sonará caminar por A Guarda y ver las casas de los emigrados a Cuba o Argentina, con colores llamativos y azulejos importados, pues en esta región rumana ocurre lo mismo.

En los noventa se iban los hombres y padres de familia pero ahora lo hacen todos indistintamente, ha cambiado el perfil y los rumanos emigrantes son más jóvenes y con estudios secundarios o universitarios. Trabajan duro, ahorran y construyen su casa. Vuelven durante las vacaciones de verano y seguro que con historias de triunfadores, como las que oías en la taberna de la aldea. Tanto antes como ahora, nadie quiere admitir que a veces la emigración oculta historias de fracaso.

Burak es uno de mis nuevos amigos de Turquía. Casi no habla inglés, pero se esfuerza por expresarse sin palabras y ha mejorado mucho en los últimos meses. Esta pareja es de Timisoara

¿Cómo no íbamos a entendernos? Para mí existe un código entre pueblos emigrantes, no importa el lugar de nacimiento cuando compartes una historia común. Moverte en otro idioma, trabajar lejos de tu familia, demostrar que eres más que un extranjero… Gracias Rumanía, has eliminado muchos prejuicios de mi cabeza.


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