Brasov

Al llegar de Bran, me despedí de Mao y aproveché para conocer bien la ciudad de Brasov. Comenzó a llover a mares y me refugié en un bar, tomando un café mientras escuchaba la lluvia al otro lado del cristal. Cuando paró, una hora después, salí a la calle y disfruté con la cámara porque todo estaba más bonito. Los edificios se reflejaban en los charcos y ya no había tanta gente en la calle. Después me fui a la casa de mi couchsurfing, caminando.

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Conversé un rato con mi couchsurfing y luego caí rendida en el sofá. Estaba cansada y dormí hasta tarde, a las doce desayuné con mi couchsurfing y hubo un momento incómodo, cuando intentó insinuarme que le interesaba algo más que hablar conmigo. ¿Pero qué le pasaba a los host de Rumanía?

Repito que ser una mujer joven viajera, no implica que me vaya a meter en la cama con todos los que aparezcan en mi camino. Viajar sola no es una invitación a nada, estoy cansada de que no sea evidente. Intenté actuar con normalidad, agarré el teléfono con una mano y empecé a hablar de mi familia y amigos. Por supuesto, estaba asustada. Me encontraba sola en la casa de un desconocido, en otro país y acorralada en una cocina. Cuando le dije en un perfecto inglés: ni se te ocurra tocarme que no quiero nada contigo (obvio no usé estas palabras, no lo recuerdo, solo intentaba no ponerme nerviosa ni mostrar el miedo que tenía). Incluso recurrí al clásico: tengo pareja. No insistió más y dijo que yo le había mando señales confusas, posiblemente porque no sabía hablar bien inglés. NO ES NO, aquí, en Rumanía y en Marte. Estamos hartas de que nos culpen de provocar violaciones o nuestros propios asesinatos. Patriarcado, me das asco. Y mi host, era un hijo del patriarcado. En cuanto terminé mi tostada, recogí mis cosas y me fui. Admito que estas líneas me han costado.

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Mi siguiente parada de Chisinau, Moldavia. Había mirado los horarios de los autobuses y decidí irme a las nueve de la noche porque así llegaría por la mañana a primera hora. Pasé todo el día con la mochila por ahí, caminando por calles en las que no había estado y tumbada en un banco de un parque. Pero lo mejor estaba por llegar, mi odisea para llegar al país vecino y del mismo modo lo divertido y surrealista que fue. Pero si quieres leer más, adelante, dale al siguiente enlace. Continuamos con la aventura, que no se torcerá aunque aparezcan personas que preferiría simplemente ignorar.

Un país desconocido: Rumanía

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