Aljezur y Odeceixe; dormir en un Parque Natural

Continuábamos en nuestra ruta por Portugal, concretamente Mara y yo estábamos en Lagos. Teníamos pocos días, por lo que conseguir un coche haciendo autostop para que nos llevase hasta Aljezur: misión imposible, o casi. Decidimos ir a la estación de autobuses y al azar compramos un billete, no conocíamos el destino, solo que estaba más al norte: Bordeira. Nos equivocamos por completo, ahí no había nada de interés.

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Mara caminando por Aljezur

Empezamos a caminar por la ruta, dirección Aljezur. En aquel momento no se nos pasó por la cabeza que eran casi 17 kilómetros y a pleno sol del medio ida. Como campeonas echamos las mochilas a la espalda y llegamos a nuestro destino. Fue un gran esfuerzo, completamente agotador caminar con aquel peso y el calor.

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De camino… 

Pasemos por Aljezur, un pueblo con zona vieja y cuestas que llevaban a otra parte del municipio, donde las vistas eran muy interesantes. Lo más importante era el Parque Natural: Praia da Amoreira. Mara y yo, después de comer volvimos a coger las mochilas y fuimos para la playa. No era posible ir en autobús, solo podían pasar coches privados. Fue el día más duro, estábamos agotadas y aquellos seis últimos kilómetros nos destrozaron los pies.

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Laura después de caminar 20 kilómetros

La recompensa fue grande, la desembocadura de un río y una playa virgen donde solo se veía un bar. Llegamos a la hora en la que todos se iban, nuestra idea era echar la tienda de campaña y dormir allí. No parecía una mala idea: una noche bajo las estrellas y un entorno privilegiado, mejor que un hotel. Al final no fue necesario montar la carpa, echamos los sacos de dormir bajo un toldo. Vimos una hermosa puesta de sol y después hablamos un rato que nos preguntaron si era posible acampar, les dije que en teoría no, pero que teniendo sentido común sí podían hacerlo. No se puede destrozar un espacio natural, hacer un fuego o dejar basura. Nosotras no hicimos nada de eso.

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Praia da Amoreira

Por la mañana, recogimos nuestras cosas y emprendimos el camino de vuelta. Salimos a la ruta, cinco kilómetros a patas, y decidimos hacer autostop. Mara se sentó y colocó bien sus zapatillas, yo empecé a hacer dedo. Levanté mi brazo y el primer coche que pasó, paró. No me lo podía creer, fue increíble. Desafortunadamente, en el coche solo había sitio para una y pararon porque no vieron a Mara quien estaba sentada. Le di las gracias. Un rato después, se detuvo una furgoneta en la que iba una familia de Alemania. Eran muy amables, ellos iban para la playa pero nos dejaron en el pueblo: Odeceixe, haciendo más kilómetros de los necesarios. Nos merecíamos una buena comida, comimos en un restaurante italiano unas pizzas.

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Odeceixe

Al terminar de comer, salimos del pueblo y fuimos a la ruta que llevaba a Lisboa. Teníamos pocos días y queríamos llegar ya a la capital portuguesa. Sabíamos que conseguir un coche haciendo autostop y que casualmente fuese a Lisboa, era bastante complicado. Por probar no perdíamos nada y los domingo salía un autobús por la tarde, aproximadamente 25 euros. No teníamos un gran presupuesto, descuidaría nuestras cuentas por completo.

Escribimos en un cartón un par de pueblos que estaban a unos kilómetros de ahí, nos parecía más fácil hacer el viaje por tramos y varios coches. A los quince minutos, paró un coche y bajó un portugués de la misma edad que nosotras. Perfecto. Dijo que iba a Lisboa, era sargento y tenía que trabajar el lunes. Estuvo trabajando en Irak, Afganistán y Mali. No podíamos tener más suerte, nos llevó directamente a Lisboa. El trayecto fue digno de una película cómica: conducía fatal (peor que yo, lo cual es difícil), fumaba y seguía con las manos en un volante, hablaba y te miraba a la cara en vez de a la carretera… Intenté mantener la calma, no quería que Mara se pusiese nerviosa, sabía que íbamos a llegar enteras. Mi razonamiento fue ridículo, ella sabía perfectamente que Fabio era un peligro.

Normalmente la gente desconfía del autostop, yo también lo hacía y lo hago porque cuando veo algo raro, me bajo inmediatamente o digo ´´no´´ antes de subir. Fabio confió en nosotras desde el primer momento, después de una hora y media de viaje, paró en una gasolinera y fue al baño. Dejó las llaves en el contacto y la cartera en la guantera, podríamos haber hecho alguna maldad. Me encanta que las personas confíen en otras, aunque no se conozcan. 

Cuando bajamos en Lisboa, en un barrio de las afueras donde vivía él, estaba emocionada y dando saltos de alegría. En primer lugar, habíamos llegado sanas y salvas. En segundo lugar, estábamos en Lisboa que es una ciudad multicultural en la que hay miles de cosas para ver.

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